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Categoría: Satíricos y burlescos

Poemas satíricos y burlescos, con mucho humor absurdo, con alegría, en movimiento con la carcajada y con el sentido del humor.

El ratón Monseñor

El ratón Monseñor

Y del horizonte bajó un ratón
con chaleco y espuelas
al que todos llamaban Monseñor
por sus sagaces respuestas.

Larga era su lengua
y aún más sus ideas,
no había tregua
si dialéctica era la pelea.
Tal era su rigor,
tal era su destreza
que daba igual el tema
ya fuera Kórsakov
o la vida de Ana Bolena.

Pero estaba cansado
de tanta confrontación
y de tantas estratagemas.
Quería ver más allá de la razón
y debajo de los esquemas.

Así una noche bajó del balcón
y se fue por la arena
para ver al maestro Aquelón
de las letras y los fonemas.

Nada más verlo se deslumbró
por su reluciente estela
y pensó que era un dios
que lo convertiría en piedra.

Solo fue una emoción,
una duda pasajera
hasta que el maestro alzó la voz
y monseñor le vio las muelas:

“No tema, Monseñor, no tema.
De verdad, no hay dilema.
Solo buscas la visión
que trasciende los teoremas.

No hay prisión,
ni tampoco ratonera,
solo formas a la sazón
que danzan a tu vera.

Te parecerá una complicación
incluso una bagatela;
pero es como un doblón
entre mil monedas.

Solo mira el interior
y no tanto hacia fuera
y por fin verás el sol
junto a la luna llena.

Todo tiene una explicación,
todo tiene su cadencia,
pues no hay mayor posesión
que el tiempo y su inexistencia.”

Y allí quedó Monseñor
sentado en su presencia
mientras giraba el reloj
sin que se diera cuenta.

Y por fin se hizo mayor
y mucha fue su experiencia
cuando pudo mirar al sol
en toda su esencia.

Gracias a RolandKuck por la foto

El poema de la uva

El poema de la uva

Una uva me cantó una canción
con el sonido de las cunas,
en medio de la bruma
cuando no había duda alguna,
solo la noche y materia oscura.

Sobre sus soliloquios con la luna
que conoció hace milenios
mirando a las alturas,
supongo que más allá de la una
cuando jugaba con sus deditos
que estaban hechos de racimos.

Le contaba leyendas desconocidas
sobre los secretos de la vida,
de una luz muy poderosa
que rodeaba todas las cosas.

Y en esto apareció un puma
que le pirraba la fruta
y tal era su hambruna,
que casi la hizo pedazos
de un solo bocado.

La uva había quedado muda
ante semejante criatura
pero solo durante un rato
mientras miraba profunda al gato.

Y le habló del deseo
y también del apego,
de otros grandes misterios
que circundaban el ego.

“Se que podrías hacerme zumo
con solo acercar tu puño
y estaría muy rica
pues apenas tengo pepitas.

Pero has de mirar más adentro
donde están los secretos,
donde se guarda la sabiduría
y nace la serendipia.
Tu yo nos hemos encontrado
en esto consecuente acto.”

Y el puma le dio dos chupadas
y se fue con la mueca contrariada.

Y a la uva le nacieron pelos de punta
hasta parecer una lechuga,
pero siguió hablando con la luna
y gozando de su altura.

Contaba verdades crudas
para salir de la envoltura
mientras movía la cintura
al ritmo del azúcar.

Y así llegó a viejuna
sin apenas arrugas
con alguna comisura
e impoluta dentadura.

Gracias a Priscilla Fraire por la foto

La carrera del erizo y la rana

La carrera del erizo y la rana

Un erizo y una rana
subían por una montaña,
en una especie de competición
para ver quién era el mejor.

El erizo se llamaba Rogelio
y contaba la vida en sexenios,
la rana se llamaba Aurelia
y tenía robustas las piernas.

Al principio de la carrera
se habían sacado la lengua,
no podía haber tregua,
ni otra cara de la moneda
porque solo uno de los dos
cruzaría primero la meta.

Habían competido en lagos,
montes y desfiladeros
pero ya no querían enredos,
se apostaban el mundo entero.

Rogelio jadeaba en su pendiente
mientras enseñaba los dientes
y Aurelia escupía en el camino
espoleada por los anfibios.
Pero los dos iban muy parejos,
ambos se hacían de espejo.

Y en esto habló la montaña
de nombre Maximiliana,
toda una señora empedrada
de maneras alsacianas.

“No hay competición,
ni tampoco ganador
solo una gran carrera
que puede ganar cualquiera.

