Tierra de lagartos

Tierra de lagartos

Y me levanté en una explanada
llena de lagartos;
estaban todos tan hartos,
muchos eran mancos
y llenos de colores pardos.

Pero conocían la historia universal,
esa que nunca de acabar,
pues no tiene final:
la forma se disolverá
y la esencia quedará.

Y se abrió un claro
en medio del contingente
del que se desprendió la fuente
con palabras en lengua ardiente:

“¿A qué tanto miedo?
Ya has llegado a la puerta;
siempre estuvo abierta
por más que amaneciera;
así que ya, entra.”

Y vi la llave del universo
que en realidad estaba hueco;
era como un cuento,
una fábula o verso suelto;
un gran destello
que se deshacía en mis dedos.
La luz permanecía
y yo despertaba del sueño.

Y en la tierra reptil
habló el gran lagartero:
que se dieran las manos
y abrazarían el fuego,
y subirían por la escalera
que tocaría el cielo,
siempre claro,
muy cerca del suelo.

Gracias a Freephotos por la foto

La semilla del árbol

La semilla del árbol

La semilla de un gran árbol
pudo ver su sustrato,
era un gran prado
en medio de un bosque abovedado.

Y allí había una piedra verde
de varios palmos
que hacía estragos.

“No seas reincidente,
corazón doliente,
pues la vida
no es como un saliente;
no hay tanto dolor de vientre
ni temores latentes.

Eso es solo mente.
Dale la vuelta al torrente
y cuenta hasta veinte
y recorre la ladera
que no está en pendiente.”

Y abrazó a la madre
del corazón caliente,
pues ella era el ambiente
y todo el amor verde.

Y la semilla se hizo árbol,
y abrazó el bosque de sus hermanos:
abetos, alcornoques o naranjos
que dormitaban
en medio del prado.

Gracias a jeff king por la foto

El planeta Mariano

El planeta Mariano

Y vi un planeta lejano
que vivía como un relámpago,
se llamaba Mariano
y saltaba al increpar a los astros:

“¡Canastos!
Son todos tan altos
y tan relumbrados;
y yo aquí pequeño
y apartado
en una molécula
que no es de mi agrado.”

Y le habló Pratos,
una fuente de energía
del octavo meridiano:

“No eres pequeño,
ni estás en el ocaso;
no hay que llevar cuidado
ni vivir enajenado
por lo que no ha ocurrido
y ni siquiera ha pasado.

Te excedes, Mariano,
vives la vida
dos segundos adelantado,
entre el suspiro
y lo respirado.

Olvidas el castillo dorado
que nace del presente
y de lo que es dado,
¿no ves cómo emerge
al estar confiado?”

Y Mariano se propagó
a un puñado de átomos
y construyeron una constelación
que se veía en todo el plano.

Era de color azul
incluso anaranjado
y todos estaban relucientes
en ese espacio relajado.

Gracias a Daniel Olah por la foto

Kasandra, la garrapata

Kasandra, la garrapata

Y vi una garrapata
llamada Kasandra
que juzgaba sentada
todo lo que pasaba:
“Por allá va una gata
que tiene mala cara;
por ahí un centauro
un poco atolondrado”.

Hasta que apareció un rayo
de color cobalto
para hacer saltar
a los Hados despistados:

“Somos solo uno
pues no falta ninguno,
solo hay un susurro
pequeño y diminuto.

Pero somos tan grandes
como un gigante;
estamos en todas las células
que parecen trémulas
y en todas la cuerdas
que cubren la materia.

Así fue al principio
desde que éramos chiquitos
pues todos somos padres
y todos somos hijos.

Solo hay un hecho
y es que estamos vivos”.

Y los juicios dejaron
de ser ciertos
y se perdieron
en un mantra de queroseno.

Y la garrapata se hizo
otra cosa;
luz de vida
en una gran pira.
Y un gran destello
en todo el firmamento.

Ya no había ni antes,
ni luego,
solo un susurro
en pleno apogeo.

