Negro

Negro

Hace años descubrí una caja
que estaba en mi pecho;
debajo de las costillas,
cerca de mi esqueleto.
Pues ya no era carne
ni tampoco verbo,
solo era una masa oscura
llena de agujeros.

Allí habitaba un líquido negro
que había introducido
un pájaro de mal agüero;
hace muchas lunas,
hace mucho tiempo;
tan aceitoso y pesado
que olía a queroseno.
Y prendía rápido
y se propagaba como el fuego
hasta incendiarme el apetito
y dejarme medio muerto.
Sería carne quemada,
churrasco de un almuerzo,
una minúscula partícula
fuera del espectro.

Y yo temía mi sombra
y le acusaba con estruendo:
“eres inflamable y fogosa
y yo contigo no puedo.
Ya verás si te dejo,
ya verás como peco,
ya verás como me ciego
y me quedo casi tuerto.”

Y entonces bajaré a los infiernos…

Donde están las fosas
y todos los entierros,
donde los cadáveres
y los mausoleos.
Donde están las orcas
que solo escupen fuego.
Donde están las aves
y el perro Cerbero;
donde están Hades
y todos los muertos.

Porque te veo,
te veo a través del espejo,
a través de la ponzoña
y de todo el estiércol.
A través de la basura
y a través de lo mugriento;
pero ya no puedo negarte más,
ya no puedo.
No puedo seguir por la vida
arrastrando tanto peso.

Así que te miro y te perdono;
eres mi hermano negro,
parte de mi cuerpo.
Por eso yo te quiero
y por fin hablar te dejo.

Y el me mira
con esos ojos tiernos
y me habla con sosiego:

“Ya ha acabó todo.
Todo aquel juego
de luces y sombras,
de lo malo y bueno.
Abre tu pecho
y perdónate de nuevo
y abre ya ella esa caja
que está cerca de tu pecho;
llena de colores
y llena de afecto,
y recoge ya todos tus dones
y repártelos por el mundo entero.”

Gracias a Hannah Troupe por la foto.

Los colores de la mirada

Los colores de la mirada

No veo con los ojos,
no veo con la mirada,
pues más allá de la sombra
todo es madrugada.
Colores oscuros en movimiento,
que escapan en desbandada.
No hay cimientos,
solo llamaradas
que se pierden en el ocaso
como una cascada.

Y me concentró en las cuencas
y me aprieto la cara
pues hay una película
que tiene color malva,
y no me dejar ver
ni escuchar la calma.
He perdido todos
los tonos de la mañana.

Y tengo una idea vaga,
un sendero que conecta el alma
tras el enredo de las parcas;
donde florecen los nidos
y la realidad no es opaca,
sino tan bella y esbelta
como el agua clara.

Y decido beber un poco
tras mojar mis palmas
y veo un pez alado
que sale de una charca.
Y hace una asana
y mueve sus alas
mientras asegura
que la tierra es plana.

Y mira al horizonte
y la realidad se imanta,
como un péndulo
que precede al alba;
con todos esos colores
macizos como el plasma
que cubrirán las llagas
que escalan por mi espalda.

Y entro en una sala
de una lejana comarca,
donde están todas las aves
y suntuosas damas.
Y ellas escuchan
mientras me cantan
una canción añeja
que tiene cuatro patas.
Y en mis oídos se ancla
como una nana,
con su luz tenue
y sus escasas palabras.

Y al fin escucho
entre chanzas:

Largo es el camino
de esta caminata;
no desesperes por los pasos
ni por las paradas.
Solo anda y anda
que llegarás a un sitio
color grana
y estarás tranquilo
como en casa;
mientras miras los colores
que pueblan la tierra vasta.

Gracias a Alexa_fotos por la foto

La realidad y los planetas

La realidad y los planetas

El movimiento de los planetas
no es cierto, ni una treta.
Es como un tiro de escopeta
hecho desde una carreta,
que se mueve y se desplaza
por el bramido de sus ruedas.

Pero la miro y no parece escueta;
tiene miles de colores en su paleta,
casi del todo parece completa.
¿Pero eres así de veras?
¿Tan libérrima como una vieja?
¿Tan azarosa como una revuelta?
¿Tan histriónica como la epilepsia?
¿Tan contundente como estrecha?

