El muro de Kronos

El muro de Kronos

Estoy en un muro
lleno de cloruro,
pero se está destruyendo
a cada momento,
es como el aliento
de un rayo de incienso,
y mientras pienso
en este parapeto inmenso,
veo un jardín
lleno de flores
donde no hay pronombres
ni tampoco hombres,
solo figuras humanas
en continua danza,
en medio de la palabra;
un conjunto de ninfas
de edades merovingias
que encarnan sus entidades divinas
sin la necesidad de una biblia;
no hay consignas
ni mentiras
es el ritmo de la vida
que se descubre así misma.
No hay estigma
tampoco mirada sibilina,
no hay neblina
en aquel que mira.
Todo es prisma
tanto abajo como arriba.

Y veo unos leones dentoides
que cantan unos acordes
para entonar los corazones.
Y las abejas reinas
escapan de sus colmenas
dejando una esencia melva
mientras hacen piruetas,
y confunden a las nutrias
y a todas las comadrejas.

Y un oso saca el saxofón
para socavar el hormigón 
es un nuevo diapasón
que resquebraja aún más el paredón,
compendio ultrerior
del trueno de la creación.

Y en medio del lago
aparece un espejo
que se ve desde lejos
y desde el principio
de los tiempos.
Es la armonía del concierto
y la sonata del minueto.
Si te paras, de seguro
que lo estás oyendo.
¿Es el estruendo
del detenimiento
y el apogeo de lo quieto?
Todo un soneto
recubierto de versos
en el que los animalitos
miran su reflejo.

Un preludio halagüeño:
«No olvidéis el estruendo
que hay entre dos verbos
porque no hay predicado
ni sujeto.
Todo es arbóreo 
bajo el mismo suelo
que hunde sus raíces
hacia dentro,
y cuanto más lo escucho
más me lo encuentro.
Es como un fulcro
de lo que expreso,
el viejo sonido del universo.»

Y así entre los peldaños
y entre las pausas
voy entonando
la verdadera sonata
que no es alta ni baja,
pero suena clara
en cada parada.

Los animales vuelven
a sus juegos
y las ninfas a sus recovecos.
El muro se tambalea
sobre sus cimientos
de extremo a extremo.

Todo queda en polvo,
no más sollozos
ni tampoco enojo,
solo un contorno
de lo que realmente somos.
Y abro los ojos
y lo miro sin deterioro,
no hay aroma a cloro,
solo un jardín devoto
que enmudeció
al mismo Kronos.

Gracias a Leucrois por la foto

El cuento del Califa

El cuento del Califa

I

Veo en la morada
de la campiña
dos sillas antiguas,
pertenecieron a un califa
experto en intrigas,
pero ahora desde la mirada
con el pasado
en perspectiva
todo adquiere
un aspecto intimista.

Allí en medio
de un jardín longevo,
tras tres o cuatro metros,
se oye la voz de un eco,
es un mensaje convexo
curvado hacia dentro
donde los sonidos
rebotan como truenos.

“Soy la sima
de todo lo que divisas;
soy las pistas
y todas las vistas,
porque justo en medio
de la realidad estricta
hay una capa de parafina.
No es nimia,
tampoco es infinita,
solo es la sombra del califa.
que recuerda sin alegría
aquellas penurias divididas;
cuando la mente era
su lugarteniente
y su mayor contendiente.
Todo lo tenía pendiente,
todo era exigente,
un reino penitente
del pensamiento siguiente;
una muralla ovalada
de estuco y piedra calcárea,
una pared abovedada
con barro apilada.»

Y allí en medio de la división,
en medio de la escisión,
el sumo censor
se enroscaba hacia el interior,
pero no escuchaba la voz,
solo el susurro y el candor
que ardía en Jericó.
Ciudad sitiada
por un conjunto de llamas,
sumida en una revolución,
una vieja prisión
perdida en un neurotransmisor.

“Califa, respira
es ley de vida.

Califa, lo que ahora miras
es un prisma,
una bella metonimia,
una proyección evasiva
que se junta en el enigma.
Toda la vida,
toda forma constitutiva
no es continúa,
tan siquiera sucesiva.»

Pero el califa
no comprendía,
solo se fiaba
de lo que veía,
de sus creencias
y mirada mezquina.

II

¿Y si la realidad se sostenía
a sí misma?