Gracias a Erik_Karits y ersi por las fotos.

Comunión de astros

Comunión de astros

Y los astros reían
detrás de la cortina
con sus caras alegres
y sus luces amarillas.

Algunos llevaban levita
y otros pajarita,
una comparsa infinita
que avanzaba en comandita.

Y en esto habló Bociferón,
todo un benefactor,
un astro candente,
un poco imprudente:

“Ha llegado al ocasión
de conocer la platea,
donde cuelga el cinturón
de todas las estrellas.

Algunas son esbeltas,
otras pequeñas,
otras un primor
de la universal audiencia.”

Y llegaron Satiricón
y su novia Galatea,
una bulliciosa pareja
de jóvenes azuleas.

Soltaron chispas de tornasol
sobre las pelambreras
y el cielo se apagó
con suma sutileza.

Habían abrazado el jergón
de la noche trémula:

“La realidad es del que sueña,
del que pasa la noche en vela,
del que abraza el porvenir
y todas las estrellas.

Así ha sido desde el armagedón,
con sus largos etcéteras
donde hubo una explosión
en la noche somera.”

Y los astros bailaron en el estertor
de la realidad revuelta
que era un caldo en ardor
de la imagen primera.

Estaban todos,
del primero al mayor
hasta la enana más pequeña,
clamando en aluvión
que nada es posible que muera.

Gracias a geralt por la foto.

Viaje al corazón

Viaje al corazón

Y vi un terreno árido
lleno de piedras,
poblado por sátiros
y criaturas horrendas.

Vertían sonidos ácidos
al trabar sus lenguas,
una especie de cántico
que embriagaba las tinieblas.

Y vi una figura quimérica
llamada Selena
una amazona helénica
con patas en vez de piernas.

Y me tiró una flecha
que alcanzó una de mis venas
para abrir una realidad paralela
digna del que sueña.

“La realidad no es huérfana,
ni si quiera está en guerra,
es solo tu cabeza,
que libra está última batalla
de forma crudenta.

No hay canción escéptica,
ni religión hermética;
son solo tendencias
e improntas congénitas”.

Y desperté entre criaturas muertas,
solo veías sus cabezas
y rotas cadenas.

Pero a más de un kilómetro
había un estanque vidrioso
que era de color verde,
del mismo color de la fuente.
Y estaba repleto
en el centro de mi pecho

Y entonces me habló:

“Soy pleno amor,
en cada momento;
no hay escisión
ni abatimiento,
pues no hay yo
ni tampoco ego.
Solo luz interior
y puro destello
que rompe la dimensión
y el sentido del tiempo.”

Y pasé entre los centinelas
que reinaban en mi cabeza
a una realidad superior
que solo era querencia.

Gracias a acherrymind por la foto.

Siente tu Anahata

El profeta y las estrellas

El profeta y las estrellas

Y vi una abstracción
a través de la puerta
era una superposición
de un antiguo profeta.

Se llamaba Amarón,
el rey de los ascetas
y me dijo con decisión
y también con cautela:
“No hay lugar para el terror
sino para que creas.

Mira el espacio exterior,
con todas sus estrellas,
son solo una composición
de una vasta acuarela
que se origina de la fusión
de toda la paleta.

Sigue el hilo conductor
que nace de tu cabeza
en dirección al sol
que ahora te conecta.

Eres uno con la visión
y con todas las esferas,
todas en plena ascensión
y con plena consciencia
siempre en ebullición
como la cola de un cometa.

Y cuando no haya relumbrón,
cuando ya no sientas
mira en tu interior
la novena puerta.

Esa que puso Dios
con sus huellas,
para torpedear el guión
de esta comedia.

No hay sol,
no hay estrellas,
solo una ficción
entre varias escenas.”

Y vi al creador
con la puerta abierta
reía con satisfacción
entre toda la materia.

