Las golondrinas del cielo

Las golondrinas del cielo

Y entré en una realidad superlativa
llena de golondrinas,
tenían facciones de peces
y alas como Hermes,
y cambiaban de aspecto
hasta dejarte sin aliento.

Y formaron un corro
que desafió el viento,
serían cientos y cientos,
todas en movimiento
cambiando en el cielo
mientras componían un arabesco,
una pirámide de colores
donde no había ocres,
solo un rayo luminoso
que era jactancioso
y compuesto por mil soles.

Y en el cielo se hizo un agujero
que me llevo lejos
hacia un universo pleno,
aún se estaba creando,
pues veía moldes y decorados,
con otros bocetos del arquitecto,
y apareció una escalinata,
que me acercó hasta una cara,
era toda dorada
y fina como un mantra.

“Soy el creador de todo esto,
que no es un pliego,
sino un diseño,
está volando sobre la brisa,
pues ahora no tiene prisa,
y no tiene cemento
ni nada férreo,
pero hay una promesa
que pronto será devuelta.

No pelees con la vida
y de una vez confía,
no pienses en desdichas
ni en que todo se hará trizas,
deja que te acaricie la brisa
pues está hecha de golondrinas,
todas juntas bajo un prisma,
bajo una caricia prístina;
en realidad todas son la misma.»

Y abracé la vida,
pues ya no había cisma
quería a todas las criaturas,
a todas y cada una,
como a las mismas golondrinas,
todas allí juntitas
volando encima de la brisa.

Gracias a Julian por la foto

Grito entre grillos

Grito entre grillos

Y grito entre los grillos
que son presa del olvido
y canto un estribillo
con aroma de membrillo
que adormece los sentidos.

Y veo a una especie
de templo fenicio
que da asilo
a los perdidos.

¡Y grito y grito!,
desde lo espino
y desde el delirio:
¿Dónde están los ritmos
y los cantos mestizos?
¿Dónde está el camino
lleno de peregrinos?

Y oigo una voz
que sale de un estridente sonido
y que emerge con brillo:

“Para la mente
porque siempre miente.
Es un tambor
que no tiene autor,
no tiene conciencia
ni tampoco paciencia,
vive en la urgencia
de la permanencia.”

¿Y si no hubiera vida
y no hubiera mentira?

«Verías la belleza
en cada esquina.
No habría arritmia,
ni tampoco angina
ni exceso de penicilina.

Una gran piedra magenta
que siempre parpadea
porque cambia
con la inocencia
y nunca se desvela.

No hay naturaleza muerta
solo realidad entera.”

Y suspiré como un chiquillo
pues volvía a oír los sonidos
que son como silbidos
y transcienden a los grillos.

Aquellos que se cuentan por siglos;
una especie de contrapunto
que emerge con brío
desde el primer estallido.

Y de esta manera
abracé mi destino.

Gracias a Traphitho por la foto

Los jueces de la mesa

Los jueces de la mesa

Los jueces de la mesa
siempre iban de pesca,
pues mandaban a la gleba
armados con leyes secas
y sentencias espesas.

Estaba Faisán,
todo un truhán
que mandaba con afán,
cuidaba del ajuar
y de lo que estuviera mal.

Y también Adelaida,
recta como una escalinata,
la mano del templo
que mandaba desde dentro;
solo una voz
que sonaba como un procurador,
pero con aroma de terciopelo
por la ligereza de sus textos.

Y como no, Longevo Fetro,
todo un experto
en detectar el veneno;
que no conoce los peros
ni los desasosiegos,
pero impone con mano hierro
cualquier mandamiento.

Y se reunieron ante la mesa,
sin ninguna reserva
a revisar la jurisprudencia.

Y entonces habló el juez supremo,
que era de origen hebreo,
no era magistrado
ni siquiera juez o prelado,
sino un antiguo mago
que hablaba por los cuatro costados:

“Dejad de hacer leyes
y absurdas efemérides

Las leyes son un reflejo
de un gran sentimiento
en contra del sometimiento
que se encuentra desde dentro.

No hay ley en el Kaos
ni hombre malvado.

No necesitáis abogados,
ni siquiera juzgados,
pues sois todos bardos
y espíritus claros.

