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Categoría: Poemas místicos

La realidad y los planetas

La realidad y los planetas

El movimiento de los planetas
no es cierto, ni una treta.
Es como un tiro de escopeta
hecho desde una carreta,
que se mueve y se desplaza
por el bramido de sus ruedas.

Pero la miro y no parece escueta;
tiene miles de colores en su paleta,
casi del todo parece completa.
¿Pero eres así de veras?
¿Tan libérrima como una vieja?
¿Tan azarosa como una revuelta?
¿Tan histriónica como la epilepsia?
¿Tan contundente como estrecha?

Pero no te vayas,
le digo un instante, espera.
Pues son tus palabras más que jerga;
son epílogo y a la vez promesa,
de esa que se desea,
de esa que hablan los poetas
cuando por descuido miran las estrellas;
de esa que parece un sollozo
cuando andas a tientas.

No te vayas realidad incierta.
No te escondas ni te hagas espesa;
no te gires, ni desaparezcas…

Porque estás detrás de las letras,
detrás de los conceptos
y detrás de los esquemas,
justo de detrás de los poemas
que hablan de los cometas
y de haces y centellas,
justo detrás de las poleas
que envuelven la realidad
con miles de cuerdas.
Justo detrás del suspiro
que ahora mismo resuena.

Porque estás ahí,
junto con todos los planetas
con todos los astros del cielo
y toda esa cantinela
que se mueve como una rueda
y de algún modo, de una manera,
busca tocar tu seno y tu silueta.

Gracias a lumina_obscura por la foto.

La doncella del infinito

La doncella del infinito

Te veo en los confines de la tierra
más allá de las sombras
donde las verdades son inciertas
y apenas hay zozobra.

No son los ojos los que miran
ni las manos las que tocan,
en todo hay una neblina
que enmudece a la roca.
Y se quedan frías las montañas
y helados los lagos;
pues es inmensa la pestaña
que concibe colores claros,
esos que descomponen los ojos
y allanan la mirada
hasta que se pone roja
y del todo invertebrada.

Y ando por un campo de luces
con caminos apagados
todo cubierto de hules
y de chopos dorados.

Y estás allí en medio, dubitativa,
pensando en las musarañas,
desnuda como el primer día
y rebuscando entre las palabras.

Y hablas con los árboles
y buscas sus respuestas
más allá del ágape
cuando tu piel era morena.

Y extiendes un dedo
con una actitud lisonjera
que hace cosquillas a los cerezos
y a toda la arboleda.

Y la risotada se propaga por la hierba
y por un plano de la estratosfera,
en un mundo donde no hay capas
ni tampoco enredaderas.

¿Buscas, doncella del infinito
una pregunta en medio del átomo,
tan pequeña como una mota
que te conecte con el páramo?

¿Buscas, incandescente doncella,
esa pregunta certera,
que contenga todas las respuestas
debajo de las cortezas?

Mira entonces en medio de la noche,
allí donde se acaba el orden,
donde se acuestan los soles
y enmudece la materia.

Y pregúntate de una y mil formas,
con esa sonrisa tuya traviesa,
qué tiene tanta gracia
y se oculta tras las piedras.

Gracias a cmolens por la foto

El gato mágico

El gato mágico

Hay un gato
cerca de la puerta
que no tiene silueta,
que parece una mofeta,
por su olor a croqueta,
por todas sus rabietas.

Y da vueltas y vueltas
por el porche y la moqueta;
y hace una pirueta,
y enseña las muelas,
y salta por la ventana
para hacer que vuela.

Y se lo llevan los vientos
que vienen de Noruega
hacia una gata fiesta
llena de felicinos y gatuelas.

Y toma la otra puerta
que va hacia las estrellas
y ve su futuro
hace ya décadas.
Cuando era un asceta
en medio de la tormenta
que contenía la respiración
con mucha, mucha fuerza.
Y se puso azul
y luego violeta
hasta tener las manos
dentro de la tierra.
Y volvió a respirar
tras toda esa espera
pasando por el Olimpo
y por el universo azteca.

Y vuelve a lo gatuno
y encuentra su gata coqueta
que baja por una escalera
moviendo su colita
sin prisa y por fuera.

Y es tan risueña
casi como una fresa
y le ofrece leche fresca
y besos en hileras.

Y entonces le pregunta:
¿Por qué no me ves?
¿Por qué no me esperas?
¿A qué tanta impaciencia?
No ves para todo
hay una respuesta
y que mi nariz
no está hueca.

Y ella le contesta
entre lenguas extranjeras:
dame la mano,
gatueco artista
no tengamos tanta prisa
en disfrutar de la brisa.

