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Etiqueta: piedras

La Tierra despierta

La Tierra despierta

Partículas… 

Veo un castillo
lleno de visillos
son indivisillos,
el último estribillo 
y por más que miro
y miro,
¿Todo está en brillo?
¿Veo delante mi destino?

Es un paso contiguo
que conduce al alivio,
al no quejido.
Existe un estado fallido
en el cúmulo vacío
que vibra entre neutrinos.

Allí no hay amasijos
pues todo es sencillo,
un gallo vespertino
que con su grito
deja a todo el mundo
enmudecido.
Un conjunto de partículas
en estado fluido,
el solo y sí mismo,
un sello antiguo
que miro un vikingo
mientras era consciente
de lo percibido.
Un muro de marionetas
llena de perseidas griegas
u otras tramas
de tantas novelas;
en el que una doncella,
se inmiscuye con su alteza
¿Conocida historieta,
el sumun de la epopeya?

Pero en la mitad del acto
casi en la mitad del diálogo,
hay una gema
que abre una puerta
en el universo opaco.
Allí están todas las respuestas
desde la última cena,
el primer desembarco
y la constitución del átomo.

Es un páramo
que está fuera del marco
y apenas tiene trazos,
es como una cuerda
longeva
que despliega la materia
para constituir niveles
de la consciencia.

¿Y si la ciencia interviniera?
¿Y si las artes consistieran?

Y ahora la Tierra…

Pero hay un niño mestizo
de pasado abisinio
que se presenta los domingos
con un crucifijo;
y habla de creencias
y demás pertenencias,
mientras la humanidad
busca una estrategia
para mirar a la Tierra
que ya levanta sus piernas.

Es una señora vieja
que da vueltas
y sonríe a los planetas,
es una mujer que sueña,
un alma plena
que busca que todas sus células 
que habitan en la corteza
se muevan
y encuentren su esencia.

El juego de la botella
tras la merienda,
las paredes de una estrella
que por fin despierta.

Y se frotan las cuencas 
como si fuera nochebuena,
una cola de cometa
y el núcleo que ya fermenta;
nos observa la mujer
recubierta de piedras,
desde edades desiertas
para sacarnos la pereza
y que nos ardan las venas.

La vida es una selva
llena de panteras
que corretean
con energía
y ninguna minusvalía.

Estira la mano,
el lenguaje es alto y claro,
llueven pedruscos
para hacer el amor
a los musgos,
vienen desde los etruscos,
es el con-sumum;
la imagen del corpúsculo.

Y esa señora nueva,
floreciente en palmeras 
nos empuja a la ruptura,
hacia una nueva cultura,
basado en la suma
y en todos vamos a una.

Es una realidad terruna,
sustentada en columnas,
una nueva estructura,
apología diurna
que se llena de fortuna.

Y aquel niño
antes de cara taciturna,
ya relumbra
pues ve una comuna
de almas en conjura,
donde nuestra realidad
es la tuya.

Un mundo que
recupera la cordura
y por fin está en cura.

Gracias a Vallenfine por la foto

El diamante iluminado

El diamante iluminado

(De diamante aprendiz a iluminado)

Habíase un diamante
pequeño y corrosivo
que todo el mundo
llamaba Benito.
Era muy digno,
incluso fiel amigo
pero de vez en cuando
perdía los estribos.

Un día paseando
por una charca,
puso su mirada
en un alga
y lo que allí vio
realmente le sorprendió.
De ahí nacía la calma.

Así que se zambulló
en el agua
y buceó hasta los corales
y estos le contaron
el secreto de los metales.

“Sabemos de la transmutación
y de las piedras preciosas;
aquí no hay confusión
pues solo existe un cosa.
Si puedes ser todo
y a la vez ser parte
pronto convertirás en oro
hasta tu último poro.

No importa el decoro,
no importa el lloro.
No habrá ojo por ojo
ni ningún despojo.
Solo verás el esbozo
y lo que es espinoso
entre lo esponjoso.»

Y así conoció la Alquimia
junto a otros mil califas,
y viajó por todo el mundo
con un cofre de mil escudos.

Hasta conoció una institutriz
llamada Aurelia
que comprendía la matriz
de todas las quimeras.