No os perdáis en la disputa,
ni en toda esta locura,
dad zancadas con bravura
y saltos de altura.

Pues ya no habrá duda,
ni tampoco calumnia,
solo velocidad
en máxima punta.”

Y Rogelio perdió sus pinchos,
Aurelia su humor esquivo
y los dos se juntaron en la meta
para irse en motocicleta;
y así se hicieron muchas parejas
tras finalizar la carrera.

Erizo y rana en la carrera

Gracias a Oldiefan y a Alexa_fotos por las fotos

La canción de los delfines

La canción de los delfines

Y cantaban los delfines
cerca de los confines
del mar Mediterráneo,
donde no llegaban bergantines
ni tampoco colibríes,
solo peces espadines
y algún despistado corsario.

En un palacio de las profundidades
apostado entre todos los mares
lleno de angostos langostines
con pinzas de colores rubíes,
dispuestos a pincharte las nalgas
y dejar escapar los hematíes
en cuanto les dieras la espalda.

Y en esto habló Hidalgo,
Arcipreste entre delfines
y uno de los más cantarines,
una especie de cetáceo lagarto
que balbuceaba palabras sufíes
y primo lejano de los escualos.

Y pronunció entre síes
que no quería seguir cantando
si continuaban bajo aquel manto.

“Abandonemos el palacio carmersíe
para que puedan oírnos los barcos.
Volvamos a subir a la superficie
para conocer otros especímenes,
ver más allá de los límites
pues allí no solo hay delfines
y criaturas submarines
sino seres que se alzan varios palmos.

“No te creemos Hidalgo,
¿Para qué mostrarnos?
¿Y sí de nosotros se ríen,
o creen que somos un chiste
que contamos embustes y chismes?”

“Pondremos los puntos sobre las íes
y cantaremos sobre los confines,
sobre la música olvidada de Osiris
y sobre el signo renovado de piscis.
Traeremos con nosotros lo sublime
junto con un montón de colorines
para que todos aquellos humanos
puedan salir ya de su letargo.»

Y así cantaron todos los delfines,
agrupados en miles y miles
esa música de los sinfines
que tanto habíamos esperado.
Nacía de sus branquiales laringes
llenas de místicos matices
que sonaban a acuosos tararíes
como cuando éramos pequeñajos.

“Gracias a todos los delfines,
por cantarnos desde confines”

Gracias a Ádám Berckez por la foto.

La rana y la estrella

La rana y la estrella

Y mientras dibujaba
las efemérides de los días
pude ver una rana
que saltaba y corría.
Estaba pintada de verde
con un tono clarividente
y con un pincel que dividía
el espacio en mil estrías.
Y todos empezamos a saltar
porque la rana quería
pero luego se empezó a alejar
y miramos hacia arriba.

Y allí vimos un astro orondo
que olía a sacacorchos
y no que no sabía planear
en la órbita requerida.
Y empezó a gritar
con estruendo e inquina,
«amigos, me la voy a pegar
contra una estrella vecina.

Me tenéis que ayudar
con la última tecnología
esa que puede recalcular
mi elíptica pifia.
No quiero ser polvo estelar,
no quiero morir derretida
lejos de mi hogar
con la gravedad dividida.»

Y vino un matemático
con los dientes metálicos
y gorro de centinela
y anteojos cuánticos.

Y se puso a calcular
en un ábaco de astracán
para empezar a gritar
en una lengua desconocida.

“Es usted una desvergonzada,
querida amiga;
mira que darse a la bebida
en pleno vuelo
sin control y medida.
Deberíamos dejar que se
fragmentara en mil partículas
y se hiciera trizas
para no volver a ver
esa translación tan ignífuga.»

Y la rana salió de sus aposentos
y voló a los cielos
para darle un beso a la estrella
que olía a queroseno
y empezó a encontrarse revuelta
y tuvo que parar en la cuneta
deteniendo el reloj del tiempo.
Ya no había lamento,
ni tampoco desconcierto;
solo una estrella resacosa
que necesitaba un momento.

Todos estábamos paralizados
mirando el firmamento
mientras la estrella resoplaba
llena de lamentos.

Parecíamos estatuas de mármol
y otros monumentos
todos allí parados
ante el devenir del tiempo.

Gracias a Zdeněk Macháček por la foto

Viaje interestelar

Viaje interestelar

Y me construí un cohete
con las herramientas del patio:
con una mecedora, un tobogán
una centrifugadora y un armario.
Y tomé carrerilla desde la colina
hasta al campanario
ante la atenta mirada
de mis amigos y del vicario.

