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Categoría: Poemas ligeros

Poemas ligeros. Fáciles de leer, que son como una exhalación, como un respiro y que ayudan a colocar el cuerpo.

Dos servilletas

Dos servilletas

Había dos servilletas
que componían formas traviesas,
esperaban su turno
entre el desayuno y la merienda;
una oda al gusto
y a la limpieza.
Pero tenían alma aventurera
y espíritu de promesa; 
así que salieron de su envoltorio
en disposición de jolgorio,
buscaban una promesa
más allá de la cocina o la mesa.
La alquimia de la naturaleza
donde pudieran ser
lo que quisieran.

Y viajaron a latitudes ajenas
tras la sal o la pimienta,
desconocidas tierras
hasta cambiar su consistencia,
y nacieron mensajes
entre sus capas internas
algo así como antiguas leyendas
que no dejaban en indiferencia,
un camino de entereza
hacia una gradación nueva.

Y allí no había discordia
ni miseria sonora,
no había frutos,
pomelos o zanahorias;
todo tenía la misma forma,
una cristalera decorosa
de sutileza temblorosa.
Una canción respetuosa
y un estribillo
que no pasaba de moda.
Era la serviverdadera
divergencia que no
entendía la ciencia.
El elemento neutro
de la conciencia
que todo lo condimenta.

Y allí compusieron
su ópera primera
desde una bocanada
sempiterna.

Cualquier guiso
serviría para sus designios
fuera pollo al ajillo o lentejas,
todo tenía brillo
al saborearse con la lengua.
Y allí estaban ellas
con sus ojos de papel
o de tela
para en la daguerrotipia
la escena completa.

Se tocarían las esquinas,
con su mallas blanquecinas
perentorias y definitivas,
una mirada antigua
entre romboides manecillas.

Un amor de gemelas 
por la vida misma
que servilleteaba 
entre sus caricias.

No importaba que
no hubiera bebida
o la gastronomía
fuera sencilla.
Estarían entre cubertería
y mantelería
para alentar
la cadena alimenticia.

Un reflejo mismo
de la biblia
que está más allá
de sus páginas amarillas,
dos servilletas enamoradas
dos serviplenas nutritivas
dispuestas a acompañar
cualquier comida.

Gracias a congerdesign por la foto

Flaqui: El tahúr

Flaqui: El tahúr

Y llegué ante un saltimbanqui
llamado Flaqui,
jugaba con los naipes,
con el signo de aries,
hasta que todo
saltaba por los aires.

Si tenía el uno de diamantes,
decía coleccionar amantes
y conocer todas las edades,
y siempre antes de un descarte
aglutinaba el resto de ases.

Quizás su abuelo
fuera un comanche,
o un simple botarate,
pero el único objetivo
antes de sentarte
era desplumarte.

Y en esto
apareció un grillo
que se llamaba Herminio
y le dijo:
«No hace falta ser muy listo
para ver que estás perdido.
Hablas del libre albedrío,
de que con un chasquido
al menos tienes un trío;
pero estás cautivo
y eres un mendigo;
un impostor de ti mismo;
siempre fue así
desde recién nacido,
desde tus primeros pasitos
buscando lo mísero
y el alivio
dentro de lo efímero,
¿Por qué no enseñas
tus cartas
para ver que
no están marcadas?
¿Por qué no repartes
el mazo
para ver si encuentras
remanso;
descanso debajo
del hartazgo,
sintonía y significado?

Porque la vida tiene un reclamo
que se hace andando,
con cada mano
incluso en paso;
busca tu propio palo
y no seas tan vago.
La vida está de tu lado
como un califato
con tres o cuatro mil vasallos;
todos quieren ver
la orilla del lago
y el origen de lo claro,
donde no hay trampa
ni mala jugada
solo un quehacer honesto
que fluye con el juego.

Y Flaqui quedó pensativo
ante los consejos del grillo.
Ya se había repartido
y miró sus cartas
que parecían altas,
una buena jugada
a la que apostar
todas sus ganancias.
Jugaba consigo mismo
al ir más allá del individuo,
en el yo confío
y en el sigo y sigo.

Graicas a Sprinter_Lucio por la foto

La paloma mensajera

La paloma mensajera

Una paloma mensajera
me contó una historieta
sobre los tiempos de mi abuela
en los que se volaba con cautela,
no había red eléctrica
ni tanta ala escéptica,
solo entregas
y notas secretas
que dar a los amantes
apoyados en los ventanales.

Te sonreían al acercarte
para susurrarte
y sacar de sus trajes
rosas del follaje.

Pero no eran los únicos
también había cardenales
o míseros alcaldes,
voluminosos,
que jugaban a los personajes
en clave de drenaje
para obtener beneficios
y de más corretajes.

Te exigían hasta agotarte
para que fueras
de una a otra parte,
pero estabas en el aire
divisando todo el paisaje.

Pero mi abuela se cansó
y plantó sus garras
en el terraje,
quería ser comerciante,
vender misterios y plumajes
y otros regalos para aves.

