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Etiqueta: Ego

La canción del perdón

La canción del perdón

Veo en la penumbra
una mano que mece la cuna
y es taciturna;
hurga, hurga y hurga
en la herida profunda;
antes de la misa difunta,
antes de la angustia
antes de la mirada obtusa,
por más que mi cabeza barrunta,
conjunta y formula
son todo formas disolutas
en medio de la bruma.

Abro la mano
en busca de un milagro.
Está debajo de un manto
sumido en el barro
en medio del desgarro.
¿Qué paso hace tanto,
antes del muchacho
y del letargo?
Un espectáculo amargo,
una sensación de desamparo.

El cielo estaba oscuro y claro
con pájaros volando,
un canto y el dolor del parto,
todo se ovillea en un camastro,
un torrente magro
con deterioro de alabastro.

¿Y qué es lo que peca?
Penitencia en mitad de la miseria;
férrea sentencia
y congoja de la existencia.
¿Hubo consciencia, más allá
de la reincidencia…?
Pudo ser cualquiera
por eso te ocultas en la tierra
y te alejas de ella.

Dragones dorados
por siempre emancipados;
son semihados
montados por corsarios
al son de sus fuegos fatuos.

¿Cuál es el pecado?
¿Un delirio enajenado,
un comportamiento malsano?

…Era el momento
de la canción del perdón,
una oda en si menor,
un requiebro en el diapasón,
una atmósfera al por mayor.
“Pero mira al interior”,
me dijo una voz
en medio del dolor
y más allá del clamor.

Y vi un clima de verdor,
el lago de la relajación,
atisbo de última canción,
el verso de la visión
en el descanso del amor.

Es la canción del perdón;
suma de la acción
que amplía la división
en los espacios del reloj.

No hay miedo,
no hay pavor,
todo es sosiego
más allá del espesor.
Es la muerte del ego
cuando todo lo despejo
cuando vivo el desapego
y apenas hay enredos.

No hay nadie al timón,
solo el pico del ruiseñor
la mano del creador
y la mecha del calentón.

Y de pronto veo un rostro
que es como un muerto,
pero es un espejo
de todo lo que es ello,
no tiene miembros,
es como un poliedro
en movimiento
y gira sobre sí mismo
creando haces prístinos
una peonza cósmica
de luces multifórmicas.

Es el ser siendo
y allí me quedo…
en un ver viendo
corpúsculo de misterios
que emanan del viento.

Gracias por la foto a Pixabay.

El estanque

El estanque

Veo un estanque
lleno de animales,
algunos son aves rapaces,
otros caimanes
de largos dentajes
y mordeduras centelleantes,
pero delante
de esta imagen
solo percibo
un miedo constante;
un pensamiento proyectable
que está desde antes,
desde los comienzos,
desde que estaba en aprietos,
cuando era un ser inquieto
siempre dispuesto
a salvar el pellejo,
¿Pero que es el ego
si no aferrarse al miedo?

No es una salvación
solo una ficción,
donde me quedo quieto
y ya no crezco…

«Da un paso a lo incierto,
a lo que está a ras de suelo,
la vida que ya no es hueso,
la vida que no es mausoleo;
la vida del dividiendo
y del yo apuesto,
del me muevo con esmero
y no solo soy eso.

Y me quité la ropa
para zambullirme en el estanque;
no había nadie,
no había males
ni innecesarios avales,
solo criaturas afables:
ranas, corzos o alces,
allí recostados
haciendo las paces.

Y emergió una voz
llena de coraje,
era como una percusión
de alto voltaje,
misericordia,
sonidos audaces
sumidos
en la más alta clave.

No había criaturas
y no había arrugas,
no había calumnias
ni misa difunta,
todo era la misma
mano que mece la cuna,
con su arbitraje
y su tutelaje,
no había preocupación
ni ninguna tensión,
remanso de percusión
y sinfonía de amor.

