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Etiqueta: tiempo

La música del mar y la ola gigantesca

La música del mar y la ola gigantesca

Remo y remo entre las sombras,
en medio de la tormenta,
donde no hay veleros
ni catamaranes,
solo corrientes y orquestas.

Está lleno de retazos crepusculares
y recuerdos de grandes gestas,
cuando el hombre combatía los mares
y escuchaba cantos de sirenas.
Pues no había abismos ni clanes
sino notas de música Celta
que bañaban todos los mares
con matices de argenta.

Y ahí se fundía todo el oleaje,
con sus mareas de viento
y sus cuartetos de cuerda,
que como gaitas llamaban a barlovento
con esas notas gallegas
para confundir al tiempo
y llenarlo de grietas.

Ya es todo una circunferencia…
Lleno de valles y crestas
donde no hay horizonte
sino miles de horas inciertas,
que crean un punto de anclaje
y todo lo rodea…

Ya no hay mares ni océanos,
sino una ola gigantesca
que se da forma así misma
como dos corvinas siamesas.
Y recubre esos océanos
y todas sus aletas
de un color plateado
con tonos violetas…

Y ya oigo de nuevo…
El recuerdo de un nuevo mundo
y el sonido de las goletas,
que con miles de carabelas
confunden a las mareas
y al agua espesa.
Es el comienzo de una era
con notas de silencio
y arreglos de orquesta.

Gracias a NeuPaddy por la foto

Conversaciones con el tiempo

Conversaciones con el tiempo

Me levanté tras mucho vino
con la boca llena de larvas,
todo el traje roído
y sin poder usar el habla.
Estaba entre las matas y los pinos,
bien pasado el alba,
con barro en los tobillos
y arena en las mangas;
me salían murciélagos del ombligo
y piedras de la cara,
ya apenas escuchaba sonido
y tampoco ninguna palabra.

En medio del vacío…

Todo eran sombras sin sentido
que reptaban en nirvana,
amigos del delirio
y transeúntes del Karma.

Y extendí un dedo corrosivo
en medio de esta charada,
una especie de ruego anfibio
que iba más allá del dharma.
Y encontré al tiempo altivo,
vestido con sus mejores galas,
como una antiguo capitán de navío
que nunca suelta amarras,
ese que dominaba el destino
y los ritmos de la espada.

Y le pregunté,
Ay, tiempo, amigo mío
¿Por qué el agua me sabe amarga?
¿Es este el libre albedrío,
que está lleno de cataratas
o son las mentiras del Calvino
que se confunden con la mar salada?
Pues solo veo un ovillo
enredado como un mantra,
donde es imposible encontrar hilo
y mucho menos la calma.
¿Serán tus mareas un silbido
escondido entre tus baladas,
una especie de pez martillo
que grita por las mañanas
y que solo puede ser oído
tras el desembarco de las fragatas?

… Pero un silencio salino…
ya se escucha en las playas…

Y por fin llegué a Paramaribo,
donde la arena era naranja,
con los costados amarillos
y la respiración prana.

Y el tiempo se ha había escondido
de las escuchas y las miradas,
pues solo era un mito
que se reflejaba en el agua clara;
un cuento para los vivos
que resuena con la marejada.

(No hacia falta ni silencio, ni grito,
ni ademanes, ni palabras;
solo un tranquilo respiro
lleno de cantatas)

Gracias 851878 de Pixabay por la foto.

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