Porque viene de Siria
y también de Nambia
y sabe a especias
nacidas en el India

Porque sabe a leche materna
y a salsa de pescadilla,
es como una cazuela
que te llena la barriga

Y él se atusa los bigotes
y le saca la lengua
y viven mil aventuras
y quinientas epopeyas.

Gracias a rauschenberger por la foto

El lucero del principio

El lucero del principio

«Bebo de las montañas
y de los ríos,
pero no encuentro forma
en el libre albedrío.»

Está descompuesto
y sin brillo
como un ogro
que se enciende un pitillo
y habla a las sombras
de secretos escondidos.

De esos que vio
cuando estaba dormido,
cuando era un lucero
y no un vampiro.

Y ahora se esconde tras el alba
con ropas de olvido,
para que nadie pueda tocarle
tras ese negro corpiño.
Y deambula por el pasillo
hasta llegar a los jardines
para cantar a los grillos:

“¿Os acordáis cuando éramos
etéreos y volábamos por el destino,
sin forma, ni recuerdos,
solo en un batiburrillo?

¿Cómo un amasijo
lleno conchas
y entero de racimos?

…Pero de pronto la luz se paró
y todo pareció torcido
como un cráter en medio la luna
una tarde de domingo.

Pero ¿qué fue lo nos pasó,
cuándo se inició el martirio?
¿Qué fue lo que separó
la luz de lo ennegrecido?

Antes todo era azul
y resplandeciente como el trigo
y ahora sola hay un agujero
que oscurece el camino.

¿Fueron las sombras
y aquellos ángeles caídos
los que se perdieron
en un silbido,
por la promesa
de un viejo amigo?

Esa que se escuchaba en los salmos
y en los corintios
y que salía de la garganta
como una nota de alivio.

¿Y dónde está el lucero
por qué se quedó dormido,
por qué parece un ogro
que canta como vampiro?

¿Dónde perdió su forma,
dónde perdió su brillo,
dónde está su recuerdo
que ahora luce clandestino?

¿Por qué se escondió
tras los pinos,
en ese último amanecer
del que hablan los grillos?
Ese en que no había niebla
ese en que no había vidrio
y la luz se desparramaba
por todos los sitios…»

Poema de hace unos meses… Gracias a Marys_fotos por la foto

La muralla del cielo

La muralla del cielo

Las murallas del cielo
se abrieron hace tiempo,
hace ya un buen rato
cuando el viento soplaba
para todos los lados.
Hacia diestro y siniestro,
hacia el norte de los claustros,
hacia las brumas de la tierra
cuando solo había un árbol.

Y ahí estaban lloviendo
luces y rayos,
todo un manantial
lleno de guijarros
del que se formaron los astros;
antes del hidrógeno y el helio,
antes de las leyes del abecedario.
Todo un concierto
con la firma del magno,
antes del silencio,
antes de los ábacos,
antes de las conjeturas
de druidas y escribanos.
Antes de las formas,
antes del compendio
de lo que pudo ser y es dado.

Y ahora tras miles de milenios
tras miles de triángulos
veo la muralla
en los reflejos del pasado.

Como en un espectro,
como en un cuadro
repletos de colores
y de muchos trazos;
con una puerta Nubia
con sabor a cilantro
que se despliega por el viento
ante el páramo.

Y ya apenas ando,
solo veo ángeles conversando,
que se dan la mano
y se saludan
como si fueran al trabajo.

Es la puerta del tiempo,
es la muralla de antaño,
que está ante mis ojos
aunque estos estén cerrados.

Porque nunca se ha ido…
Porque nunca me ha abandonado…

Gracias a enriquelopezgarre por la foto

El canto de los sabios

El canto de los sabios

El canto de los sabios
se cuenta por eones largos
y sonaba desde el comienzo
hasta el año pasado.

¿Pero qué ocurrió,
por qué se callaron,
por qué silenciaron
todo su desparpajo?

Si hace solo un momento,
estaban aquí hablando,
si hace solo un momento
todo era un retablo.

¿Qué les llevó al hastío?
¿Qué les llevó al letargo?
Si ni siquiera hacía falta oído
para poder escucharlos.

Parece que vieron un villano
allá, en lo alto,
vestido de coyote
y con joroba de dromedario,
que aullaba por la noche
a todos los geranios,
antes de correr al trote
hacia los prados.

Y se subió de un salto
al monte alado
para causar estragos
entre los sabios.

Y morderles en las piernas
y entre los mantos,
generando indignación
y mucho agravio.

