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Categoría: Poemas ligeros

Poemas ligeros. Fáciles de leer, que son como una exhalación, como un respiro y que ayudan a colocar el cuerpo.

La carrera del erizo y la rana

La carrera del erizo y la rana

Un erizo y una rana
subían por una montaña,
en una especie de competición
para ver quién era el mejor.

El erizo se llamaba Rogelio
y contaba la vida en sexenios,
la rana se llamaba Aurelia
y tenía robustas las piernas.

Al principio de la carrera
se habían sacado la lengua,
no podía haber tregua,
ni otra cara de la moneda
porque solo uno de los dos
cruzaría primero la meta.

Habían competido en lagos,
montes y desfiladeros
pero ya no querían enredos,
se apostaban el mundo entero.

Rogelio jadeaba en su pendiente
mientras enseñaba los dientes
y Aurelia escupía en el camino
espoleada por los anfibios.
Pero los dos iban muy parejos,
ambos se hacían de espejo.

Y en esto habló la montaña
de nombre Maximiliana,
toda una señora empedrada
de maneras alsacianas.

“No hay competición,
ni tampoco ganador
solo una gran carrera
que puede ganar cualquiera.

No os perdáis en la disputa,
ni en toda esta locura,
dad zancadas con bravura
y saltos de altura.

Pues ya no habrá duda,
ni tampoco calumnia,
solo velocidad
en máxima punta.”

Y Rogelio perdió sus pinchos,
Aurelia su humor esquivo
y los dos se juntaron en la meta
para irse en motocicleta;
y así se hicieron muchas parejas
tras finalizar la carrera.

Erizo y rana en la carrera

Gracias a Oldiefan y a Alexa_fotos por las fotos

La puerta dorada y el gnomo

La puerta dorada y el gnomo

Y me desperté una mañana
con un torrente de fuego
en mitad del pecho.
Era una cascada dorada
un tanto alborotada
que había sido custodiada
por un gnomo de pelo malva,
con gesto torcido
y palabras deslenguadas.

“Soy el guardián de la morada
y de la puerta lustrada
esa que lleva cercada
desde épocas pasadas.

Pero tuve una corazonada,
que ibas a venir esta semana
para abrir la puerta del alma.”

Y se pasó las llaves
entre nudillos y palmas,
como si fueran aves
escapando del color mate
en aquel enclave
lleno de posibilidades.

“Aquí hay un tesoro
ya no tan remoto
que es de color oro
y te acerca al otro.

Pues no está separado,
ni mora en el otro lado
está aquí, cercano
tocando tu costado.”

Y se armó un alboroto,
una especie de terremoto
en el que saltaban los gnomos
y se les iluminaba el rostro.

Y la puerta se abrió
en medio del corazón
donde todo era confianza
y ríos de abundancia.
La vida se llenó de magia
y se unieron las galaxias
iluminando el rostro de la infancia
en una total ataraxia.

Y el gnomo se marchó
con un sonrisa en la cara
pues toda la realidad
se había vuelto dorada.

Gracias a JavierAlamo por la foto

La canción de los delfines

La canción de los delfines

Y cantaban los delfines
cerca de los confines
del mar Mediterráneo,
donde no llegaban bergantines
ni tampoco colibríes,
solo peces espadines
y algún despistado corsario.

En un palacio de las profundidades
apostado entre todos los mares
lleno de angostos langostines
con pinzas de colores rubíes,
dispuestos a pincharte las nalgas
y dejar escapar los hematíes
en cuanto les dieras la espalda.

Y en esto habló Hidalgo,
Arcipreste entre delfines
y uno de los más cantarines,
una especie de cetáceo lagarto
que balbuceaba palabras sufíes
y primo lejano de los escualos.

Y pronunció entre síes
que no quería seguir cantando
si continuaban bajo aquel manto.

“Abandonemos el palacio carmersíe
para que puedan oírnos los barcos.
Volvamos a subir a la superficie
para conocer otros especímenes,
ver más allá de los límites
pues allí no solo hay delfines
y criaturas submarines
sino seres que se alzan varios palmos.

“No te creemos Hidalgo,
¿Para qué mostrarnos?
¿Y sí de nosotros se ríen,
o creen que somos un chiste
que contamos embustes y chismes?”

“Pondremos los puntos sobre las íes
y cantaremos sobre los confines,
sobre la música olvidada de Osiris
y sobre el signo renovado de piscis.
Traeremos con nosotros lo sublime
junto con un montón de colorines
para que todos aquellos humanos
puedan salir ya de su letargo.»

Y así cantaron todos los delfines,
agrupados en miles y miles
esa música de los sinfines
que tanto habíamos esperado.
Nacía de sus branquiales laringes
llenas de místicos matices
que sonaban a acuosos tararíes
como cuando éramos pequeñajos.

“Gracias a todos los delfines,
por cantarnos desde confines”

Gracias a Ádám Berckez por la foto.

La confitera

La confitera

Y alcé la vista
y allí la vi
vestida de vainilla
con un chal de caramelo
y pendientes de guindas.