Quería continuar con su agonía,
reinando con supremacía
del Nilo a Alejandría.
Muchos hablaban de su pericia
y su penumbra mortecina.
Pero en aquel jardín,
en aquel palacio Magrebí,
tras el sendero de jazmín, 
todas sus penas se
juntaban hacia sí. 
Muerto estaba,
enlutado y de postín,
un cadáver cadavérico
que solo esperaba el fin.

Componía canciones
de los misterios sufís
era un creyente alterno,
el último muerto
en medio de aquel huerto,
quería rezar un padre nuestro
y recomponer su testamento;
había sido un cruel guerrero
que ahora pasaba por reverendo.
Convenía en el advenimiento
justo antes del destierro,
era un único cuerpo
que miraba su entierro.

Se encontraría con sus viejos
y los que antes eran pequeños,
en un mundo de sueños
que se curvaba como un amuleto.

Y allí los recuerdos
silbaban con los truenos.

Si su mano no hubiera
degollado por cientos,
si hubiera entendido
antes al cordero,
¿por qué justo
en este momento
que se encaminaba
al sendero?

Ya se producía el incendio
con sumo estruendo,
se desligaba de su cuerpo
y emitía el último aliento.

Y allí, a lo lejos vio
como se disgregaba su ejército
y la orden de mérito,
estaba arrepentido
desde el comienzo.
¿Visitaría el infierno
u otro paraje cruento?

III

Pero divisó un ángel,
llamado Seleno,
que le detuvo antes
de que pagara al barquero.

“Aún no estás muerto,
eres testigo de que
apenas has vivido,
estás en tu propio concilio
donde nada está dividido,
donde no hay nada finito;
¿Oyes el ruido
del fuego consumido,
y todo el hastío
al que te has sometido?

Antes de caer en el olvido,
antes de darte por perdido,
antes de que revivas
en otro siglo,
tienes derecho
a manifestar tus designios.

—He sido cruel y maligno,
furtivo asesino,
un hijo putativo,
un monarca abusivo;
ahora lo percibo
(en medio de este juicio
que marca mi nuevo destino.
He promovido el infortunio
y no he sido compasivo;
ahora que lo miro
no encuentro alivio.

Si hubiera sido capellán,
si hubiera rezado a Abderramán,
pero ahora estoy en el estertor
en el último lugar.

Ya no hay ademán,
no hay nada que perdonar,
solo pagar
todos los males que tuve
a bien procurar.

—Pero pareces arrepentido
—Si quiera lo distingo.
—La duda es el primer
paso del adivino.
La duda acerca
los pasos a Cristo.
—Pero estoy consumido,
ya en el último soplido,
derretido por las llamas
del último hijo.
—Realmente no hay castigo
es solo un esfuerzo de equilibrio.
—Entonces me dedicaré a rezar
por las vidas que no puede evitar.
—Parte entonces
hacia el último mar,
tú que fuiste hijo de Alá.

Con buenos ojos
no te recordarán,
y tú memoria
algunos pisotearán.
Pero renacerás
para recompensar
todas las inmundicias
de tu fiera codicia,
la espada que mutila
y cuchillo que afila.
Como el consorcio decía:
renacerás en una misa
sin madre ni nodriza,
de otros serás curandero
para evitar su sufrimiento,
recuerda que eres bello
y que esto es solo un juego.
Te nublaste de apego
y te creíste sediento,
pero no estabas
en el desierto,
tan siquiera
estabas muerto.
Vivirás muchas vidas
hasta conocer
la verdadera alquimia
en la que la pupila
no estará dividida
para ver a la vez
toda la película.
No hay otro destino
que volver de donde
has partido.
Adiós, hijo mío.

Y así el califa emitió
su último suspiro.
Y en el jardín del olvido
aún se pueden
oír sus quejidos,
pero todavía hay un latido
de lo que puedo haber sido,
unos pequeños lirios
marcan el nuevo destino
de aquel sultán perdido.

Gracias a Levi Meir Clancy por la foto

La alubia

La alubia

Una alubia tiembla de miedo
¿será desasosiego
o será que ya no entiendo?
Hubo una época de conceptos
y otra de fuego,
pero ahora hay un amanecer nuevo
donde todo es juego.

¿Sería una alubia vidente
de las que mucho siente,
que se abrió a nuevas posibilidades 
y universos espectrales
y conoció a su yo superior
que era un alubión?

