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Etiqueta: mente

La semilla del árbol

La semilla del árbol

La semilla de un gran árbol
pudo ver su sustrato,
era un gran prado
en medio de un bosque abovedado.

Y allí había una piedra verde
de varios palmos
que hacía estragos.

“No seas reincidente,
corazón doliente,
pues la vida
no es como un saliente;
no hay tanto dolor de vientre
ni temores latentes.

Eso es solo mente.
Dale la vuelta al torrente
y cuenta hasta veinte
y recorre la ladera
que no está en pendiente.”

Y abrazó a la madre
del corazón caliente,
pues ella era el ambiente
y todo el amor verde.

Y la semilla se hizo árbol,
y abrazó el bosque de sus hermanos:
abetos, alcornoques o naranjos
que dormitaban
en medio del prado.

Gracias a jeff king por la foto

El diamante iluminado

El diamante iluminado

(De diamante aprendiz a iluminado)

Habíase un diamante
pequeño y corrosivo
que todo el mundo
llamaba Benito.
Era muy digno,
incluso fiel amigo
pero de vez en cuando
perdía los estribos.

Un día paseando
por una charca,
puso su mirada
en un alga
y lo que allí vio
realmente le sorprendió.
De ahí nacía la calma.

Así que se zambulló
en el agua
y buceó hasta los corales
y estos le contaron
el secreto de los metales.

“Sabemos de la transmutación
y de las piedras preciosas;
aquí no hay confusión
pues solo existe un cosa.
Si puedes ser todo
y a la vez ser parte
pronto convertirás en oro
hasta tu último poro.

No importa el decoro,
no importa el lloro.
No habrá ojo por ojo
ni ningún despojo.
Solo verás el esbozo
y lo que es espinoso
entre lo esponjoso.”

Y así conoció la Alquimia
junto a otros mil califas,
y viajó por todo el mundo
con un cofre de mil escudos.

Hasta conoció una institutriz
llamada Aurelia
que comprendía la matriz
de todas las quimeras.

Y era tan bella,
una reliquia hecha doncella.
Y encendió una vela
rebosante de cera
que se derritió
para iluminar su gema.

Y Benito sonrió
entre dimensiones
hasta ver los pormenores.
Todo era reluciente
pues ya no había mente;
se había iluminado
tras el carbono cristalizado.

Solo era luz… solo luz…

Gracias a Ewar por la foto

Ardena y el centinela

Ardena y el centinela

Y me levanté
y miré por la ventana
una ciudad de estrellas
con unas muecas lozanas
que de verdad hacían mella;
de dentro hacia fuera
pues no seguían regla,
ni tampoco teorema,
solo una estela
que flotaba como una vela.

Y se me acercó una esfera
que ardía desde la estratosfera:

“Soy Ardena,
la llama de estrellas,
la que no nació,
y la que no comienza.
Soy una quimera
en la inmensidad de la esfera
porque no se me ve
y justo estoy detrás de ella.
Pero la nutro,
soy el preludio que calienta,
la imagen que embelesa.
Muchos me creen centinela,
otros rara azalea
que vaga por el universo
ampliando sus fronteras.”

¿Pero si no nací,
cómo voy a estar muerta?
¿Pero si no morí
cómo es que sigo entera?

No me encontrarás
con la mente pétrea
esa solo habla
hasta acabar revuelta.”

Y en eso se acercó
volando el centinela
con esa cháchara negruzca,
redicha y funesta.

“No la escuches,
o yo dejaré de existir.
La realidad es incierta,
más vale prevenir
que morar a tientas.
Yo soy la solución
y también la respuesta.
No confíes en lo que no ves
ni en esa estrella mugrienta,
desdibujará tu figura
y también tus creencias;
y vagarás por el universo
con una estúpida mueca.”

Pero ya no quería escuchar
esas palabras inciertas…

Y miré a Ardena
y vi toda su belleza
volando entre astros
con su melena de cometa.
Estaba repleta y enérgica
pues era yo y todas las piezas.
La madre del universo
antes de que naciera.
Y me sonrió dulce
con sus dientes de gema
hasta iluminar la llama
que flotaba en la vela.

Y mientras me dormía
grité a espuertas:
“Ardena, Ardena
no desaparezcas
muestra tu mueca
y que todos te vean.”

Gracias a WikiImages por la foto.

Amapolas en el espacio exterior

Amapolas en el espacio exterior

Y vi un jardín de amapolas
suspendido en el espacio exterior
lleno de bustos
que miraban con devoción.
Estaban todos ocultos
hacia el interior
bañados de burbujas
en clave de do mayor,
buscando respuestas
que sonaban a oración.

Y me acerqué a uno
de ellos llamado Iscarión
que hablaba la lengua
de la estrellas y del fundador,
esa que tiene siete esquemas
desde la primera creación.
Y le pregunté por las esferas
y por toda la agitación
y me dijo que era cosa buena
como toda manifestación.

“Es la mente la que nos condena,
es ella la crea la división
al ver las cosas neutras
en plena disociación.
Busca más allá de los esquemas,
busca más allá de la conclusión
donde está la mente plena
que curva la difusión.
Allí está el alma llena
y el inicio de la disolución.

Como en la primera explosión,
toda la materia se aleja
desde el último rincón,
para crear vidas paralelas
y cimentar la ilusión.

Pero no hay armazón
ni tampoco estrellas,
solo una realidad eterna
que nutre el ultimo eslabón.”

Y así me aleje de Iscarión
para recitar a capela
todas las letras
que aparecían en mi libreta.
Tenía alma de escritor,
de viajero de las estrellas,
que volaba en un cometa
para compartir su novela.

Y allí lo vi, en pleno fulgor,
el último de los ascetas,
su máxima expresión
en una grandísima estrella
que se parecía al sol.
Todo la realidad estaba envuelta
y hacía mucho calor
y él me acercaba su mano
para mostrarme su canción.

Y ya no hubo grietas
ni tampoco revueltas,
solo una gran epopeya
cerca de la última constelación…

…mientras…
las amapolas seguían suspendidas
cerca del espacio exterior…

Gracias a spirit111 por la foto

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