Seguid una luz,
un rayo raro
que invade nuestra mente
como al durmiente,
o al ser consciente.

En ella está la acción,
y el origen de la sensación,
da luz y acto
a todo lo pagano.
No hay bien ni mal
en lo no separado,
en el amor que nutre
lo que se está realizando.

Y los jueces pararon
y dejaron sus hábitos,
ya no eran magistrados
sino faros
encima de su propio teatro;
salieron a la vida
para no seguir juzgando.

Gracias a Succo por la foto

La pira

La pira

Y vi un amuleto
que contenía un secreto,
un gran trueno
y tres destellos.

Los hechizos de los hombres
que se deshacían en cobre
y al fondo una gran pira
que era hija de la desdicha.

“Soy Julerma,
hija de la quema,
la que siempre parpadea
en la llama eterna.”

Dicen que soy como el alambre
pues siempre tengo hambre
y hago caer en trance.”

Y escuché una voz aguda
llena de ternura
que disipaba las dudas.

“No juzgues con premura,
ni hagas falsas conjeturas
solo por miedo al desenlace.

No hay miedo en lo que arde;
no puede propagarse,
es solo el fuego
que tenemos dentro.
¿Qué hay de malo en ello?
¿Es malo el deseo
por llevar al apego?

Y miré a la pira
que de nuevo sonreía,
ardía y ardía
con arrojo y valentía.

No había mentira,
ni escrupulosa vida.
Solo verdades de incendio
que rodeaban el amuleto.

Gracias a Griselda Servin por la foto

El signo de Piscis

El signo de Piscis

El signo de Piscis
canturreaba realidades
que eran duales.
Dos grandes señales
que hablaban en manantiales.

“Soy Hermes,
hijo del claroscuro,
nacido del conjuro
y de todo lo absoluto.”

“Y yo soy Era,
diosa de la diadema
que habla de la pureza
y de las estratagemas.»

Y se unieron,
y se dieron la mano,
casi por un año
para unir su destino
entre ramas de corintio.

Y recorrieron los planos,
desde lo mundano,
hasta lo más alto,
para llegar al ecosistema
de todas las respuestas.

“No hay diferencia,
ni tan siquiera pequeña.
Nada no es lo que se piensa”;
cantó Zeus con indiferencia

“Volved al mundo
y sed uno;
un gran conjunto,
donde no hay excusas
ni verdades de perogrullo.”

Y volaron en una cometa
hasta llegar a la tierra
donde no había separaciones,
ni credos, ni naciones.

Solo una gran aldea,
llena de acentos,
y personas longevas.

Gracias a Modman por la foto

El huracán

El huracán

Y veo un huracán
que nació en Riomar
y se lleva por delante
a todos los «bioandantes».

Y mueve la maleza
como si fuera una orquesta
y todos los pinos
que son presa del delirio.

Y huracán ruge entre timbales
con fogonazos estivales
y rompe los edificios
aventurando los peores auspicios.

Y surge una estrella
en medio de la tragedia,
una especie de hilo
donde asoma lo divino.

“¿Qué haces fuerza del viento?
¿Por qué rompes los cimientos;
esperas el advenimiento,
o solo eres un poseso?”

“Es mi destino destruir todo
hasta que solo quede lodo,
remover la tierra
sin propósito de enmienda.

Es solo una limpieza
por una nueva era,
que ahora comienza.»

Y el huracán siguió rugiendo
pues era puro movimiento,
un nuevo renacimiento
que libraría por milenios
de las estructuras del ego.

Habría que ir muriendo
para no aferrarse a nada
y encontrar el sosiego
que nace de dentro.

Gracias a waqutiar por la foto

Minerva

Minerva

¿Minerva,
por qué me has abandonado
en este teatro?

“No te he abandonado,
solo estamos en el entreacto.

Donde están todos parados
viendo el resquicio
del momento acompasado.

Es solo un espasmo.
Un pequeño susurro
que se arremolina
mientras hablo.

No hay fuga,
no hay letargo,
no hay minutos
ni hay cansancio.

Solo hay un gran óvalo
que tiene 300 lados;
un gran poliedro
que capta todos los planos.