«—Sabes mucho
de sueños y conjuros,
ha caído el muro
de todo lo oculto,
es como un escalón
hasta el último eslubión;
donde la salsa es mestiza
y la cocina hechiza.
Pero es la única manera
de vivir la vida,
sin dejar ni pizca,
ya no hay mentira
y la realidad es distinta
porque es en sí misma.
Es la cima de toda esta poesía,
cuanto más arriba
la sombra es entredicha
y mayor la tentativa.

El despertar de la alubia
con enorme alubiduría,
llevas muchas vidas
transitando por la alu-vida.»

Un destello de acordes
desquitaron los tenedores,
no la verías en los comedores
ni entre los frijoles.

No era una alubia perdida,
era una alubia fidedigna
con sus formas curvilíneas.

Y escribió novelas
y muchos poemas,
hablo a audiencia
desde la presencia
y cumplió su destino,
que era el mismo
que había elegido.

«No hay camino
que no llegue a destino
y obra sin distintivo;
evita todo tipo de juicio
porque todo está escrito.
Aporta tu alubrillo
para que se cante
por las tardes,
tú podrás ayudarles
a salir del trance.»

Y la alubia se quedó meditando
hasta solo ver un grano,
era muy amplio
más allá del marco,
retumbaba entre los salmos
y otros cantos lejanos,
milagros de otro plano
que convenían con los astros.
Diatribas y saltos cuánticos,
un estanque catártico
con aire mesopotámico
derretían el ártico
y todo lo congelado.

Es el magma del movimiento
donde todo es alimento.
Se nutre de lo incierto.

«—No soy condimento
pero puedo ser sustento
por medio de la palubria
que ya alumbria.»

Y muchas alubias
salieron de sus guisos
como números primos,
cuna de lo convenido;
un nuevo mundo
fuera de peligro
donde todo tendría sentido
y todas aportarían lo suyo.

Gracias a Ninetechno por la foto

La Tierra despierta

La Tierra despierta

Partículas… 

Veo un castillo
lleno de visillos
son indivisillos,
el último estribillo 
y por más que miro
y miro,
¿Todo está en brillo?
¿Veo delante mi destino?

Es un paso contiguo
que conduce al alivio,
al no quejido.
Existe un estado fallido
en el cúmulo vacío
que vibra entre neutrinos.

Allí no hay amasijos
pues todo es sencillo,
un gallo vespertino
que con su grito
deja a todo el mundo
enmudecido.
Un conjunto de partículas
en estado fluido,
el solo y sí mismo,
un sello antiguo
que miro un vikingo
mientras era consciente
de lo percibido.
Un muro de marionetas
llena de perseidas griegas
u otras tramas
de tantas novelas;
en el que una doncella,
se inmiscuye con su alteza
¿Conocida historieta,
el sumun de la epopeya?

Pero en la mitad del acto
casi en la mitad del diálogo,
hay una gema
que abre una puerta
en el universo opaco.
Allí están todas las respuestas
desde la última cena,
el primer desembarco
y la constitución del átomo.

Es un páramo
que está fuera del marco
y apenas tiene trazos,
es como una cuerda
longeva
que despliega la materia
para constituir niveles
de la consciencia.

¿Y si la ciencia interviniera?
¿Y si las artes consistieran?

Y ahora la Tierra…

Pero hay un niño mestizo
de pasado abisinio
que se presenta los domingos
con un crucifijo;
y habla de creencias
y demás pertenencias,
mientras la humanidad
busca una estrategia
para mirar a la Tierra
que ya levanta sus piernas.

Es una señora vieja
que da vueltas
y sonríe a los planetas,
es una mujer que sueña,
un alma plena
que busca que todas sus células 
que habitan en la corteza
se muevan
y encuentren su esencia.

El juego de la botella
tras la merienda,
las paredes de una estrella
que por fin despierta.

Y se frotan las cuencas 
como si fuera nochebuena,
una cola de cometa
y el núcleo que ya fermenta;
nos observa la mujer
recubierta de piedras,
desde edades desiertas
para sacarnos la pereza
y que nos ardan las venas.

La vida es una selva
llena de panteras
que corretean
con energía
y ninguna minusvalía.

Estira la mano,
el lenguaje es alto y claro,
llueven pedruscos
para hacer el amor
a los musgos,
vienen desde los etruscos,
es el con-sumum;
la imagen del corpúsculo.