Y era tan bella,
una reliquia hecha doncella.
Y encendió una vela
rebosante de cera
que se derritió
para iluminar su gema.

Y Benito sonrió
entre dimensiones
hasta ver los pormenores.
Todo era reluciente
pues ya no había mente;
se había iluminado
tras el carbono cristalizado.

Solo era luz… solo luz…

Gracias a Ewar por la foto

El gigante

El gigante

Y se levantó el gigante
en medio de la tierra
con una maza y una piedra
y era imposible calmarle
al observar tanto disparate.
Así que empezó a andar por las calles
con un gesto feo y voz grave
para gritar a todos los maleantes:
“Sois como los de antes
de folclore y mucho parche
pero si queréis arreglar esto
no hay otra manera
que ir a ver al venerable.”

“Ese ya no existe;
se despistó hace muchos lances
cuando la gente miraba al cielo
y entraba en trance.
Veían constelaciones
y estrellas combándose
que guardaban secretos
y un mágico desenlace.”

“Pero ahora solo veo dinero
un torrente infame
de falsos compadres
donde nadie es nadie.”

“Todo lo que tenía que decir
el gran venerable
ya lo dijo mucho antes,
cuando había cuentos
y también disfraces
y no tanta tontería
y tanto dislate.

¿Por qué va a escucharnos?
¿Por qué diantres?
Si somos como un enjambre
o unos muertos de hambre
que solo miramos al cielo
antes de que alguien la palme.
¿Por qué ahora la muerte?
¿Para qué este viaje?
¿Para qué tanto buscar
si están ocultos los diamantes?”

¡Callad ya! gritó el gigante
y torció aún más su semblante
hasta que la boca se le hizo larga
y se le quedó tirante.

«Mirad la pirámide y el valle
donde están las escalinatas
y donde están las espirales,
donde están las bocanadas
que se llenan de aire,
donde están los hechiceros
que antes fueron personajes,
donde están las sílabas
que se enredan en las vocales.

No hay forma y no hay mensaje.
Es un sinfín de variedades;
un conjunto de la mente
del que todos somos parte.
Desde los más pequeños
a los más grandes,
para dar forma al mundo
y a todo este escaparate.
Alarga tu mano
y siente lo palpable
¿No ves que está hueco
y no hay subjetividades?

Hazte a un lado
y deja de golpearte,
y recuerda los días
que eran obras de arte,
hace ya lustros,
hace ya ni sabe,
cuando corrían por la tierra
miles y miles de gigantes.»

Emociones de Cuarentena I (Hace una semana)

Gracias a LoggaWiggler por la foto

La doncella del infinito

La doncella del infinito

Te veo en los confines de la tierra
más allá de las sombras
donde las verdades son inciertas
y apenas hay zozobra.

No son los ojos los que miran
ni las manos las que tocan,
en todo hay una neblina
que enmudece a la roca.
Y se quedan frías las montañas
y helados los lagos;
pues es inmensa la pestaña
que concibe colores claros,
esos que descomponen los ojos
y allanan la mirada
hasta que se pone roja
y del todo invertebrada.

Y ando por un campo de luces
con caminos apagados
todo cubierto de hules
y de chopos dorados.

Y estás allí en medio, dubitativa,
pensando en las musarañas,
desnuda como el primer día
y rebuscando entre las palabras.

Y hablas con los árboles
y buscas sus respuestas
más allá del ágape
cuando tu piel era morena.

Y extiendes un dedo
con una actitud lisonjera
que hace cosquillas a los cerezos
y a toda la arboleda.

Y la risotada se propaga por la hierba
y por un plano de la estratosfera,
en un mundo donde no hay capas
ni tampoco enredaderas.

¿Buscas, doncella del infinito
una pregunta en medio del átomo,
tan pequeña como una mota
que te conecte con el páramo?

¿Buscas, incandescente doncella,
esa pregunta certera,
que contenga todas las respuestas
debajo de las cortezas?

Mira entonces en medio de la noche,
allí donde se acaba el orden,
donde se acuestan los soles
y enmudece la materia.

Y pregúntate de una y mil formas,
con esa sonrisa tuya traviesa,
qué tiene tanta gracia
y se oculta tras las piedras.

Gracias a cmolens por la foto