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Categoría: Poemas ligeros

Poemas ligeros. Fáciles de leer, que son como una exhalación, como un respiro y que ayudan a colocar el cuerpo.

El planeta Mariano

El planeta Mariano

Y vi un planeta lejano
que vivía como un relámpago,
se llamaba Mariano
y saltaba al increpar a los astros:

“¡Canastos!
Son todos tan altos
y tan relumbrados;
y yo aquí pequeño
y apartado
en una molécula
que no es de mi agrado.”

Y le habló Pratos,
una fuente de energía
del octavo meridiano:

“No eres pequeño,
ni estás en el ocaso;
no hay que llevar cuidado
ni vivir enajenado
por lo que no ha ocurrido
y ni siquiera ha pasado.

Te excedes, Mariano,
vives la vida
dos segundos adelantado,
entre el suspiro
y lo respirado.

Olvidas el castillo dorado
que nace del presente
y de lo que es dado,
¿no ves cómo emerge
al estar confiado?”

Y Mariano se propagó
a un puñado de átomos
y construyeron una constelación
que se veía en todo el plano.

Era de color azul
incluso anaranjado
y todos estaban relucientes
en ese espacio relajado.

Gracias a Daniel Olah por la foto

Kasandra, la garrapata

Kasandra, la garrapata

Y vi una garrapata
llamada Kasandra
que juzgaba sentada
todo lo que pasaba:
“Por allá va una gata
que tiene mala cara;
por ahí un centauro
un poco atolondrado”.

Hasta que apareció un rayo
de color cobalto
para hacer saltar
a los Hados despistados:

“Somos solo uno
pues no falta ninguno,
solo hay un susurro
pequeño y diminuto.

Pero somos tan grandes
como un gigante;
estamos en todas las células
que parecen trémulas
y en todas la cuerdas
que cubren la materia.

Así fue al principio
desde que éramos chiquitos
pues todos somos padres
y todos somos hijos.

Solo hay un hecho
y es que estamos vivos”.

Y los juicios dejaron
de ser ciertos
y se perdieron
en un mantra de queroseno.

Y la garrapata se hizo
otra cosa;
luz de vida
en una gran pira.
Y un gran destello
en todo el firmamento.

Ya no había ni antes,
ni luego,
solo un susurro
en pleno apogeo.

Gracias a Erik_Karits y ersi por las fotos.

Comunión de astros

Comunión de astros

Y los astros reían
detrás de la cortina
con sus caras alegres
y sus luces amarillas.

Algunos llevaban levita
y otros pajarita,
una comparsa infinita
que avanzaba en comandita.

Y en esto habló Bociferón,
todo un benefactor,
un astro candente,
un poco imprudente:

“Ha llegado al ocasión
de conocer la platea,
donde cuelga el cinturón
de todas las estrellas.

Algunas son esbeltas,
otras pequeñas,
otras un primor
de la universal audiencia.”

Y llegaron Satiricón
y su novia Galatea,
una bulliciosa pareja
de jóvenes azuleas.

Soltaron chispas de tornasol
sobre las pelambreras
y el cielo se apagó
con suma sutileza.

Habían abrazado el jergón
de la noche trémula:

“La realidad es del que sueña,
del que pasa la noche en vela,
del que abraza el porvenir
y todas las estrellas.

Así ha sido desde el armagedón,
con sus largos etcéteras
donde hubo una explosión
en la noche somera.”

Y los astros bailaron en el estertor
de la realidad revuelta
que era un caldo en ardor
de la imagen primera.

Estaban todos,
del primero al mayor
hasta la enana más pequeña,
clamando en aluvión
que nada es posible que muera.

Gracias a geralt por la foto.

La larva Matilda

La larva Matilda

La larva Matilda
nació de una gran sonrisa
y cerca de una misa;
siempre con tanto carisma
y con mucha prisa.

Hasta que un día
se encontró con un polilla
llamada Artemisa,
que le dijo que
solo entendería el mundo
tras salir de su capullo.

Y ella le preguntó,
no sin cierto orgullo,
¿Dónde está el truco?

“Tras la envoltura de lo absoluto,
que te acerca a lo tuyo,
hacia tu propio curso
y a lo que no es insulso”

Y cerró los ojos
y así lo dispuso,
se rodeó de humo
y de ramas de musgo;
palpitó en lo curvo
y en lo que es uno,
envuelta entre susurros
durante un par de lustros.