Y esa señora nueva,
floreciente en palmeras 
nos empuja a la ruptura,
hacia una nueva cultura,
basado en la suma
y en todos vamos a una.

Es una realidad terruna,
sustentada en columnas,
una nueva estructura,
apología diurna
que se llena de fortuna.

Y aquel niño
antes de cara taciturna,
ya relumbra
pues ve una comuna
de almas en conjura,
donde nuestra realidad
es la tuya.

Un mundo que
recupera la cordura
y por fin está en cura.

Gracias a Vallenfine por la foto

Dos servilletas

Dos servilletas

Había dos servilletas
que componían formas traviesas,
esperaban su turno
entre el desayuno y la merienda;
una oda al gusto
y a la limpieza.
Pero tenían alma aventurera
y espíritu de promesa; 
así que salieron de su envoltorio
en disposición de jolgorio,
buscaban una promesa
más allá de la cocina o la mesa.
La alquimia de la naturaleza
donde pudieran ser
lo que quisieran.

Y viajaron a latitudes ajenas
tras la sal o la pimienta,
desconocidas tierras
hasta cambiar su consistencia,
y nacieron mensajes
entre sus capas internas
algo así como antiguas leyendas
que no dejaban en indiferencia,
un camino de entereza
hacia una gradación nueva.

Y allí no había discordia
ni miseria sonora,
no había frutos,
pomelos o zanahorias;
todo tenía la misma forma,
una cristalera decorosa
de sutileza temblorosa.
Una canción respetuosa
y un estribillo
que no pasaba de moda.
Era la serviverdadera
divergencia que no
entendía la ciencia.
El elemento neutro
de la conciencia
que todo lo condimenta.

Y allí compusieron
su ópera primera
desde una bocanada
sempiterna.

Cualquier guiso
serviría para sus designios
fuera pollo al ajillo o lentejas,
todo tenía brillo
al saborearse con la lengua.
Y allí estaban ellas
con sus ojos de papel
o de tela
para en la daguerrotipia
la escena completa.

Se tocarían las esquinas,
con su mallas blanquecinas
perentorias y definitivas,
una mirada antigua
entre romboides manecillas.

Un amor de gemelas 
por la vida misma
que servilleteaba 
entre sus caricias.

No importaba que
no hubiera bebida
o la gastronomía
fuera sencilla.
Estarían entre cubertería
y mantelería
para alentar
la cadena alimenticia.

Un reflejo mismo
de la biblia
que está más allá
de sus páginas amarillas,
dos servilletas enamoradas
dos serviplenas nutritivas
dispuestas a acompañar
cualquier comida.

Gracias a congerdesign por la foto

Aves

Aves

Un par de cotorras
ríen como marsopas,
cacarean a todas horas
hasta decir que son chismosas,
pero un día cruzarán la divisoria
y se convertirán en tórtolas,
aves redentoras
que describen grandes ondas,
elipsis hermosas
entre planicies nubosas;
y se unirán a la memoria 
de un mundo en prosa.

Una alegoría y una oda
que recubría una sinfonía
y volará hasta las consignas
de la diosa Artemisa,
para olvidar toda ignominia;
serán dos golondrinas
recubiertas de purpurina,
de un polvo estrellado
de los tiempos de los hados
un culmen bravo
para seguir aleteando;
un cuento de antaño
hablado por los dos pájaros;
dos estorninos muy chiquitos
que conocían el sentido
de todo lo bonito,
un haz distintivo
que vibrará
como un número primo.

Ya era…

Y se convirtieron
en dos amebas
dos almejas
y en hormigas con antenas
dos células primigenias
que hablan en unicadencia.

Es lo que la realidad vertebra
y lo que siempre da vueltas,
una sutileza que crea
y engarba la escena,
dos aves que planean
desde la última cena.

Y se tocan las alas 
como palomas blancas
dos cacatúas de porcelana
que ya porcevolaban.

Están en la antesala
de una humanidad preclara
el inicio de la trama
de la conciencia en alza,
y mientras vuelan
y se engarzan
cuentan los minutos
por ala-banzas,
una cantata muy aleteada
entre esta pajarada.

Y en el sumun de la distancia
en lo alto de las montañas,
donde los planetas
parecen reliquias chatas
se oye una voz entonada
que nunca fue creada.

El origen antes del karma
y la firma de la nostalgia,
la misma vida desplegada
que aletea entre las galaxias.