Pero no te vayas,
le digo un instante, espera.
Pues son tus palabras más que jerga;
son epílogo y a la vez promesa,
de esa que se desea,
de esa que hablan los poetas
cuando por descuido miran las estrellas;
de esa que parece un sollozo
cuando andas a tientas.

No te vayas realidad incierta.
No te escondas ni te hagas espesa;
no te gires, ni desaparezcas…

Porque estás detrás de las letras,
detrás de los conceptos
y detrás de los esquemas,
justo de detrás de los poemas
que hablan de los cometas
y de haces y centellas,
justo detrás de las poleas
que envuelven la realidad
con miles de cuerdas.
Justo detrás del suspiro
que ahora mismo resuena.

Porque estás ahí,
junto con todos los planetas
con todos los astros del cielo
y toda esa cantinela
que se mueve como una rueda
y de algún modo, de una manera,
busca tocar tu seno y tu silueta.

Gracias a lumina_obscura por la foto.

La doncella del infinito

La doncella del infinito

Te veo en los confines de la tierra
más allá de las sombras
donde las verdades son inciertas
y apenas hay zozobra.

No son los ojos los que miran
ni las manos las que tocan,
en todo hay una neblina
que enmudece a la roca.
Y se quedan frías las montañas
y helados los lagos;
pues es inmensa la pestaña
que concibe colores claros,
esos que descomponen los ojos
y allanan la mirada
hasta que se pone roja
y del todo invertebrada.

Y ando por un campo de luces
con caminos apagados
todo cubierto de hules
y de chopos dorados.

Y estás allí en medio, dubitativa,
pensando en las musarañas,
desnuda como el primer día
y rebuscando entre las palabras.

Y hablas con los árboles
y buscas sus respuestas
más allá del ágape
cuando tu piel era morena.

Y extiendes un dedo
con una actitud lisonjera
que hace cosquillas a los cerezos
y a toda la arboleda.

Y la risotada se propaga por la hierba
y por un plano de la estratosfera,
en un mundo donde no hay capas
ni tampoco enredaderas.

¿Buscas, doncella del infinito
una pregunta en medio del átomo,
tan pequeña como una mota
que te conecte con el páramo?

¿Buscas, incandescente doncella,
esa pregunta certera,
que contenga todas las respuestas
debajo de las cortezas?

Mira entonces en medio de la noche,
allí donde se acaba el orden,
donde se acuestan los soles
y enmudece la materia.

Y pregúntate de una y mil formas,
con esa sonrisa tuya traviesa,
qué tiene tanta gracia
y se oculta tras las piedras.

Gracias a cmolens por la foto

El gato mágico

El gato mágico

Hay un gato
cerca de la puerta
que no tiene silueta,
que parece una mofeta,
por su olor a croqueta,
por todas sus rabietas.

Y da vueltas y vueltas
por el porche y la moqueta;
y hace una pirueta,
y enseña las muelas,
y salta por la ventana
para hacer que vuela.

Y se lo llevan los vientos
que vienen de Noruega
hacia una gata fiesta
llena de felicinos y gatuelas.

Y toma la otra puerta
que va hacia las estrellas
y ve su futuro
hace ya décadas.
Cuando era un asceta
en medio de la tormenta
que contenía la respiración
con mucha, mucha fuerza.
Y se puso azul
y luego violeta
hasta tener las manos
dentro de la tierra.
Y volvió a respirar
tras toda esa espera
pasando por el Olimpo
y por el universo azteca.

Y vuelve a lo gatuno
y encuentra su gata coqueta
que baja por una escalera
moviendo su colita
sin prisa y por fuera.

Y es tan risueña
casi como una fresa
y le ofrece leche fresca
y besos en hileras.

Y entonces le pregunta:
¿Por qué no me ves?
¿Por qué no me esperas?
¿A qué tanta impaciencia?
No ves para todo
hay una respuesta
y que mi nariz
no está hueca.

Y ella le contesta
entre lenguas extranjeras:
dame la mano,
gatueco artista
no tengamos tanta prisa
en disfrutar de la brisa.

Porque viene de Siria
y también de Nambia
y sabe a especias
nacidas en el India

Porque sabe a leche materna
y a salsa de pescadilla,
es como una cazuela
que te llena la barriga

Y él se atusa los bigotes
y le saca la lengua
y viven mil aventuras
y quinientas epopeyas.

