Vídeo sobre el poema Amor a Madre Tierra; llegada a un nuevo país lleno de exotismo y aventura; ademas de mucha riqueza y oportunidades. Conexión con Madre TIerra, con su fuerza, con el barro, con el movimiento y con la energía.
Y vi una hoja verde que hablaba con los grillos y también con los felinos; tenía matices de Corintio y una voz de pito; y con un redoble trino susurraba a gritos:
“Soy el ojo del huracán que conoce a los ancestros pues soy amiga de los abetos y de todos los esqueletos.
Murieron hace milenios y ahora están muy quietos siempre sobre en un ruego que se sumerge en el suelo”
Y la tierra se abrió y me mostró un agujero que no era yermo; tenía una tablilla escrita con mis siglas.
Y allí estaba madre tierra con su figura descubierta, tenía la mano abierta y en ella había una promesa:
“No es el tiempo lo que te preocupa, sino que ya no eres oruga; tampoco tienes arrugas, se acabaron las excusas”
Y anduve por el camino de los árboles como si estuviera en trance, estaba hecho de sueños y despertares que brillaban entre los maizales.
“Esta es tu nueva figura que vive de la escritura, ya no hay lucha, sino suma holgura.
Así que escucha, no hay campos invernales, solo dorados trigales. Coge tu pluma, esa que susurra nuevas realidades y despliega tu arte”
Y miré a la hoja verde que cantaba un sainete, estaba contenta encima de la maleza, hacia el pino y susurraba a los grillos y de vez en cuando soltaba algún grito.
Y vi a Madre Tierra a través de la pradera, entre toda la maleza y en medio de la selva.
Y era tan bella, con sus rasgos de piedra y sus surcos de madera y todos esos encajes que estaban hechos de hierba.
Y llegué hasta sus caderas que habían alumbrado el mundo con un gemido agudo y ahora desataban los nudos.
Y me extendió una mano en forma de lago que olía un poco a barro.
“Has venido, por fin. Te he estado esperando durante un par de años. Ahora que ya nos vemos deberías estar contento, has roto tu credo y aceptado lo concreto, todo lo que tiene forma y lo que se da ahora.»
“Pero tengo miedo a lo incierto, a lo que inicia el movimiento y sale de dentro.”
Y me susurró al oído un canto primitivo de poder amarillo para andar el camino y abrazar mi destino.
“Yo en ti, confío. Me eres tan querido como todos mis hijos. Por eso os cuido y os doy abrigo.”
Y abrió sus entrañas y me mostró su corazón olivo de un verde calipso. ¡Tenía tanto cariño! Un gran río compasivo que te llenaba de estío, de brío y mucho poderío.
Gracias a Quingbao Meng por la foto
¡Gracias Madre Tierra!
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