Gracias a AdinaVoicu por la foto

Ojos

Ojos

Y me hablaron los ojos
en un lenguaje lloroso
como dos jarrones
de colores quejumbrosos. 

Izquierdo:
—No me gusta lo que tengo delante,
no me gusta tener que desviarme,
cuando miro a alguna parte
no me gusta tener que escucharte
y mucho menos vislumbrarte.
El mundo tendría que ser arte
y no este desperfecto de partes, 
¿no hubo un conjunto antes
de todo este desastre?

Derecho:
—No me gusta el estancamiento,
no me gusta el movimiento,
no me gusta este estruendo 
ni tampoco el silencio.

Por eso sentencio y sentencio.
¿Por qué este mundo
no es lo que quiero?
¿Por qué no hay
solo un argumento
de un único atuendo?

—¡Porque sino no veo! 
—Pero yo quiero algo nuevo.
—También puede ser imperfecto.
—Eso desde luego.
—¿Y cuando vea lo viejo?
¿Y cuando venga lo muerto?
—Pues entonces moriremos.

Y los ojos se miraron
hacia el centro
entre horizontes de fuego,
chispas infinitas
que escapaban por la mirilla.

—¡No veo, No veo!
—Porque no acepto.
—Todo me es ajeno.
—Todo me es bello.
—Porque eres un cateto.
—¿Cómo ese genial griego?

Pero todo era un sueño,
todo era un juego,
donde para ver,
había que verlo.

Y allí, justo en medio
habló el ojo tercero
que era como un maestro.

—Miro sin miramientos
entre los destellos
sin juzgar lo que veo.
Porque no soy dueño
y no soy este cuerpo.
No me molesto,
soy lo que parezco
hasta mi último aliento.

—No entiendo.
—No entiendo.
—¿Por qué estás en medio?
—¿Por qué no te vemos?
—Estoy oculto tras los miedos
y todos vuestros reniegos. 
Un mundo de sueños
con el nuevo comienzo,
un amanecer mañanero
donde no habita el tiempo.

Todo aquí está lleno,
no hay errores
ni aciertos.
solo hay camino
dentro del anillo divino
que quiere para ti mismo
lo que tú has elegido.

Se corrieron los visillos
desapareció el espejismo,
todo lo que veíamos
tenía que ser visto.

—Hay una enorme confusión
en lo que aparece en la visión,
mucho de ello es solo tensión
que genera desazón.

La vista es casi instinto,
un pequeño pedacito
de todo lo que percibo.

Y los ojos parecieron callados
al mirar sin espasmos,
estaban confiados
al ver ante lo opaco.
El panorama era claro,
por lo definido y manifestado.

Miraron y miraron
en primer plano
para ver milagros
entre lo diáfano.

Gracias a Karola G por la foto

Me transformo

Me transformo

Me transformo
ante la falta de protocolo,
al mirar aquel ser
que era como un olmo.

Me transformo al mirarte
a los ojos,
al ver una realidad desnuda
que se cuela entre la bruma.

Me transformo ante
lo que desconozco,
al mirar al último recodo,
al ver tu vacío trono
que se compone
con el cosmos,
porque es lo que somos
todos nosotros,
un conjunto de formas
en evolutivo contorno,
un esbozo,
un estornudo tras un sollozo,
y te escudriño la frente
del estirado entorno
en la firma del equinoccio,
y allí una alborada carcajada
se observa así misma
para iniciar la trama.
Una pintura lejana
que se originó en una playa,
como una membrana porosa,
ensimismada,
que explosionó
ante miles de miradas.

Yo me transformo
en un cuerpo
que reconoce con esmero
cual es el momento.

Eres el espejo
que pliega el intelecto,
un avance sincero
que busca su sueño,
como un ruego
en medio de lo quieto
cuando cae el velo
de lo entero. 

Y ahora puedes verlo
con todos sus desperfectos,
con un sabor intenso
entre lo que muerdo;
un cuento
sujeto al epicentro,
donde la vida
es lo que quiero;
porque soy eterno,
un reflejo
de lo que llevo dentro.

Como un sello
del escudo del cielo
que trae el dinero
y se regocija con lo bello.

Sigue tu camino con esmero
hacia el deseo,
con todos tus filamentos
y encarna tu talento,
entre el trueno
y los destellos
del rayo primero.

Yo me transformo
ante el despliegue sonoro
y los movimientos gaseosos
que tras muchos eones
definieron su contorno.