Y cuando volvió a nacer,
cuando ya no se contuvo,
no era un gusano diminuto,
sino una mariposa
que volaba sobre la prosa
y sobre los cielos,
sobre todo un enjambre
hecho con los dedos.

Y acarició los abetos
y todos los pétalos,
pues era un verso suelto
que entendía los cimientos.
Y cantó un minueto
y se bautizó como Marisa
por sus alas exquisitas.

Muchas gracias a Alfred Schrock por la foto

La sirena y la cena

La sirena y la cena

Y discutía con una sirena
por quién iba a pagar la cena;
larga tenía la melena
pero muy escasa la cartera,
así que tras charlas y réplicas
decidimos pagar a medias.

Ella con dinero de las mareas
y yo con unas cuantas monedas
y nos miramos a las cuencas
y reímos ante semejante cantinela.

“La próxima vez será bajo el mar,
cenaremos almejas, ostras y perlas
e incluso subacuáticas croquetas;
ya verás que buenas;
se te va a derretir la lengua
y te chuparás las yemas”

“Después visitaremos las montañas
para comer puré de castañas
con papaya y lasaña,
nos sentaremos sobre el Aconcagua
y brindaremos con agua brava,
desde esa cima tan alta
larga será la pitanza”

Y celebramos como dos amantes;
siempre encontraríamos restaurante
ya fuera en la Luna o en Marte
no pasaríamos hambre.

Gracias a flutie8211 por la foto.

El ratón Monseñor

El ratón Monseñor

Y del horizonte bajó un ratón
con chaleco y espuelas
al que todos llamaban Monseñor
por sus sagaces respuestas.

Larga era su lengua
y aún más sus ideas,
no había tregua
si dialéctica era la pelea.
Tal era su rigor,
tal era su destreza
que daba igual el tema
ya fuera Kórsakov
o la vida de Ana Bolena.

Pero estaba cansado
de tanta confrontación
y de tantas estratagemas.
Quería ver más allá de la razón
y debajo de los esquemas.

Así una noche bajó del balcón
y se fue por la arena
para ver al maestro Aquelón
de las letras y los fonemas.

Nada más verlo se deslumbró
por su reluciente estela
y pensó que era un dios
que lo convertiría en piedra.

Solo fue una emoción,
una duda pasajera
hasta que el maestro alzó la voz
y monseñor le vio las muelas:

“No tema, Monseñor, no tema.
De verdad, no hay dilema.
Solo buscas la visión
que trasciende los teoremas.

No hay prisión,
ni tampoco ratonera,
solo formas a la sazón
que danzan a tu vera.

Te parecerá una complicación
incluso una bagatela;
pero es como un doblón
entre mil monedas.

Solo mira el interior
y no tanto hacia fuera
y por fin verás el sol
junto a la luna llena.

Todo tiene una explicación,
todo tiene su cadencia,
pues no hay mayor posesión
que el tiempo y su inexistencia.”

Y allí quedó Monseñor
sentado en su presencia
mientras giraba el reloj
sin que se diera cuenta.

Y por fin se hizo mayor
y mucha fue su experiencia
cuando pudo mirar al sol
en toda su esencia.

Gracias a RolandKuck por la foto

El diamante iluminado

El diamante iluminado

(De diamante aprendiz a iluminado)

Habíase un diamante
pequeño y corrosivo
que todo el mundo
llamaba Benito.
Era muy digno,
incluso fiel amigo
pero de vez en cuando
perdía los estribos.

Un día paseando
por una charca,
puso su mirada
en un alga
y lo que allí vio
realmente le sorprendió.
De ahí nacía la calma.

Así que se zambulló
en el agua
y buceó hasta los corales
y estos le contaron
el secreto de los metales.

“Sabemos de la transmutación
y de las piedras preciosas;
aquí no hay confusión
pues solo existe un cosa.
Si puedes ser todo
y a la vez ser parte
pronto convertirás en oro
hasta tu último poro.

No importa el decoro,
no importa el lloro.
No habrá ojo por ojo
ni ningún despojo.
Solo verás el esbozo
y lo que es espinoso
entre lo esponjoso.”

Y así conoció la Alquimia
junto a otros mil califas,
y viajó por todo el mundo
con un cofre de mil escudos.

Hasta conoció una institutriz
llamada Aurelia
que comprendía la matriz
de todas las quimeras.

Y era tan bella,
una reliquia hecha doncella.
Y encendió una vela
rebosante de cera
que se derritió
para iluminar su gema.

