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Etiqueta: piscis

La pústula Úrsula

La pústula Úrsula

Y me encontré con una pústula
llamada Úrsula,
tenía la tez negruzca
por infamias y calumnias,
de alguna manera
se aferraba a mi úvula,
la reina de la censura
en hegemonía túmula;
pero los sueños ya murmuran
sobre el espacio y la holgura,
la caída de su carótida cúpula
y el fin de la peste lúpula.

Las palabras en la epiglotis
ya se juntan
como triangular suma,
un espectro en metamorfosis
que me libera del rigor mortis
culmen del reinado de Ousis;
la savia de la osmosis
ya me cura,
un baño de ternura
de la realidad diurna
me llena de honoris
y derrumba la neurosis.

Una flamante dentadura
que destila rasgadura,
rompe la trombosis,
palabras en escultura
ocupan la llanura,
nuevas dosis,
falsos puntos de sutura
regurgitan en la hipnosis
para superar la artrosis
de la macilenta coyuntura.

No hay duda
ni tampoco equinosis;
una garganta profunda
que me libera de la flecha de Paris
y de la diabólica praxis;
un poeta que ya retumba,
una realidad que murmulla
y un cuello en las alturas.
Es el momento de la catarsis
y de devolver la sintaxis,
no hay realidad minúscula
ni úlcera, ni tampoco pústula.

Toda aquella penumbra,
toda aquella realidad muda,
aquella angostura y tortura
se deshacen en una elipsis
bajo el canto de Piscis.
Ya no más bilis,
busca la síntesis
en el espejo de la némesis.

Poeta retoma tu andadura
en pos de la literatura
esa es tu legislatura
y el camino de la fortuna.
Una apuesta de envergadura
que envuelve entera
esa alma tuya.
Deja que las palabras bullan
y salgar de la espesura.
Todo se pinta
bajos los trazos de tu pluma.

Gracias a milivigerova por la foto

El signo de Piscis

El signo de Piscis

El signo de Piscis
canturreaba realidades
que eran duales.
Dos grandes señales
que hablaban en manantiales.

“Soy Hermes,
hijo del claroscuro,
nacido del conjuro
y de todo lo absoluto.”

“Y yo soy Era,
diosa de la diadema
que habla de la pureza
y de las estratagemas.»

Y se unieron,
y se dieron la mano,
casi por un año
para unir su destino
entre ramas de corintio.

Y recorrieron los planos,
desde lo mundano,
hasta lo más alto,
para llegar al ecosistema
de todas las respuestas.

“No hay diferencia,
ni tan siquiera pequeña.
Nada no es lo que se piensa”;
cantó Zeus con indiferencia

“Volved al mundo
y sed uno;
un gran conjunto,
donde no hay excusas
ni verdades de perogrullo.”

Y volaron en una cometa
hasta llegar a la tierra
donde no había separaciones,
ni credos, ni naciones.

Solo una gran aldea,
llena de acentos,
y personas longevas.

Gracias a Modman por la foto

La canción de los delfines

La canción de los delfines

Y cantaban los delfines
cerca de los confines
del mar Mediterráneo,
donde no llegaban bergantines
ni tampoco colibríes,
solo peces espadines
y algún despistado corsario.

En un palacio de las profundidades
apostado entre todos los mares
lleno de angostos langostines
con pinzas de colores rubíes,
dispuestos a pincharte las nalgas
y dejar escapar los hematíes
en cuanto les dieras la espalda.

Y en esto habló Hidalgo,
Arcipreste entre delfines
y uno de los más cantarines,
una especie de cetáceo lagarto
que balbuceaba palabras sufíes
y primo lejano de los escualos.

Y pronunció entre síes
que no quería seguir cantando
si continuaban bajo aquel manto.

“Abandonemos el palacio carmersíe
para que puedan oírnos los barcos.
Volvamos a subir a la superficie
para conocer otros especímenes,
ver más allá de los límites
pues allí no solo hay delfines
y criaturas submarines
sino seres que se alzan varios palmos.

“No te creemos Hidalgo,
¿Para qué mostrarnos?
¿Y sí de nosotros se ríen,
o creen que somos un chiste
que contamos embustes y chismes?”

“Pondremos los puntos sobre las íes
y cantaremos sobre los confines,
sobre la música olvidada de Osiris
y sobre el signo renovado de piscis.
Traeremos con nosotros lo sublime
junto con un montón de colorines
para que todos aquellos humanos
puedan salir ya de su letargo.»

Y así cantaron todos los delfines,
agrupados en miles y miles
esa música de los sinfines
que tanto habíamos esperado.
Nacía de sus branquiales laringes
llenas de místicos matices
que sonaban a acuosos tararíes
como cuando éramos pequeñajos.

“Gracias a todos los delfines,
por cantarnos desde confines”

Gracias a Ádám Berckez por la foto.