Y me lancé en picado
y empecé a volar
por encima de los astros.

Y llegué hasta un planeta rosado
donde había aves a nado
que bebían fuego y escupían
sangre por los costados.
Y me sumergí entre espasmos
para poder palpar
todos esos cuerpos
cubiertos de plumas y escamados.
Eran como el Fénix,
atunes vestidos de ganso
que hablaban múltiples lenguas
desde el latín hasta el marciano.

Y les pregunté con sorna
en su idioma originario
¿Por qué buceáis y surcáis
a la vez el mar y el espacio?

“Porque hemos decidido,
hace ya periodos milenarios,
que es del todo arbitrario
preguntarnos si somos
aves o pescado,
criaturas de fuego o de acuario
¿Hay alguna respuesta
detrás de lo binario?
Ese es nuestro corolario.
Vuela y también
date un baño
y busca los límites
de este planeta rosado”

Así que me volví a mi cohete
un poco descolocado,
y encendí el motor
tras coger los mandos.
Y arranqué hacia la tierra
para volar a todo trapo,
saludando a las lunas
y al polvo estrellado
y cada uno de los huecos
que me iba encontrando.

Gracias a Pawel Czerwínski por la foto

El gato mágico

El gato mágico

Hay un gato
cerca de la puerta
que no tiene silueta,
que parece una mofeta,
por su olor a croqueta,
por todas sus rabietas.

Y da vueltas y vueltas
por el porche y la moqueta;
y hace una pirueta,
y enseña las muelas,
y salta por la ventana
para hacer que vuela.

Y se lo llevan los vientos
que vienen de Noruega
hacia una gata fiesta
llena de felicinos y gatuelas.

Y toma la otra puerta
que va hacia las estrellas
y ve su futuro
hace ya décadas.
Cuando era un asceta
en medio de la tormenta
que contenía la respiración
con mucha, mucha fuerza.
Y se puso azul
y luego violeta
hasta tener las manos
dentro de la tierra.
Y volvió a respirar
tras toda esa espera
pasando por el Olimpo
y por el universo azteca.

Y vuelve a lo gatuno
y encuentra su gata coqueta
que baja por una escalera
moviendo su colita
sin prisa y por fuera.

Y es tan risueña
casi como una fresa
y le ofrece leche fresca
y besos en hileras.

Y entonces le pregunta:
¿Por qué no me ves?
¿Por qué no me esperas?
¿A qué tanta impaciencia?
No ves para todo
hay una respuesta
y que mi nariz
no está hueca.

Y ella le contesta
entre lenguas extranjeras:
dame la mano,
gatueco artista
no tengamos tanta prisa
en disfrutar de la brisa.

Porque viene de Siria
y también de Nambia
y sabe a especias
nacidas en el India

Porque sabe a leche materna
y a salsa de pescadilla,
es como una cazuela
que te llena la barriga

Y él se atusa los bigotes
y le saca la lengua
y viven mil aventuras
y quinientas epopeyas.

Gracias a rauschenberger por la foto

La leyenda de la lechuga

La leyenda de la lechuga

Una lechuga cruzó un lago
de un solo salto
porque quería conocer
los secretos del otro lado;
allí había hormigas,
mosquitos y escarabajos;
pero estaba dolorida
por mucho maltrato,
había escapado de la criba
de un escrupuloso ciudadano
que seleccionaba los ingredientes
con sumo cuidado.
Ella no quería ser comida
como ensalada en plato
rodeada de aderezos
y de arroz en grano.

Así que se escapó lejos
acompañada de un lenguado
y vivieron en el peine
de un trepidante corsario
que surcaba los mares
en su calavérico barco,
y allí juntos, acurrucados
se hizo el amor más extraño
y fueron felices
por un periodo largo,
hasta que el lenguado
cayó enfermo
de tanto extrañar el lago.

Y se despidieron
entre besos y abrazos
y se juraron amor eterno
en el otro lado,
y el se hundió en el agua clara
transformándose en una ballena
de siete octavos.

Y ella no sabía que hacer
ante tanto mal trago,
así que nadó y nadó
infinitos largos
y acompañó a la ballena
en su letargo
hasta que se convirtió
en un alga y un cactus.

Y allí estaba la lechuga
hundida y sobresaltada
en el pantano.
Por eso decidió
cruzar al otro lado.
Para hablar con hormigas,
mosquitos y escarabajos
y plantar en la tierra
sus raíces y tallos.
Y bebió muchos sulfatos
y cantó a los vientos
leyendas de amor y pescado

Un mestizaje de palabros
y una ensalada de fonemas
que dio origen
a este poema estrafalario.