Gracias a Sinousxl por la foto

La hoja verde

La hoja verde

(Y MADRE TIERRA)

Y vi una hoja verde
que hablaba con los grillos
y también con los felinos;
tenía matices de Corintio
y una voz de pito;
y con un redoble trino
susurraba a gritos:

“Soy el ojo del huracán
que conoce a los ancestros
pues soy amiga de los abetos
y de todos los esqueletos.

Murieron hace milenios
y ahora están muy quietos
siempre sobre en un ruego
que se sumerge en el suelo”

Y la tierra se abrió
y me mostró un agujero
que no era yermo;
tenía una tablilla
escrita con mis siglas.

Y allí estaba madre tierra
con su figura descubierta,
tenía la mano abierta
y en ella había una promesa:

“No es el tiempo
lo que te preocupa,
sino que ya no eres oruga;
tampoco tienes arrugas,
se acabaron las excusas”

Y anduve por el camino de los árboles
como si estuviera en trance,
estaba hecho de sueños y despertares
que brillaban entre los maizales.

“Esta es tu nueva figura
que vive de la escritura,
ya no hay lucha,
sino suma holgura.

Así que escucha,
no hay campos invernales,
solo dorados trigales.
Coge tu pluma,
esa que susurra
nuevas realidades
y despliega tu arte”

Y miré a la hoja verde
que cantaba un sainete,
estaba contenta
encima de la maleza,
hacia el pino
y susurraba a los grillos
y de vez en cuando
soltaba algún grito.

Gracias a Mathijs Delva por la foto

La larva Matilda

La larva Matilda

La larva Matilda
nació de una gran sonrisa
y cerca de una misa;
siempre con tanto carisma
y con mucha prisa.

Hasta que un día
se encontró con un polilla
llamada Artemisa,
que le dijo que
solo entendería el mundo
tras salir de su capullo.

Y ella le preguntó,
no sin cierto orgullo,
¿Dónde está el truco?

“Tras la envoltura de lo absoluto,
que te acerca a lo tuyo,
hacia tu propio curso
y a lo que no es insulso”

Y cerró los ojos
y así lo dispuso,
se rodeó de humo
y de ramas de musgo;
palpitó en lo curvo
y en lo que es uno,
envuelta entre susurros
durante un par de lustros.

Y cuando volvió a nacer,
cuando ya no se contuvo,
no era un gusano diminuto,
sino una mariposa
que volaba sobre la prosa
y sobre los cielos,
sobre todo un enjambre
hecho con los dedos.

Y acarició los abetos
y todos los pétalos,
pues era un verso suelto
que entendía los cimientos.
Y cantó un minueto
y se bautizó como Marisa
por sus alas exquisitas.

Muchas gracias a Alfred Schrock por la foto

Me encontré con Madre Tierra

Me encontré con Madre Tierra

Y vi a Madre Tierra
a través de la pradera,
entre toda la maleza
y en medio de la selva.

Y era tan bella,
con sus rasgos de piedra
y sus surcos de madera
y todos esos encajes
que estaban hechos de hierba.

Y llegué hasta sus caderas
que habían alumbrado el mundo
con un gemido agudo
y ahora desataban los nudos.

Y me extendió una mano
en forma de lago
que olía un poco a barro.

“Has venido, por fin.
Te he estado esperando
durante un par de años.
Ahora que ya nos vemos
deberías estar contento,
has roto tu credo
y aceptado lo concreto,
todo lo que tiene forma
y lo que se da ahora.”

“Pero tengo miedo
a lo incierto,
a lo que inicia el movimiento
y sale de dentro.”

Y me susurró al oído
un canto primitivo
de poder amarillo
para andar el camino
y abrazar mi destino.

“Yo en ti, confío.
Me eres tan querido
como todos mis hijos.
Por eso os cuido
y os doy abrigo.”

Y abrió sus entrañas
y me mostró su corazón olivo
de un verde calipso.
¡Tenía tanto cariño!
Un gran río compasivo
que te llenaba de estío,
de brío y mucho poderío.

Gracias a Quingbao Meng por la foto

¡Gracias Madre Tierra!

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