Me traía un regalo,
una promesa hecha de brisa
sobre todo el futuro
que bailaba en una cornisa;
una balada divina
de nueces y mandarinas
con un poco de nata
y jugo de almíbar.

Por fin la veía,
era mi amiga
durante muchos siglos
y tantas y tantas vidas.
Una confitera
que jugaba a la alquimia
entre los árboles frutales
y las palabras exquisitas.

Y puso ante mí
un contrato sabor sandía
lleno de posibilidades
y sin ninguna pepita.
Era el momento de la firma,
la cita definitiva
con un mantel de cuadros
y pasteles de mantequilla.

La voz de los artistas
de las letras y la fantasía,
un bizcocho de helado,
mango y harina.

Y allí delante puede
ver toda mi vida,
todos los entreactos
que se daban en la cocina.
Mientras el horno
movía su ruedecilla
y en la sartén
saltaban las torrijas.

Por fin había encontrado
a mi confitera amiga
que podría mis recetas
en todas las librerías.

Gracias a Muneer ahmed por la foto

Viaje interestelar

Viaje interestelar

Y me construí un cohete
con las herramientas del patio:
con una mecedora, un tobogán
una centrifugadora y un armario.
Y tomé carrerilla desde la colina
hasta al campanario
ante la atenta mirada
de mis amigos y del vicario.

Y me lancé en picado
y empecé a volar
por encima de los astros.

Y llegué hasta un planeta rosado
donde había aves a nado
que bebían fuego y escupían
sangre por los costados.
Y me sumergí entre espasmos
para poder palpar
todos esos cuerpos
cubiertos de plumas y escamados.
Eran como el Fénix,
atunes vestidos de ganso
que hablaban múltiples lenguas
desde el latín hasta el marciano.

Y les pregunté con sorna
en su idioma originario
¿Por qué buceáis y surcáis
a la vez el mar y el espacio?

“Porque hemos decidido,
hace ya periodos milenarios,
que es del todo arbitrario
preguntarnos si somos
aves o pescado,
criaturas de fuego o de acuario
¿Hay alguna respuesta
detrás de lo binario?
Ese es nuestro corolario.
Vuela y también
date un baño
y busca los límites
de este planeta rosado”

Así que me volví a mi cohete
un poco descolocado,
y encendí el motor
tras coger los mandos.
Y arranqué hacia la tierra
para volar a todo trapo,
saludando a las lunas
y al polvo estrellado
y cada uno de los huecos
que me iba encontrando.

Gracias a Pawel Czerwínski por la foto

El gato mágico

El gato mágico

Hay un gato
cerca de la puerta
que no tiene silueta,
que parece una mofeta,
por su olor a croqueta,
por todas sus rabietas.

Y da vueltas y vueltas
por el porche y la moqueta;
y hace una pirueta,
y enseña las muelas,
y salta por la ventana
para hacer que vuela.

Y se lo llevan los vientos
que vienen de Noruega
hacia una gata fiesta
llena de felicinos y gatuelas.

Y toma la otra puerta
que va hacia las estrellas
y ve su futuro
hace ya décadas.
Cuando era un asceta
en medio de la tormenta
que contenía la respiración
con mucha, mucha fuerza.
Y se puso azul
y luego violeta
hasta tener las manos
dentro de la tierra.
Y volvió a respirar
tras toda esa espera
pasando por el Olimpo
y por el universo azteca.

Y vuelve a lo gatuno
y encuentra su gata coqueta
que baja por una escalera
moviendo su colita
sin prisa y por fuera.

Y es tan risueña
casi como una fresa
y le ofrece leche fresca
y besos en hileras.

Y entonces le pregunta:
¿Por qué no me ves?
¿Por qué no me esperas?
¿A qué tanta impaciencia?
No ves para todo
hay una respuesta
y que mi nariz
no está hueca.

Y ella le contesta
entre lenguas extranjeras:
dame la mano,
gatueco artista
no tengamos tanta prisa
en disfrutar de la brisa.

Porque viene de Siria
y también de Nambia
y sabe a especias
nacidas en el India

Porque sabe a leche materna
y a salsa de pescadilla,
es como una cazuela
que te llena la barriga

Y él se atusa los bigotes
y le saca la lengua
y viven mil aventuras
y quinientas epopeyas.

Gracias a rauschenberger por la foto

Vuela paloma Vuela

Vuela paloma Vuela

Vuela paloma vuela,
vuela alto
más allá de las azoteas,
más allá de los tejados,
donde están las nubes
vestidas de blanco,
hacia los mirlos
que ya están sentados.

Vuela Paloma, vuela,
vuela hacia el ocaso
más allá de las esferas
y del cielo olvidado,
más allá de la tierra,
más lejos de Urano,
donde están las galaxias
que son polvo estrellado.

Vuela Paloma, vuela,
vuela hacia al anciano,
ese montado en una garza
y sobre un péndulo dorado,
que contiene todas las almas
en la palma de su mano
y que hará una pirueta
justo antes del colapso.

Vuela paloma, vuela,
vuela y no pares,
tú sigue aleteando
que pronto no habrá nada
y todo el cielo será claro.


Gracias a MK817 por la foto.