Lo descubrió un eremita,
allá por Bizancio,
que hablaba a los sueños
en un lenguaje plenario.”

¿Y dime Minerva,
para qué este fardo,
esta gran bolsa
que nos tiene atareados?

«No hay bolsa
ni fardo,
es la mente
que no se detiene
ni da descanso.
Necesita alimento,
aferrarse algo.

Pero todo es vacío,
un preludio calmo
que brilla perenne
en este entreacto.»

Gracias a adibalea y 12019 por la foto

La morsa Helena

La morsa Helena

Y veo una morsa
llamada Helena
que es un poco lenta.
¿Quizás la vida le pesa?
¿O simplemente le es ajena?

Pero sabe de letras,
incluso escribe poemas
sobre olvidados ascetas
que juegan con las estrellas
y se bañan en un mar turquesa.

Y cuando se sienta cansada
y le duelen las piernas,
se echa a un lado
para dormir la siesta.

Y sueña con una quimera
llamada Electra
que le habla de la vida
y de la conciencia
que está en cada célula.

“El universo es justo
porque es uno;
está en todos los lugares
y en ninguno.

Hay un microcosmos
en cada grano
de cada humano
y en todos los átomos.

Así que dame la mano
y emprende el nado
a ese mundo subacuático
que crees olvidado.

En esa realidad
encontrarás significado
y veras a los hados
que están por todos lados.

Y debatirás con los peces
incluso con los tiburones
que aún con malos humores
conocen ya los colores.

Y descenderás tan profundo
que serás una
con todo el mundo.

Un único universo
que no es ajeno
sino eterno.

Un único momento
tan quieto y silencioso
como el trueno.”

Gracias a NOAA por la foto

Miro al infinito

Miro al infinito

Miro al infinito
aunque sea un ratito
y solo le pido
conocer al niño
que mira tras el visillo.

Pues veo cristales
que tiemblan a raudales
para mostrar esos lugares
que no son mentales.

Miro al infinito
aunque sea un ratito,
para oír un himno
y un silbido
que cantó un periquito
que es amigo del sigilo;
vive desde el inicio
donde no hace frío,
donde están los amigos
que están todos unidos.

Es una oda clara
que nació una mañana,
en medio de la nada
y propició una cascada.

Y nació la vida
en medio de la alquimia,
con toda la química
y todas las partículas.

Miro al infinito
aunque sea un ratito,
porque allí está el sentido
de todo lo perdido,
de todo lo que es uno
y no es distinto.

Y veo una nube
llena de energía
que alberga pistas
del origen de la materia.

Y hay un hombre
y una mujer
que pueblan la tierra,
con toda su descendencia,
y se llenan de paciencia,
incluso de ciencia;
en ellos está la esencia
de toda la consciencia.

Y en todas partes del universo
ocurre el mismo suceso,
un despertar neutro,
que se concilia con lo eterno.

Y miro al infinito
aunque sea un ratito
y solo le pido
verme a mí mismo,
en este momento
como al principio,
para ser ese niño
que rasga el visillo.

Gracias a FelixMittermeier por la foto

Ajedrez

Ajedrez

Y me comieron un peón
que me generó desazón,
cuando quería hacer mella
en la enemiga fortaleza.

Había perdido un cabezón
que en medio del estertor
gritaba en su recuadro bicolor:

“Yo no quería esta distinción
de tan ambiguo color;
quería ser amigo de los caballos
y de todos los establos.
De los diagonales alfiles
con todos sus deslices;
y del rey y la reina;
más allá de sus estratagemas.

Pero aquí me hallo,
en medio del asalto
del último cuadrado.

Realmente no había batalla
ni gambito de dama,
una gran contienda
repleta de extrañezas.

Es todo un juego
donde gana el ego.
No hay blanco o negro
si es todo un sueño,
ni tampoco enroque
pues es cuestión de enfoque.
Ahora no estoy muriendo,
¿Cómo podría si
no tengo cuerpo?

Y volví al tablero
que era multicolor,
no había torre
ni peón,
solo diversión,
en un gran juego
que me hacía
de espejo.

Gracias a Rodrigo Perez por la foto