Flaqui: El tahúr
Y llegué ante un saltimbanqui
llamado Flaqui,
jugaba con los naipes,
con el signo de aries,
hasta que todo
saltaba por los aires.
Si tenía el uno de diamantes,
decía coleccionar amantes
y conocer todas las edades,
y siempre antes de un descarte
aglutinaba el resto de ases.
Quizás su abuelo
fuera un comanche,
o un simple botarate,
pero el único objetivo
antes de sentarte
era desplumarte.
Y en esto
apareció un grillo
que se llamaba Herminio
y le dijo:
«No hace falta ser muy listo
para ver que estás perdido.
Hablas del libre albedrío,
de que con un chasquido
al menos tienes un trío;
pero estás cautivo
y eres un mendigo;
un impostor de ti mismo;
siempre fue así
desde recién nacido,
desde tus primeros pasitos
buscando lo mísero
y el alivio
dentro de lo efímero,
¿Por qué no enseñas
tus cartas
para ver que
no están marcadas?
¿Por qué no repartes
el mazo
para ver si encuentras
remanso;
descanso debajo
del hartazgo,
sintonía y significado?
Porque la vida tiene un reclamo
que se hace andando,
con cada mano
incluso en paso;
busca tu propio palo
y no seas tan vago.
La vida está de tu lado
como un califato
con tres o cuatro mil vasallos;
todos quieren ver
la orilla del lago
y el origen de lo claro,
donde no hay trampa
ni mala jugada
solo un quehacer honesto
que fluye con el juego.
Y Flaqui quedó pensativo
ante los consejos del grillo.
Ya se había repartido
y miró sus cartas
que parecían altas,
una buena jugada
a la que apostar
todas sus ganancias.
Jugaba consigo mismo
al ir más allá del individuo,
en el yo confío
y en el sigo y sigo.

Graicas a Sprinter_Lucio por la foto