No quiero insomnio,
no quiero cloroformo
quiero ver con estos ojos
este mundo de plomo.

Gracias a Bluepaints por la foto

La rata cata-rata

La rata cata-rata

La rata cata-rata
vuelve a la carga
con su pro-rrata,
un ruido de fondo
que siempre está allí
como poso, muy hondo.

Se queja y se queja
de todo lo que 
le pasa por la cabeza,
de que si la realidad
no es lo que debiera,
que si su vecina
la trata como una cualquiera.

«Rata rata rata rata»
palabras enroscadas
que resuenan
como una campana.

Pero un día
coincidió con un brillo 
conocido como Alivio.
—Es usted muy vivo—
le dijo.
—Ya, es que no soy
lo que digo,
soy solo un atisbo
de un haz tranquilo,
está detrás de ese corrillo
de pensamientos sin sentido.
Un silencio convenido
entre tanto animalito.

Rata rata rata
—Pero ¿qué dice?
Todo suena excesivo.
¿Un todo no discursivo?,
¿un todo en el oído?.
¿Un postre sin membrillo
o filosofía del delirio?
Es usted un rayo acústico
que se cree el único.

—No se encontrará
perdida en el bullicio
ni el juicio
de todo lo percibido.
SI lo mira de lleno
verá que todo está vacío.

¿Rata?

Y la rata quedó callada
una larga temporada,
estaba ensimismada
mirando figuras lejanas,
no había voces en su testa
ni tanta cantinela;
solo había belleza
allá donde viera.
Toda la vida entera
sumida en una esfera,
un lenguaje de silencios
recubierto de arpegios
que fluía desde dentro.
Un idioma viejo
donde todo estaba quieto.

Y la rata y Alivio
se miraron por milenios
hasta llegar al comienzo,
todo tenía sentido
pues ya no había tiempo.

Y se fueron sin hablar
cada uno a su hogar,
un gran un mar
de enorme rata-quilidad.

Gracias a JonPauling por la foto

La canción del perdón

La canción del perdón

Veo en la penumbra
una mano que mece la cuna
y es taciturna;
hurga, hurga y hurga
en la herida profunda;
antes de la misa difunta,
antes de la angustia
antes de la mirada obtusa,
por más que mi cabeza barrunta,
conjunta y formula
son todo formas disolutas
en medio de la bruma.

Abro la mano
en busca de un milagro.
Está debajo de un manto
sumido en el barro
en medio del desgarro.
¿Qué paso hace tanto,
antes del muchacho
y del letargo?
Un espectáculo amargo,
una sensación de desamparo.

El cielo estaba oscuro y claro
con pájaros volando,
un canto y el dolor del parto,
todo se ovillea en un camastro,
un torrente magro
con deterioro de alabastro.

¿Y qué es lo que peca?
Penitencia en mitad de la miseria;
férrea sentencia
y congoja de la existencia.
¿Hubo consciencia, más allá
de la reincidencia…?
Pudo ser cualquiera
por eso te ocultas en la tierra
y te alejas de ella.

Dragones dorados
por siempre emancipados;
son semihados
montados por corsarios
al son de sus fuegos fatuos.

¿Cuál es el pecado?
¿Un delirio enajenado,
un comportamiento malsano?

…Era el momento
de la canción del perdón,
una oda en si menor,
un requiebro en el diapasón,
una atmósfera al por mayor.
“Pero mira al interior”,
me dijo una voz
en medio del dolor
y más allá del clamor.

Y vi un clima de verdor,
el lago de la relajación,
atisbo de última canción,
el verso de la visión
en el descanso del amor.

Es la canción del perdón;
suma de la acción
que amplía la división
en los espacios del reloj.

No hay miedo,
no hay pavor,
todo es sosiego
más allá del espesor.
Es la muerte del ego
cuando todo lo despejo
cuando vivo el desapego
y apenas hay enredos.

No hay nadie al timón,
solo el pico del ruiseñor
la mano del creador
y la mecha del calentón.

Y de pronto veo un rostro
que es como un muerto,
pero es un espejo
de todo lo que es ello,
no tiene miembros,
es como un poliedro
en movimiento
y gira sobre sí mismo
creando haces prístinos
una peonza cósmica
de luces multifórmicas.

Es el ser siendo
y allí me quedo…
en un ver viendo
corpúsculo de misterios
que emanan del viento.

Gracias por la foto a Pixabay.

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