Y Benito sonrió
entre dimensiones
hasta ver los pormenores.
Todo era reluciente
pues ya no había mente;
se había iluminado
tras el carbono cristalizado.

Solo era luz… solo luz…

Gracias a Ewar por la foto

El petardo

El petardo

Un petardo explosivo
se encontró con un mendigo,
de nombre Rodrigo,
y le preguntó un tanto aturdido:

“¿Y si hago explosión?
¿Y si por una vez me derrito?”

“Se te elevarán los sentidos
y perderás los remilgos.
No hay mejor forma
de conocer el infinito.”

“Pero tengo miedo
de quemarme en el destino
y de que no quede testigo
tras el último estallido”

“Eres un petardo,
y no amigo del sigilo.
Eres como el fuego fatuo
pero de bolsillo.

Así que haz estallar tu boom
y esparce el estruendo contigo,
hay mucha verdad
en ese fogoso sonido”

Y se bautizó como Piros
y sintió por fin alivio,
de verdad estaba vivo,
tenía carácter alcalino,
alma de encendedor antiguo.

Nada quemaba,
ni tampoco hacía frío,
solo veía una llama
de color prístino.

Y al fin lo hizo,
prendió su hilo;
y se esparció por el aire
bramando como un pellizco.

Gracias a StockSnap por la foto

El poema de la uva

El poema de la uva

Una uva me cantó una canción
con el sonido de las cunas,
en medio de la bruma
cuando no había duda alguna,
solo la noche y materia oscura.

Sobre sus soliloquios con la luna
que conoció hace milenios
mirando a las alturas,
supongo que más allá de la una
cuando jugaba con sus deditos
que estaban hechos de racimos.

Le contaba leyendas desconocidas
sobre los secretos de la vida,
de una luz muy poderosa
que rodeaba todas las cosas.

Y en esto apareció un puma
que le pirraba la fruta
y tal era su hambruna,
que casi la hizo pedazos
de un solo bocado.

La uva había quedado muda
ante semejante criatura
pero solo durante un rato
mientras miraba profunda al gato.

Y le habló del deseo
y también del apego,
de otros grandes misterios
que circundaban el ego.

“Se que podrías hacerme zumo
con solo acercar tu puño
y estaría muy rica
pues apenas tengo pepitas.

Pero has de mirar más adentro
donde están los secretos,
donde se guarda la sabiduría
y nace la serendipia.
Tu yo nos hemos encontrado
en esto consecuente acto.”

Y el puma le dio dos chupadas
y se fue con la mueca contrariada.

Y a la uva le nacieron pelos de punta
hasta parecer una lechuga,
pero siguió hablando con la luna
y gozando de su altura.

Contaba verdades crudas
para salir de la envoltura
mientras movía la cintura
al ritmo del azúcar.

Y así llegó a viejuna
sin apenas arrugas
con alguna comisura
e impoluta dentadura.

Gracias a Priscilla Fraire por la foto

La carrera del erizo y la rana

La carrera del erizo y la rana

Un erizo y una rana
subían por una montaña,
en una especie de competición
para ver quién era el mejor.

El erizo se llamaba Rogelio
y contaba la vida en sexenios,
la rana se llamaba Aurelia
y tenía robustas las piernas.

Al principio de la carrera
se habían sacado la lengua,
no podía haber tregua,
ni otra cara de la moneda
porque solo uno de los dos
cruzaría primero la meta.

Habían competido en lagos,
montes y desfiladeros
pero ya no querían enredos,
se apostaban el mundo entero.

Rogelio jadeaba en su pendiente
mientras enseñaba los dientes
y Aurelia escupía en el camino
espoleada por los anfibios.
Pero los dos iban muy parejos,
ambos se hacían de espejo.

Y en esto habló la montaña
de nombre Maximiliana,
toda una señora empedrada
de maneras alsacianas.

“No hay competición,
ni tampoco ganador
solo una gran carrera
que puede ganar cualquiera.

No os perdáis en la disputa,
ni en toda esta locura,
dad zancadas con bravura
y saltos de altura.

Pues ya no habrá duda,
ni tampoco calumnia,
solo velocidad
en máxima punta.”

Y Rogelio perdió sus pinchos,
Aurelia su humor esquivo
y los dos se juntaron en la meta
para irse en motocicleta;
y así se hicieron muchas parejas
tras finalizar la carrera.

Erizo y rana en la carrera

Gracias a Oldiefan y a Alexa_fotos por las fotos

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