Y allí en su puesto
buscando una contraparte
vio una piedra
de enrome tonelaje.
Se llamaba Petra
y era muy longeva,
contaba su vida por leyendas
y muchas, muchas décadas.
Maciza e inmensa
como la base de la tierra
le dijo a mi abuela:

“De nada servirá
eso que comercias
si tus pies no tocan
la tierra,
necesitas diligencia
y materialidad concreta;
deja ya de dar vueltas
y ese vuela que te vuela.”

“Pero si ahora estoy quieta,
aquí muy tiesa
vendiendo bagatelas”

“No juzgues lo que comercias,
no juzgues las propuestas,
no juzgues las aportaciones dinerarias
ni las largas estancias.
Pues todo ello dará intereses,
enormes, con creces,
múltiples dividendos,
dispuestos y suculentos”

Y mi abuela no decía nada
porque parecía camuflada.

“Crece como los abedules,
como el cuello de los avestruces,
crece con lo que disfrutes,
crece con las caras
y con las cruces;
crece y no te columpies
y sobre todo, sobre todo
no juzgues.»

Y Petra permaneció callada,
sin decir una palabra
por mil horas empedradas.

Y mi abuela hizo un emporio
con sus relatos preciosos
y cuentos premonitorios
Tenía un aire distinto,
con las garras en el piso
y su distintivo brillo.

Gracias a balouriarajesh por la foto

El pájaro Pino

El pájaro Pino

El pájaro Pino
una vez me dijo,
ten cuidado con los lirios
porque todos son míos.

Maldito pajarito,
maldito estornino,
siempre con tu detrito
y con tu pio pío.

Y cuando no te miro
o no te sigo,
siempre gritas
mío, mío, mío.

¿Por qué son tuyos los lirios?
“Porque yo los he visto,
porque los he tocado con el pico,
por eso me anticipo,
porque eres un primo.
Esto es hecho privativo
de propietario pajarito.
Así fue desde el principio,
así ha sido, querido,
todos estos lirios
son solo míos.”

¿Pero por qué pajarito?
¿Por qué eres tan posesivo?
“Tal son los designios
de los poderes advenedizos,
todo lo mío es mío
todo lo tuyo también es mío.
¿No ves que tiene todo el sentido?
Es un contrato a plazo fijo,
una baliza sin variación de tipos;
todo lo mío es mío,
tanto lo tuyo como lo mío.
Espera que me hago un lío
ante tanto raciocinio,
pero no hay hecho figurativo
ni nada sustraído,
todos los lirios son míos.”

Lo que tu digas pajarito,
eres un engreído,
crees que la vida es un pellizco
que no admite donativo.
Sigue con tu pío, mío,
y tú pensar acumulativo;
pero ten en cuenta
que en medio del espejismo,
justo en medio del silbido,
no hay nada dividido,
tan siquiera hay lirios.
Son solo sombras
de un antiguo brillo.

“Me da igual lo que digas,
¡maldito cretino!
porque yo ahora lo digo
y con mis plumas lo firmo,
todos los lirios son míos,
míos y solo míos.”

Y allí quedó el pájaro Pino
pegando chillidos
encima de un arbolito,
solo, consigo,
mientras se ponían
mustios los lirios.

Gracias a apnear40 por la foto

El signo de Piscis

El signo de Piscis

El signo de Piscis
canturreaba realidades
que eran duales.
Dos grandes señales
que hablaban en manantiales.

“Soy Hermes,
hijo del claroscuro,
nacido del conjuro
y de todo lo absoluto.”

“Y yo soy Era,
diosa de la diadema
que habla de la pureza
y de las estratagemas.»

Y se unieron,
y se dieron la mano,
casi por un año
para unir su destino
entre ramas de corintio.

Y recorrieron los planos,
desde lo mundano,
hasta lo más alto,
para llegar al ecosistema
de todas las respuestas.

“No hay diferencia,
ni tan siquiera pequeña.
Nada no es lo que se piensa”;
cantó Zeus con indiferencia

“Volved al mundo
y sed uno;
un gran conjunto,
donde no hay excusas
ni verdades de perogrullo.”

Y volaron en una cometa
hasta llegar a la tierra
donde no había separaciones,
ni credos, ni naciones.

Solo una gran aldea,
llena de acentos,
y personas longevas.

Gracias a Modman por la foto

La morsa Helena

La morsa Helena

Y veo una morsa
llamada Helena
que es un poco lenta.
¿Quizás la vida le pesa?
¿O simplemente le es ajena?

Pero sabe de letras,
incluso escribe poemas
sobre olvidados ascetas
que juegan con las estrellas
y se bañan en un mar turquesa.

Y cuando se sienta cansada
y le duelen las piernas,
se echa a un lado
para dormir la siesta.

Y sueña con una quimera
llamada Electra
que le habla de la vida
y de la conciencia
que está en cada célula.

“El universo es justo
porque es uno;
está en todos los lugares
y en ninguno.

Hay un microcosmos
en cada grano
de cada humano
y en todos los átomos.

Así que dame la mano
y emprende el nado
a ese mundo subacuático
que crees olvidado.