Gracias a rauschenberger por la foto

El pirata de trapo

El pirata de trapo

A-trapo-do entre abotonados adoquines
soy el vigía del colchón y de la cama,
que lleva un sombrero hecho de calcetines
y unos anteojos graduados de fina lana.

En la terraza veo un mar de balancines
que me hipnotiza a través de la persiana
queriendo saltar este montículo de cojines
como un trapo-cista o como un hombre bala.

Tengo ganas de conquistar lejanos confines,
vencer a trapocientos bandidos de mala fama,
seducir a rubias muñecas a base de rubíes
y disfrazarme de mar-ron hasta la madrugada.

Seré una leyenda con la pistola de balines,
un trapirata bravucón de garfio, palo y pata
que morderá tanto a tiburones como delfines
y morirá a bordo de su incendiada fragata.

Por eso te pido infante que un día me mires
y recojas con tus brazos al reo de las mantas,
volando al viento feroz de tus rápidos patines
hacia el barco mágico que fondea en la terraza.

Gracias a Capri23auto por la foto

El lucero del principio

El lucero del principio

«Bebo de las montañas
y de los ríos,
pero no encuentro forma
en el libre albedrío.»

Está descompuesto
y sin brillo
como un ogro
que se enciende un pitillo
y habla a las sombras
de secretos escondidos.

De esos que vio
cuando estaba dormido,
cuando era un lucero
y no un vampiro.

Y ahora se esconde tras el alba
con ropas de olvido,
para que nadie pueda tocarle
tras ese negro corpiño.
Y deambula por el pasillo
hasta llegar a los jardines
para cantar a los grillos:

“¿Os acordáis cuando éramos
etéreos y volábamos por el destino,
sin forma, ni recuerdos,
solo en un batiburrillo?

¿Cómo un amasijo
lleno conchas
y entero de racimos?

…Pero de pronto la luz se paró
y todo pareció torcido
como un cráter en medio la luna
una tarde de domingo.

Pero ¿qué fue lo nos pasó,
cuándo se inició el martirio?
¿Qué fue lo que separó
la luz de lo ennegrecido?

Antes todo era azul
y resplandeciente como el trigo
y ahora sola hay un agujero
que oscurece el camino.

¿Fueron las sombras
y aquellos ángeles caídos
los que se perdieron
en un silbido,
por la promesa
de un viejo amigo?

Esa que se escuchaba en los salmos
y en los corintios
y que salía de la garganta
como una nota de alivio.

¿Y dónde está el lucero
por qué se quedó dormido,
por qué parece un ogro
que canta como vampiro?

¿Dónde perdió su forma,
dónde perdió su brillo,
dónde está su recuerdo
que ahora luce clandestino?

¿Por qué se escondió
tras los pinos,
en ese último amanecer
del que hablan los grillos?
Ese en que no había niebla
ese en que no había vidrio
y la luz se desparramaba
por todos los sitios…»

Poema de hace unos meses… Gracias a Marys_fotos por la foto

La muralla del cielo

La muralla del cielo

Las murallas del cielo
se abrieron hace tiempo,
hace ya un buen rato
cuando el viento soplaba
para todos los lados.
Hacia diestro y siniestro,
hacia el norte de los claustros,
hacia las brumas de la tierra
cuando solo había un árbol.

Y ahí estaban lloviendo
luces y rayos,
todo un manantial
lleno de guijarros
del que se formaron los astros;
antes del hidrógeno y el helio,
antes de las leyes del abecedario.
Todo un concierto
con la firma del magno,
antes del silencio,
antes de los ábacos,
antes de las conjeturas
de druidas y escribanos.
Antes de las formas,
antes del compendio
de lo que pudo ser y es dado.

Y ahora tras miles de milenios
tras miles de triángulos
veo la muralla
en los reflejos del pasado.

Como en un espectro,
como en un cuadro
repletos de colores
y de muchos trazos;
con una puerta Nubia
con sabor a cilantro
que se despliega por el viento
ante el páramo.

Y ya apenas ando,
solo veo ángeles conversando,
que se dan la mano
y se saludan
como si fueran al trabajo.

