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Mar Redentor

Mar Redentor

Vi en el cielo
un enorme parpadeo
parecía un trueno,
incluso un destello
pero solo era
una tormenta de fuego,
de cuando era pequeño ,
un estruendo,
el cúmulo del recuerdo
en medio de un sueño;
y me habló una voz
que procedía del destierro
sumida en un rezo:
“No oigas las consignas
ni las ideas vecinas
porque sino las imitas
y pierdes la pista.

La vida es en sí misma
una realidad corintia
que todo lo implícita,
pero si anulas la intriga
o la mirada corrosiva,
seguro que no levitas;
esto es más que una misa,
un sentimiento
que emerge de las tripas,
adereza lo que irrita;
y grita,
no te sumerjas
hasta las rodillas
ni abordes
la mentalidad sumisa,
es oprobio y medicina,
el fin de la oxitocina,
solo el miedo
te lleva a la deriva,
a vivir en una isla
de un solo bañista
que cuando mira
a las marismas
en busca de alegorías
(solo) ve la misma
estrofa repetitiva.

Como una ola mortecina
que quiso nadar
más allá de la bahía
con chaleco salvavidas.

Y se abrieron las vísceras
del mar
del Congo a Filipinas
y todos los humanos
se sumergieron
en deseos de piscifactoría,
una solución salina
porque temían
el agua marina,
por su incontinencia
(y) (por) su indisciplina
el sulfuro pretérito
de la vena creativa.

Y llegó Poseidón
sujetando un tenedor,
rey Redentor
de océanos y ciclón:
“No admite condición
sino es para una vida mejor,
la de la verdadera elección,
en la que no hay restricción,
no hay indecisión
ni falsa conclusión.”

Y se montón en un tiburón
para darse un chapuzón
sujeto a un caparazón.
“Uno y uno son dos,
porque eliges la sustracción
o un número menor,
no hay división,
el talento es impulsor,
como el de un millón,
recompensa anterior
antes de la elección,
¿por qué te empeñas
en vivir el miedo represor?,
busca el calor
y la distinción,
todo el clamor
que se mueve en
medio de la erupción.

—Es redentor,
—Es redentor,
dijo con ambages
el rey pescador.

Y los mares se convulsionaron
en mita de la emoción,
se abrieron con tal virulencia
que los humanos
dejaron de vagar a tientas,
no había escondite,
ni superficie,
ni forma de jugar al despiste.
Solo el fuego de Mitre
que demolía a los títeres,
morían por miles y miles
para renacer como Ulises.

Gracias a makabera por la foto