En esa realidad
encontrarás significado
y veras a los hados
que están por todos lados.

Y debatirás con los peces
incluso con los tiburones
que aún con malos humores
conocen ya los colores.

Y descenderás tan profundo
que serás una
con todo el mundo.

Un único universo
que no es ajeno
sino eterno.

Un único momento
tan quieto y silencioso
como el trueno.”

Gracias a NOAA por la foto

Ajedrez

Ajedrez

Y me comieron un peón
que me generó desazón,
cuando quería hacer mella
en la enemiga fortaleza.

Había perdido un cabezón
que en medio del estertor
gritaba en su recuadro bicolor:

“Yo no quería esta distinción
de tan ambiguo color;
quería ser amigo de los caballos
y de todos los establos.
De los diagonales alfiles
con todos sus deslices;
y del rey y la reina;
más allá de sus estratagemas.

Pero aquí me hallo,
en medio del asalto
del último cuadrado.

Realmente no había batalla
ni gambito de dama,
una gran contienda
repleta de extrañezas.

Es todo un juego
donde gana el ego.
No hay blanco o negro
si es todo un sueño,
ni tampoco enroque
pues es cuestión de enfoque.
Ahora no estoy muriendo,
¿Cómo podría si
no tengo cuerpo?

Y volví al tablero
que era multicolor,
no había torre
ni peón,
solo diversión,
en un gran juego
que me hacía
de espejo.

Gracias a Rodrigo Perez por la foto

El lagarto Salmo

El lagarto Salmo

Y me encontré
con un lagarto
llamado Salmo
que jugaba
con el destino
de todos sus hijos.

Era un poco sibilino
e incluso ladino,
pues se quedaba frío
antes todos sus hechizos.

Pero se le acercó
una libélula,
llamada Manuela,
que le habló de las venas
y de soltar la melena,
de que la vida
puede ser plena
cuando estás en escena.
Y le gritó: vuela y vuela.

Y el lagarto que
era un poco reaccionario
se quedó pensando.
¿De qué me sirve
tan gélido escenario,
si me paso la vida
tiritando?

Y sacó la lengua
y rompió las cadenas,
y le nacieron alas
y también antenas.

Y voló y voló
por la naturaleza
con su canción
lagartera,
que ahora era
una promesa
para todo el
que quisiera.

“Vuela y vuela
mientras puedas,
la vida es pasajera
y una centella;
pero hay algo
que calienta;
más allá de la tierra
y de todas las estrellas.”

Gracias a 12019 images por la foto

El gnomo

El gnomo

Y vi un gnomo
que cantaba en un pozo
y estaba un poco solo;
y de pronto,
me señaló un pomo.

“Soy todos y cada
uno de vosotros;
he vivido mil vidas
que arrastro en el lomo
y miro al infinito
con cara de bobo.

No sigo las normas
del decoro
y apenas entono;
pero cuando
me escabullo del ojo,
veo un esbozo
¡qué es tan poderoso!
Una realidad inmensa
que ya está abierta,
pues no hay puerta
y la luz sale
como mil manantiales.

Y sigo cantando
como hacia antes,
en todos los lugares
presagios matinales,
y me quedo en trance
hasta dar el cante,
pues soy juez y parte
de mi obra de arte.

Y la luz me saluda,
y me saca la lengua
pero no se lo tengo
en cuenta
¿Quién pudiera?
Si embelesa
y me enseña el camino
de salida de la acequia.

Y entonces vuelo
como un meteorito,
con voz de pito
hacia el mundo del sigilo
que se oculta tras el visillo
y que sabe a membrillo.

Es un mundo florido
que vive desde hace siglos
y se esconde entre
los entresijos
de todo lo descrito.

Y me doy cuenta
de que estoy vivo
y canto a voz en grito:
¡Vivo, vivo y soy niño!

No más gnomo,
no más olvido;
y me adentro
en el resquicio
que lleva al infinito.”

Gracias suju-foto por la foto

El pájaro zalamero

El pájaro zalamero

Y vi la luna
en medio de una montaña,
tocaba una sonata solitaria
que me recordaba a la Traviata.

Y vino un pájaro zalamero
que le prometió el mundo entero,
que estaría llena de rosas
y otras mil cosas.

Y a la luna le hizo gracia
aquel caradura,
por su pico
y sus mil diabluras.

Y le susurró con sigilo:
«No seas esquivo,
mi querido pajarito;
acércate un poquito
y te daré un beso
color membrillo.

Y el pájaro voló a las estrellas
para conocer a las doncellas,
y hasta las puertas de las quimeras
que rompieron sus cadenas.

Cantó y cantó a la noche,
al mundo de las flores,
a los ocultos caracoles.
y a todos los colores.

Y miró a la luna en toda su silueta;
era esbelta y cargada de belleza,
y con sus lazos luminosos
se formaron dos senos
que le sumieron
en el pleno apogeo.

Y la noche se volvió ocre
al desabrochar
con disimulo su broche.

Gracias a Zdeněk Macháček por su foto

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