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Mes: noviembre 2018

Vuela paloma Vuela

Vuela paloma Vuela

Vuela paloma vuela,
vuela alto
más allá de las azoteas,
más allá de los tejados,
donde están las nubes
vestidas de blanco,
hacia los mirlos
que ya están sentados.

Vuela Paloma, vuela,
vuela hacia el ocaso
más allá de las esferas
y del cielo olvidado,
más allá de la tierra,
más lejos de Urano,
donde están las galaxias
que son polvo estrellado.

Vuela Paloma, vuela,
vuela hacia al anciano,
ese montado en una garza
y sobre un péndulo dorado,
que contiene todas las almas
en la palma de su mano
y que hará una pirueta
justo antes del colapso.

Vuela paloma, vuela,
vuela y no pares,
tú sigue aleteando
que pronto no habrá nada
y todo el cielo será claro.


Gracias a MK817 por la foto.

Flores y noche

Flores y noche

Sigo avanzando entre las sombras
y entre tu piel morena
que es como un espejo
al reflejo de las gardenias
que ascienden por tu espalda
y hasta por tu pecho,
como flor de albahaca
y margarita tierna.

Pero solo el roce abre los capullos
antes de la primavera,
como una rosa santa
que busca tu cadera.
En ella estas los lamidos,
en ella están las camelias,
llenas de jardines
y de madrigueras
que pugnan por acariciar tu lirio
más allá de la sierra.
Es una vuelta al camino,
es una vuelta a la frontera
donde arden los matojos
y se revuelven las azucenas.

Y en el clamor del brillo,
en medio de la selva
solo escucho los gritos
de la madre tierra,
que acaricia tus piernas
y toda tu melena
que se revuelve al viento
a base de pellizcos
y de fresas,
para cantar en vilo
una sonata francesa
que rezuma vino
y colores magenta.

Y en el clamor del rito
en esta velada siniestra,
te levantas como un mimo
entre las tinieblas,
para recorrer los olivares
del manto y del delirio
con tu piel tersa,
esa que esta desnuda
esa que está hambrienta,
que se alimenta de graznidos
y de lecha fresca,
dejando tras sí aromas de comino
y de pimienta.

Y tu pechos levantan el aire
y acarician la tragedia,
pues son macizos del olvido
en Sierra Morena
que nutren a los grillos
y a las moreras,
que ahora están llenas de barro
allá, en mitad de la pradera.

Y al torcer la noche negra,
vuelves a la cama
con la boca torcida
y las palabras densas.
Tus ojos son los de un albatros
que claman como un centinela
al placer de las garzas
y al equinoccio de la entrepierna.

Pero no ha acabado la contienda
¡Aún no me has vencido,
noche pasajera!
Veremos qué trae el mañana consigo,
veremos si trae la luna llena
con esas veladas de martirio
y esas caricias somnolientas.

Gracias a PublicDomainPictures por la foto

La música del mar y la ola gigantesca

La música del mar y la ola gigantesca

Remo y remo entre las sombras,
en medio de la tormenta,
donde no hay veleros
ni catamaranes,
solo corrientes y orquestas.

Está lleno de retazos crepusculares
y recuerdos de grandes gestas,
cuando el hombre combatía los mares
y escuchaba cantos de sirenas.
Pues no había abismos ni clanes
sino notas de música Celta
que bañaban todos los mares
con matices de argenta.

Y ahí se fundía todo el oleaje,
con sus mareas de viento
y sus cuartetos de cuerda,
que como gaitas llamaban a barlovento
con esas notas gallegas
para confundir al tiempo
y llenarlo de grietas.

Ya es todo una circunferencia…
Lleno de valles y crestas
donde no hay horizonte
sino miles de horas inciertas,
que crean un punto de anclaje
y todo lo rodea…

Ya no hay mares ni océanos,
sino una ola gigantesca
que se da forma así misma
como dos corvinas siamesas.
Y recubre esos océanos
y todas sus aletas
de un color plateado
con tonos violetas…

Y ya oigo de nuevo…
El recuerdo de un nuevo mundo
y el sonido de las goletas,
que con miles de carabelas
confunden a las mareas
y al agua espesa.
Es el comienzo de una era
con notas de silencio
y arreglos de orquesta.

Gracias a NeuPaddy por la foto

El calamar marino

El calamar marino

Bajé a las profundidades,
en medio de la mar
por miedo a las autoridades
y me encontré un calamar.

Era un bicho gigante,
un octópodo descomunal,
una morsa de las de antes
que se movía de aquí para allá.

Me miro beligerante,
con un desprecio sin igual
y le arreé un entre sus partes
una patada virginal.

El cambio el semblante,
morado cual caballito de mar;
y me enseñó sus fauces
antes de ponerse a llorar.

Se retorcía menguante
cerca de la fosa abisal,
llamando a su madre
y gritando que se iba a desmayar.

Y entre medias llegó un bogavante;
con bigote y gafas de bucear,
un crustáceo esquivo y parlante
con ganas de conversar.

“¿Qué ha pasado aquí joven?
Veo signos de malignidad,
¿No le habrás golpeado bajo el abdomen,
justo en medio de la castidad?”

“Fue fuego, calentón del momento,
un reflejo tropical.
Un puntapié lleno de nervio
que se me escapó al nadar.”

“No puede ser, chico, no miento,
¡Este pulpo está bastante mal!
Quizás haya que ponerle un injerto
en las marismas del puntal.

Y no digo que no mereciera un escarmiento,
un castigo de ultramar,
pero le diste con tanto acierto
que por poco lo abres en canal.”

Y de pronto surgió una sirena
tras los mares de coral,
que en las aguas movía su melena
de delante hacia atrás.

Era una belleza ingenua,
una ninfa de la profundidad;
venga aletea que aletea
que empezó a susurrar.

“Yo le pondré un ungüento
de algas y azafrán;
y él se pondrá tan contento
como un cormorán.

Y bailaremos por los océanos,
felices como el caviar,
y nos daremos besos huérfanos
hasta no poder más.

Y el recuperará todo su afecto,
en las artes del amar,
hasta convertirse en un portento
y un gran capitán.”

Entonces se mojo la escena,
la policía empezó a disparar,
y el calamar se fue con la morena
entre las olas de sal.

Gracias a MartinStr por la foto.

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