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Etiqueta: jergón

Hija de las montañas

Hija de las montañas

Hija de las montañas,
de la fuerza de las entrañas
y del olor de las sábanas.

Viniste de lejos
de la tierra de los elementos
y de los fuegos.
Lo tienes en el cuerpo,
en todo el terreno
como un pozo de queroseno.
De la piel es un agujero
que parece pequeño,
un elemento de atrezzo
como quemado caramelo.

Quiero tocar tu lunar dálmata,
llenarme de tu pezón,
pues es pura manifestación
que construye tu jergón.
Juegos de niños,
jóvenes idilios,
mezcolanzas de Piros
el protos del visillo.

Y mientras me estiro
y me derrito,
busco con sigilo
un punto amarillo.
Inicio de explosión
y de delirio.
Para entregar el colmillo
a un estribillo,
una vieja canción
que escucharon dos jovencitos.

Un diapasón
que se contornea en tu colchón,
más allá de la semblanza
de tus caderas peruanas,
porque son balanza
y son armazón
de la única conclusión
que tiene esta sonata.
Alma contra alma,
el primer apagón,
un estruendo de sol,
una contusión
a golpe de diafragma.
Porque huele a tu sudor,
la fragancia de tu flor
y el aire de las ventanas.
La visión del halcón,
el escape de las trampas,
el símbolo de la penetración
entre tus nalgas.

El fin de la escisión,
del último estertor
y del canto de la balada.
Un cuento de hadas,
escrito por unas muchachas
que quedaron prendadas.

Y miro a tu monzón,
que es puro anticiclón
y se deposita en tu almohada.
Te toca las palmas
y saborea tu savia,
suave fragancia
sin ninguna arrogancia;
el fin de la preeclampsia
en mitad de la ataraxia.

Y sollozas y te calmas,
esperamos abrazados
al calor de la mañana.

Gracias a StockSnap por la foto

Comunión de astros

Comunión de astros

Y los astros reían
detrás de la cortina
con sus caras alegres
y sus luces amarillas.

Algunos llevaban levita
y otros pajarita,
una comparsa infinita
que avanzaba en comandita.

Y en esto habló Bociferón,
todo un benefactor,
un astro candente,
un poco imprudente:

“Ha llegado al ocasión
de conocer la platea,
donde cuelga el cinturón
de todas las estrellas.

Algunas son esbeltas,
otras pequeñas,
otras un primor
de la universal audiencia.»

Y llegaron Satiricón
y su novia Galatea,
una bulliciosa pareja
de jóvenes azuleas.

Soltaron chispas de tornasol
sobre las pelambreras
y el cielo se apagó
con suma sutileza.

Habían abrazado el jergón
de la noche trémula:

“La realidad es del que sueña,
del que pasa la noche en vela,
del que abraza el porvenir
y todas las estrellas.

Así ha sido desde el armagedón,
con sus largos etcéteras
donde hubo una explosión
en la noche somera.”

Y los astros bailaron en el estertor
de la realidad revuelta
que era un caldo en ardor
de la imagen primera.

Estaban todos,
del primero al mayor
hasta la enana más pequeña,
clamando en aluvión
que nada es posible que muera.

Gracias a geralt por la foto.