Maldito lobo,
coyote condenado.
Eres el oscuro ruiseñor
del silencio y del basalto.

¿Por qué tuviste que
morder a los sabios?
¿Por qué tuviste
que callarlos?
Si no molestaban a nadie,
allí, en lo alto.

Y ahora solo se oye aullar
al chacal pardo
entre las ruinas y sombras
del abecedario.
Ese que suena a esperanto,
ese que envuelve los oídos
de agudos y llantos.

¿Donde están ahora
los sabios?
¿Por qué ya solo
se les escucha en verano?
¿Dónde han escondido
sus cantos?
¿Dónde se han metido
este último año?

Gracias a Kimura2 por la foto.

El gamo y la pradera

El gamo y la pradera

Y me concentro
y hasta cierro los ojos
y no abro los párpados;
pues no hay bruma, ni niebla,
solo la rueda de los cantos,
que se mueve en círculos
y en espirales,
como ciclos matinales
que llaman a la Luna Nueva
y a la Madrugada Vieja
con sus propios madrigales.

¿De dónde viene esta música bisoña,
esas notas celestiales,
que cuanto más junto entre las palmas,
resuenan como nogales?

Y entró en el bosque de los sonidos
y en los jardines florales,
para bañarme en la fuente
y en todos los estanques,
donde no hay agua,
sino afluentes,
de luminosos caudales.

Es el río que todo lo llena,
el fin de todos los males,
que empiezan por una mente vacía
allí, cerca de los perales.

Es todo espesura,
y todo follaje,
de un verde que desnuda
el ojo y a la imagen.

Está lleno de pigmentos
y de frutos carnales
que se expanden por el éter
entre los árboles.

Y en realidad no hay matojos,
ni tampoco espinas,
porque todo lo que pincha
y desquicia,
solo entra por el ojo
de la visión estricta.

Y entre los robles,
y la hierba,
oigo al final de la espesura
un gamo,
de ideas inciertas,
que corre entre las matas
con sus pezuñas hacia afuera.

Y se tumba en la pradera,
colea que colea,
y me saca la lengua,
con los ojos en blanco
y la mirada tuerta.

Y yo le hablo
y le pregunto por los salmos
y por otras mancuernas,
y el me mira aturdido
mientras berrea.

“Te vas a volver loco
y te va doler la cabeza
tantas ideas saben a poco,
si no escuchas lo que suena.
La realidad parece hueca
como las ramas de un olmo,
así que déjate de escorzos
y canta ya a capela.

Que no siempre serás mozo
sino más bien pronto
carne que azulea.
Así que juega un poco
entre faldas y gorjeas
y llama al amarillo y al naranja
que hay en las mozuelas.

Salta y canta,
pues este valle
no se va a ninguna parte.
Se queda donde está
con todos sus estanques
y todas sus azucenas.
Para que tantas veces te bañes,
tantas veces ames,
pues el fruto de la primavera
cuelga ya de los ramales.
Así que extiende la mano
y ya no me hables.
la puerta que tanto buscas,
está entre las voces corales.”

Gracias a Brigachtal por la foto

La montaña y el pájaro

La montaña y el pájaro

Las montañas se movieron
y los lagos se secaron
pues no había aves más allá del altiplano,
aquellas que volaban en redondo
con las alas amarillas
y los picos apagados.

Aves que gritaban al unísono
a las flores de verano
delirios de tormenta
y cantos de colapso.

Pero el torrente de un gran mazo
corrió por la cordillera,
tan ancho como un canario,
para beber de las lomas
su brebaje dromedario.

Y allí entre el verde
y los cantos
se originó un gran pájaro,
con forma de montaña
y un color terráqueo,
que se hizo tan grande
como un cisne alado.
y voló por los mundos
para conocer los astros.

Y bailó entre agujeros negros
y otros enigmas ingrávidos,
llegando la límite de los mundos
donde estaba el venerado.

Y este le preguntó,
nimio y parco:
“¿Por qué has tardado tanto?
¿Todo este tiempo,
dónde has estado?”

“He recorrido galaxias,
he visto milagros
pero sigo sin entender
este plan macabro.”

“No hay nada que entender,
mi querido pájaro.
Sólo has de volver
a donde todo fue empezado.

Al confín de los mundos,
al origen lejano,
donde el tiempo se para
en el arco de Sagitario.

Allí las aves beben
y todos los montes son sagrados,
acariciados por lombrices,
pulgas y lagartos.

No temas pues es el amor
el que recubre el kaos,
y aunque no lo entiendas
nada de esto es vano.

Abre tu pecho,
expira cada palmo.
Pues en esta obra majestuosa
todos tocamos el órgano.”