Gracias a 422737 por la foto

Planeta de ácaros

Planeta de ácaros

¡S.O.S! ¡S.O.S!

He perdido el control de los mandos
y mi nave ya no responde;
voy directo a ese planeta de ácaros
a fusionar mi platillo con ese monde.

Está lleno de insectos y arácnidos
y otras criaturas deformes,
que bailan con movimientos espásticos
de ocho patas y rugoso abdomen.

Todo paso muy rápido;
nada más traspasar el exterior borde,
justo al salir de la metapropulsión
y cruzarme con esa lluvia de neutrones.

No sé que fue lo que me despistó,
quizás avistar aquellos tres soles
o todas sus lunas angulares,
pero se me fueron los controles.

¡S.O.S! ¡S.O.S!

Y ahora voy a la deriva
hacia ese acaricense horizonte,
para aplastar mi platillo de lleno
¡Ya verás tú que golpe!

Pude escuchar a mi comandante,
al menos alguna orden,
pero es un robot cansino y pedante;
¡Así que no creo logre!

Me gritaba, ¡No entrés en el sector Zeta!,
ni siquiera están en la edad de bronce.
Usa el propulsor y da la vuelta.
¡No desobedezcas, estúpido hombre!

Un sinfín de sonidos metálicos
escupidos por sus circuitos de cobre,
reflejados en los monitores plásmicos*
¡Dios mío no hay piloto que lo soporte!

Yo solo quería ver otros planetas,
pisar sus desestructuradas orbes;
cerrar mi intergaláctica maleta
y mezclarme con sus fórmicas proles.

¡S.O.S! ¡S.O.S!

Pero voy a colisionar con esa masa violeta,
hasta hacer saltar todas las juntas y resortes.
Será el fin de esta extraterrestre opereta,
me fundiré con el mundo acariforme.

El final de mi nave última generación,
nada más que añadir al informe.
Un Bum en una vasta explosión
sin poder decir más cambio y corte.

Ya…

Solo se oye por el intercomunicador
la voz del estúpido droide
que grita cosas raras al mundo tejedor
y palabros que nunca serán humanoides.

Gracias Daswortgewand por la foto

*Plásmico en vez de plasmático.

La operación matemática

La operación matemática

Una vez entré en trance,
de esos los largo alcance
y pérdida de cordura,
pues hallé una conjetura
en medio de una suma.
Y no era nada enrevesada,
ni teorema de Descartes,
solo un dos y la una,
un problema de infantes,
dos números naturales
en adicción conmutativa,
pero al poner el uno antes
los resultados eran dispares.

Y repetí la operación,
tan lento como una oruga,
incluso conté con las pezuñas
y presioné a la calculadora
en pos de guarismos digitales.
Pero la aritmética estaba en conjura,
y se mantenía el desplante.
¡Una indeterminación!,
¡Un acertijo bivariante!
¡Una locura,
sin lógica ninguna!
¡La razón saltaba por los aires!

El fin del teorema discreto,
un conteo analfabeto,
una suma de catetos
sin cuadrado ni hipotenusa,
un jeroglífico de Ramanujan,
un arco de Mileto,
carente de base y altura,
un cansino seno
y un sino sin coseno.
¿Pero donde estaba
el resultado correcto?

Y todo se empezó a complicar,
números enteros
y radicales,
radianes e incluso integrales,
hasta imaginarios;
y me acordé de Aristofanes,
incluso de Sartre,
de los hermanos celestiales
y de la ecuación de Balmes*.

Todo estaba en bruma
justo en medio de la suma.
Por la adicción de contrarios,
el álgebra del sol y la luna,
las matemáticas de la locura
o de la síntesis pura.
El dilema de los pares,
un enigma antes de la cuna,
una suma en una suma,
y dentro el dos y la una;
pero con resultados orientales,
respuestas difusas,
el relativismo de Albert,
las palabras de Buda,
incluso cánticos de aleluya.

Un agujero en la curvatura
con todos los números en fuga.
El fin del polinomio de Hades
y de la materia oscura
que al fin se despejaba la duda.
El nuevo horizonte Najarjuna
y todo dentro de una suma
con un dos y una una…
… 1+2=??

Gracias a Sandid por la foto

*Ecuación de un profesor desconocido que ayudo a construir el modelo atómico del hidrógreno.