Animales de poder, animales en tu ser… Nuevo episodio de Paseos Primitivos… sobre el salvajismo, las fieras que habitan en tu interior, los animales que rugen… la quietud, el bálsamo y el estanque… con mucho humor absurdo y mucha poesía y con la vuelta del gran Paulino tras su paternidad…
Y si queréis hacer algún comentario, hacernos existencial o compartir alguna anécdota paralizante podéis hacerlo siguiente email: cantosprimitivos@gmail.com
Y vi un terreno árido lleno de piedras, poblado por sátiros y criaturas horrendas.
Vertían sonidos ácidos al trabar sus lenguas, una especie de cántico que embriagaba las tinieblas.
Y vi una figura quimérica llamada Selena una amazona helénica con patas en vez de piernas.
Y me tiró una flecha que alcanzó una de mis venas para abrir una realidad paralela digna del que sueña.
“La realidad no es huérfana, ni si quiera está en guerra, es solo tu cabeza, que libra está última batalla de forma crudenta.
No hay canción escéptica, ni religión hermética; son solo tendencias e improntas congénitas».
Y desperté entre criaturas muertas, solo veías sus cabezas y rotas cadenas.
Pero a más de un kilómetro había un estanque vidrioso que era de color verde, del mismo color de la fuente. Y estaba repleto en el centro de mi pecho
Y entonces me habló:
“Soy pleno amor, en cada momento; no hay escisión ni abatimiento, pues no hay yo ni tampoco ego. Solo luz interior y puro destello que rompe la dimensión y el sentido del tiempo.”
Y pasé entre los centinelas que reinaban en mi cabeza a una realidad superior que solo era querencia.
Y del horizonte bajó un ratón con chaleco y espuelas al que todos llamaban Monseñor por sus sagaces respuestas.
Larga era su lengua y aún más sus ideas, no había tregua si dialéctica era la pelea. Tal era su rigor, tal era su destreza que daba igual el tema ya fuera Kórsakov o la vida de Ana Bolena.
Pero estaba cansado de tanta confrontación y de tantas estratagemas. Quería ver más allá de la razón y debajo de los esquemas.
Así una noche bajó del balcón y se fue por la arena para ver al maestro Aquelón de las letras y los fonemas.
Nada más verlo se deslumbró por su reluciente estela y pensó que era un dios que lo convertiría en piedra.
Solo fue una emoción, una duda pasajera hasta que el maestro alzó la voz y monseñor le vio las muelas:
“No tema, Monseñor, no tema. De verdad, no hay dilema. Solo buscas la visión que trasciende los teoremas.
No hay prisión, ni tampoco ratonera, solo formas a la sazón que danzan a tu vera.
Te parecerá una complicación incluso una bagatela; pero es como un doblón entre mil monedas.
Solo mira el interior y no tanto hacia fuera y por fin verás el sol junto a la luna llena.
Todo tiene una explicación, todo tiene su cadencia, pues no hay mayor posesión que el tiempo y su inexistencia.”
Y allí quedó Monseñor sentado en su presencia mientras giraba el reloj sin que se diera cuenta.
Y por fin se hizo mayor y mucha fue su experiencia cuando pudo mirar al sol en toda su esencia.
Y miré profundo en la tierra para ver la imagen de mi conciencia. Estaba allí prieta, despierta, haciendo un juego de manos frente a una estafeta.
Y me marcó un camino de piedras, todas de colores y algunas negras, que hacían un círculo al final de una escalera. Así que subí por ella, hacia el cielo dando saltos con las piernas. Y vi la imagen de una verbena de espíritus de la trastienda, todos vestidos en plata en pos de una quimera.
Y me cantaron: “Deja ya las bagatelas, y anda por la hacienda que está llena de riquezas y de muchas otras fiestas”
Y alcancé el sol con un mestizaje de epopeya; y muy dentro, en su interior vi una luna repleta. ¿Cómo era esto posible? ¿Es posible que no entienda? Y se unieron los dos como si fueran una pareja. Una fusión del fulgor que rompía las barreras. No había ella, no había yo, no había armazón, ni tampoco esquema. Solo una luz multicolor que coloreaba la escena.
Y estábamos todos en la visión, todos en la trastienda. Éramos todos el mismo ser; una única consciencia, que estaba hecha de amor y nutría la existencia.
Y extendí un dedo y noté todo su calor del brazo a la cadera y lo sentí en mi interior desde épocas pretéritas. Nunca me había abandonado nunca vagué por cuenta ajena. Toda la separación era una ficción construida por mi cabeza. Y allí en mis venas encontré toda la creación desde la luz del sol hasta el rostro de la luna llena.
Un topo decidió asomar la cabeza pues tenía mucha destreza y lo que allí percibió, la verdad que fue desolador.
Un mundo mugriento, un mundo precoz donde todos los habitantes trabajaban de sol a sol. Encerrados en cajas, perdidos en su dolor, como una marea nauseabunda de esclavos de Tutankamón.
¿Y qué ha pasado desde que se esfumó el amor? Si antes estaba por todos lados hasta el último rincón, brincando de un lugar a otro como una iguana o un tejón. Era tan verde y rosado entre notas de corazón, que se destilaban en el pecho antes de darle un toque azulón. Así que salió de su cueva y de verdad que cantó, cantó por toda la tierra con su voz de tenor y se le unieron unas soprano que salieron de un radiador unas ranas saltarinas que también tocaban el acordeón. Y allí montaron una orquesta y leyeron un pregón que decía algo así: no solo salgas de juerga y mira el interior que es allí donde está la fiesta y el sonido del tambor. Allí donde baila la pantera con ritmos de color una balada de silencio que culmina este clamor.
Y la tierra empezó a sanar pues ya había pasado el monzón, había llorado sobre la hierba y liberado su dolor. Cósmica era la pradera más alto su fervor, pues el topo había visto la morera que habitaba en su interior.
Emociones de cuarentena II (Hace 6 días)
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