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Etiqueta: cristales

El telescopio

El telescopio

Miro a la vida
con un telescopio amplificado,
voy realizando aumentos
hasta verlo todo pequeño,
pero también en grande,
enormes sedimentos
como cuando el mundo
no tenía aliento.
Todo en fragmentos,
suma de partes,
muchas posibilidades
esperando su momento.
El día del nacimiento,
en que todo fuera cierto,
un caldo muy espeso
tremendamente bello.

No había balance
ni tampoco desenlace,
no había ello
ni tampoco sujeto.
Todo esperaba el estruendo
del ser siendo,
cúmulo del misterio,
una sombra desplegada,
una mácula tornasolada
en la que no faltaba nada
ni había memoria vaga.

Pero aumenté el espectro
en un millar de espejos,
más allá del intelecto
y de los milenios;
una cara dibujada,
una voz, un sustento
que cohabitaba en un sueño.

“Soy la voz,
soy el tenor,
soy la última cosa
y el lenguaje en prosa;
soy la fusión
y la única condición,
soy todo lo que es eso
y lo que es aquello;
pero no soy nada
más ala de esta morada.
Soy como un cuento
contado por longevos
a todos los infantes
que se creen las verdades.
Soy como un abanico
que se funde hacia el centro,
y en todo su movimiento
origina un destello
que creemos cierto.

Pero todo es lo que veo
con lentes en ángulo convexo,
miles de aumentos
hacia lo que creo,
hacia un credo
que no tiene fundamento.

Deshazte de tus ropajes
y quítate tus cristales
que por mucho que enfoco
no lo veo todo,
nada más que una sombra
del culmen de otraora,
el rostro de los cimientos,
el sumun del nacimiento.
El pulsor del estruendo
como constante del firmamento.»

¿Y si es el ojo el ojo divino,
allí, en todo lo que diviso,
donde todo es lo mismo
y todo lo percibo;
el colirio de lo distinto
y de todo lo repetido?

Gracias a Pexels por la foto

El pájaro libre

El pájaro libre

Y me levanté en una rama
en medio de un arce
con todo el plumaje
de un pájaro salvaje.

Quería saltar al cielo
pero algo me retenía,
quizás era el miedo
a desplegar el vuelo,
al aleteo inquieto
y mirar todo desde lejos.

Y me encontré
con una golondrina
con alma de adivina,
plumas de varilla
y un pico que parecía
una larga cuchilla.

“Para qué te sirven las alas
si no sales de las ramas;
en el fondo son como palmas,
puedes azuzarlas y zarandearlas,
verás como no hay trabas,
solo el cielo abierto
que te espera a mil metros.»

Y salté al vacío
que contenía mi destino
mientras movía las alas
y graznaba con el pico.

El cielo se detuvo
y por fin vi los hilos
que envolvían mundos
tanto grandes como diminutos.

Era un manto fino
que me abrazaba con sigilo.
El ser del brillo
que me cantaba al oído
sonatas de lo perdido:

“No hay más periplo
que abrazar tu sino.
Es el único vuelo
y el único camino;
da igual seas padre
o seas hijo.»

Y seguí volando y volando
hacia el único sitio
hecho de cristales
y de piedras de mi destino.

Gracias a vasile_pralea por la foto