Y el pájaro asintió,
ya no quedaba reclamo.
Sólo podía creer
y continuar volando.

Y así lo hizo
por milenios milenarios,
épocas de especies
y de otros tantos.

Y al fin volvió a la tierra,
tras muchos, muchos años.
Vestido con plumas verdes
como un jilguero bravo.

Y clavó sus patas en Pangea,
allá donde todo fue narrado,
susurrando a los vientos
plantado como el Kilimanjaro.

Y cuando mira al cielo
y se acuerda del sabio,
canta a los monzones
leyendas de grajo
sobre lagos azules
y montes sagrados,
que están flotando
detrás del páramo.

Donde están los gamos
y los animales pardos.
Aquellos que fueron creados
por un soplo primario;
nada más acabar la primavera,
nada más llegar el verano.

Gracias a skeeze por la foto

Un monstruo debajo de la cama

Un monstruo debajo de la cama

Debajo de la cama hay un sonido que me atrapa,
debajo de la cama hay un gnomo que contiene el sol,
susurra y me pincha con sus zarpas;
podría ser elfo, una araña o un maldito troll.

Canta y canta hasta que la luz se levanta,
escondido bajo el somier como un faraón
y me cuenta leyendas de lo más extrañas
sobre el Olimpo, las Pléyades y Orión.

Y yo no pego ojo hasta que llega alba,
con ese monstruo tan solemne y tan tenor
que me confunde con todas esas cantatas,
su risa histriónica y su si be mol.

Ya le oigo entre el colchón y las patas
“No se duerma, no señor,
que hoy tocan cuentos y otras leyendas
sobre mil centauros y Quirón.”

Entonces se ríe el condenado:
“No, no entorne los párpados, por favor
que ahora viene el sueño magro
ese, que es mucosa de caracol.”

Y vuelo sobre cien pantanos
donde no hace frío, ni calor.
Una especie de lago cristalizado
más allá del último eslabón.

Y al amanecer miro debajo
de las sábanas y del colchón,
sin encontrar ni rastro,
ni una nota, del duende cantor.

El olvido ha jugado su mano
como un oscuro tejón,
pero es solo un amago
que retumba como un tambor.

De noche volverá el enano
con las estrellas bajo su voz,
para cantar a todas las soprano
que habitan tras el edredón.

Gracias JVAstudio por la foto

Poema de hace unos meses… que ha visto hoy su publicación.

El secreto de los octópodos (poema extraño)

El secreto de los octópodos (poema extraño)

¿De verdad, son los tercios 
el uno entre tres partes?
¿Son los medios,
una secuencia de pares?
¿Es la separación,
el mejor secreto de Agnes?

Pero me comí los números.
Y yo sé lo que vi.
Pues vi lo muy claramente.
Un resquicio óctuple
tras un recodo,
tras los brazos de un abrigo
confeccionado de octópodos
que se arrastraba por el suelo,
por los océanos
y por la capa de ozono.

…Y allí se paró
pasadas las ocho…

Y por un rato
se vistió de gacela,
de albatros
incluso de lobo,
correteando por los bosques
con ardillas en el lomo.
Y se paró en un estanque
del que bebían los condors
y miró su reflejo
por un periodo longo
y nada pudo entrever
pues estaba sordo.
No había cara,
ni ojos,
solo una líneas curvas
debajo del rostro.
Y gritó a capela
por encima de los tordos
que salieron en desbandada,
clamando y protestando
pues aquello era el colmo.

“¿Por qué nos gritas a nosotros,
que solo somos unos pájaros
entre los olmos?

¿No eres tú, una magnífica
criatura que se viste de todo?
¿Cambias entre costuras
y el oprobio,
y te rocías de ungüentos
en casi todos de los poros?
¿Dinos por qué gritas,
malvado quilombo?”

“Yo no grito,
ni siquiera hablo,
solo me combo.
Cambio de forma
y de costuras
por debajo del forro.
Ahora podría ser una roca
o un ogro
que salta en las laderas
o entre los troncos.
Pero tengo hambre
y sed de justicia
pues no encuentro pista
de aquellos octópodos.
Aquellos que vi en el cielo
y debajo de los mares
cuando estaban solos,
tapando aquel agujero
en medio del otoño.

Los vi.
Juro que los vi,
arrastrándose por el lomo
encima de las nubes
y los estanques,
cambiándose de traje
detrás del biombo….

Los vi…
Juro que los vi…
Cerca de las ocho…
Con sus ocho patas
y sus ocho escorzos…”

Gracias a Free-Photos/9111

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