“Respira, respira
estira los tirantes,
para que toque
todos los estanques.
Es una bocanada hermosa,
que cuanto más la in-bocas,
más se hace redonda,
como una bola,
como bolsa,
toda ella, toda…

Gracias a Kathy_Büscher por la foto

El huracán

El huracán

Y veo un huracán
que nació en Riomar
y se lleva por delante
a todos los «bioandantes».

Y mueve la maleza
como si fuera una orquesta
y todos los pinos
que son presa del delirio.

Y huracán ruge entre timbales
con fogonazos estivales
y rompe los edificios
aventurando los peores auspicios.

Y surge una estrella
en medio de la tragedia,
una especie de hilo
donde asoma lo divino.

“¿Qué haces fuerza del viento?
¿Por qué rompes los cimientos;
esperas el advenimiento,
o solo eres un poseso?”

“Es mi destino destruir todo
hasta que solo quede lodo,
remover la tierra
sin propósito de enmienda.

Es solo una limpieza
por una nueva era,
que ahora comienza.»

Y el huracán siguió rugiendo
pues era puro movimiento,
un nuevo renacimiento
que libraría por milenios
de las estructuras del ego.

Habría que ir muriendo
para no aferrarse a nada
y encontrar el sosiego
que nace de dentro.

Gracias a waqutiar por la foto

Ajedrez

Ajedrez

Y me comieron un peón
que me generó desazón,
cuando quería hacer mella
en la enemiga fortaleza.

Había perdido un cabezón
que en medio del estertor
gritaba en su recuadro bicolor:

“Yo no quería esta distinción
de tan ambiguo color;
quería ser amigo de los caballos
y de todos los establos.
De los diagonales alfiles
con todos sus deslices;
y del rey y la reina;
más allá de sus estratagemas.

Pero aquí me hallo,
en medio del asalto
del último cuadrado.

Realmente no había batalla
ni gambito de dama,
una gran contienda
repleta de extrañezas.

Es todo un juego
donde gana el ego.
No hay blanco o negro
si es todo un sueño,
ni tampoco enroque
pues es cuestión de enfoque.
Ahora no estoy muriendo,
¿Cómo podría si
no tengo cuerpo?

Y volví al tablero
que era multicolor,
no había torre
ni peón,
solo diversión,
en un gran juego
que me hacía
de espejo.

Gracias a Rodrigo Perez por la foto

El Mito de Prometeo

El Mito de Prometeo

 Mira…

Se escapa como un reo,
con un chispa entre las manos,
la llama hija del fuego,
secreto humeante de los arcanos.

Es el magma candente del deseo,
la pira mortificante de los humanos,
ira del Olimpo y del Ateneo
que abre las puerta de Jano.

Y entonces…

Nos entregó la caja de los truenos
y la piedra de los milagros;
una ventana para mirar al infierno,
una escalera para bajar el Tártaro.

Letras fogosas que huyen del ruego,
palabras que se esconden de los salmos,
pues convierten a los hombres en efebos
y queman en carne a los paganos.

¿Y dime, cuál fue tu pecado Prometeo?
¿Cuál fue tan vil acto,
que tiene tan lejos del Mar Tirreno
atado a las paredes del Caúcaso?

De un ave eres su prisionero,
esa que te arranca el hígado y el bazo,
un pájaro de mal agüero,
un reflejo de la sombra y del pecado*.

¿Pero es la llama origen del estruendo?
¿Es el fuego culpable del fogonazo?
¿Dónde se inicia la chispa del tormento
que mantiene el juicio chamuscado?

Quizás…

Es la visión naranja del yo quiero,
que derritió a Adán frente al manzano,
la sombra abrasiva del ego
de la que ninguno nos libramos.

Mírala desde lejos
como una fogata hacia los Cárpatos.
Pues no hay calor, ni cielo,
solo llamas en el ocaso.

*Pecado como dualidad
Gracias a Alexas_Phtos por la foto.