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Juan Pablo El Sastre

Juan Pablo El Sastre

Juan Pablo el Sastre
contaba el relato de existencia
que rondaba por su cabeza:
que si era efímera…
que si era esquiva…
que si llegaba a cansarte
hasta hacerte cadáver…
pues todo era vacío
y completamente anodino…

Y así zurcía su hilo
ante semejante descosido
para coserse un chaleco divino
de lustrosa seda y hilo
que ponerse los domingos
antes de ver a Dionisio.

Pero lo que no sospechaba
es que sería testigo
de lo inabarcable y positivo,
todo un sinsentido
más allá del raciocinio,
en medio de aquella amalgama
que superaba la nada.

Y sintió nauseas…
Y siguió tejiendo
ante aquel remiendo
que sacudía el ingenio.
Las palabras tropezaban
en el hiato de los milenios
y la boca se empequeñecía
ante el final de la desdicha.

No había criatura
ni contorno ni figura,
perdida la mirada objetiva
en las paredes de la alquimia
¿Moriría la filosofía
en el recodo de la alegoría?
¿Cómo explicar un pensamiento
en el espectro de lo quieto?

Y siguió tejiendo y tejiendo,
ya no un chaleco
sino un americana
y un pantalón de feltro.

No había entierro
ni se fingía ya muerto,
el hilo traspasaba el cuerpo.
Había zurcido con esmero
un alegato de queroseno
que derretía el tiempo.

Ya no había nausea
había encontrado la causa
que le vestiría de letanía
en las mañanas vespertinas,
un flujo de evidencias
en las estrías del galimatías.

Y nada más despertar
corriendo se fue a buscar
a Simone al Bulevar.
Por el Sena pasearían
el resto de sus vidas.
Un torrente de alegría
en la mirada parisina,
una fábula modista
de tejido existencialista.

Muchas por la foto a 12019

Regalos y consciencia

Regalos y consciencia

Y crucé el decorado
que había tras los astros,
estaba lleno de regalos
lustrosos y dorados
y cantaban un estribillo
tan luminoso como el trigo:

“Estás llegando a la fuente
pero has de ser puente
entre lo omnisciente
y la gente corriente.
Todos somos lo mismo.
Pero hay que escuchar el silbido,
ese silencio primitivo
por donde todo ha venido;
ese que es la cueva
y la suma consciencia.
Un vacío antiguo
que no tiene enmienda
ni tampoco cadencia,
se escucha en la presencia
en esta coincidencia
que todo entremezcla.”

Las notas se repartían por mi oreja
junto con toda la clarividencia,
canción para los ascetas
y refugio de anacoretas;
veía la luz llegando a la tierra
como un cometa,
fulgor de la primera tecla
del sonido de la esencia
que cubría esta pequeña siesta.
Pues nos fuimos a dormir
antes de la incandescencia,
cuando no había estrellas
ni complicadas ideas
solo pertenencia
y sentido de existencia.

Pero la vida es experiencia
Así que tuvo lugar la explosión primera,
sobrevino la inercia
y con ella inconsciencia.
Se formaba la materia
llena de consistencia.
Pero la presencia
se buscaba con querencia,
entre eones y apagones,
entre cuásares y soles,
y tras animales y flores
por fin llegó al hombre.
Erguido sobre las dos piernas
al inicio de la primavera.
Un nuevo orden
que encontraba los albores.
Una nota distinta
que se escucha a así misma
y que rodea un mundo hecho trizas
pero solo en apariencia
de lo que no tiene consciencia,
pues debajo hay una pista
que te lleva a la música
de la realidad última.
Justo en este segundo
todo se escucha al unísono.

Y vi todos los regalos
que llegaban en un carro
con esfuerzo recolectados.
Y abracé los astros
que eran parte del decorado.

Gracias a ErikTange por la foto

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