Es la puerta del tiempo,
es la muralla de antaño,
que está ante mis ojos
aunque estos estén cerrados.

Porque nunca se ha ido…
Porque nunca me ha abandonado…

Gracias a enriquelopezgarre por la foto

La leyenda de la lechuga

La leyenda de la lechuga

Una lechuga cruzó un lago
de un solo salto
porque quería conocer
los secretos del otro lado;
allí había hormigas,
mosquitos y escarabajos;
pero estaba dolorida
por mucho maltrato,
había escapado de la criba
de un escrupuloso ciudadano
que seleccionaba los ingredientes
con sumo cuidado.
Ella no quería ser comida
como ensalada en plato
rodeada de aderezos
y de arroz en grano.

Así que se escapó lejos
acompañada de un lenguado
y vivieron en el peine
de un trepidante corsario
que surcaba los mares
en su calavérico barco,
y allí juntos, acurrucados
se hizo el amor más extraño
y fueron felices
por un periodo largo,
hasta que el lenguado
cayó enfermo
de tanto extrañar el lago.

Y se despidieron
entre besos y abrazos
y se juraron amor eterno
en el otro lado,
y el se hundió en el agua clara
transformándose en una ballena
de siete octavos.

Y ella no sabía que hacer
ante tanto mal trago,
así que nadó y nadó
infinitos largos
y acompañó a la ballena
en su letargo
hasta que se convirtió
en un alga y un cactus.

Y allí estaba la lechuga
hundida y sobresaltada
en el pantano.
Por eso decidió
cruzar al otro lado.
Para hablar con hormigas,
mosquitos y escarabajos
y plantar en la tierra
sus raíces y tallos.
Y bebió muchos sulfatos
y cantó a los vientos
leyendas de amor y pescado

Un mestizaje de palabros
y una ensalada de fonemas
que dio origen
a este poema estrafalario.

Gracias a 422737 por la foto

La reina de las abejas

La reina de las abejas

Pero era tan coqueta,
tan de otro planeta
que solo con mirarla
se desvanecía su silueta.

Y lucía entre montañas
su rostro de cosecha,
su ajuar de lencería
y también de otras prendas.

Y extendía sus piernas
entre valles y lagos
para decoro de los peces
y de las fieras.

Ella era como la brisa
y como la iglesia
con ese perfume a incienso
que todo lo eleva.

Pero tenía la mirada de fuego,
llena de piedras,
tan calientes y pulidas
como la basfemia

Y ahora…

La lava del Vesubio
que salpicaba Eratrea
recorre tu cuerpo
y tu rizada melena.

Y te toco los pies
con suma sutileza
y me entra la fiebre
de amante y de poeta.

Tú eres los versos candentes
que avivan la realidad incierta,
la llama perdida de Erasmo
que prende la materia.

Eres un tesoro
de grandes riquezas,
con pocas monedas de plata
y ninguna bagatela.

Eres el fruto de la tierra
que se expresa de mañana
y en la madrugada
como un suave néctar;
y se entremezcla en mi tostada
y en mi boca reseca
pues no hay intersecciones
para tus líneas paralelas,
esas que parten de tus piernas
y colorean tus arterias
hasta llenar de fuego
las marismas de tu cadera.

Porque tu conoces los secretos
de la realidad hueca.
Esa que estuvo
antes de nacer la tierra;
cuando paseabas desnuda
en medio de la naturaleza,
con esa figura esbelta
llena de pecas
y de semillas de fresa.
Y te pusiste de cuclillas
y diste una voltereta
para llamar al equinoccio
de las abejas.
Porque eras su símbolo,
su madre reina,
por eso sabes a miel
por eso sabes a jalea
como un dulce lamido
al corazón de la colmena.

Y siguió una explosión
y te hiciste un vestido
de hojas y lentejuelas.
Y besaste el sol
y todas las estrellas
para acariciarlas una a una
hasta llegar a Casiopea.

Y ahora estás en mi cocina
jugando con una magdalena,
jugando con el azúcar
y con la cafetera.
Y las horas se enredan
en tu reloj de cuerda
ese en el que no hay segundero
ni tampoco fechas.
Todo es informe
y todo da vueltas
en esa sonrisa tuya
de la que nacen las abejas.

Gracias a DGlodowska por la foto

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