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Etiqueta: juzgar

No juzgues

No juzgues

La realidad es inmanente;
un pozo de agua fresca,
soluto y disolvente,
un régimen emergente
sin ententes
ni continentes,
óxido del éter
nacido para siempre.

Un dodecaedro dorado
que no fue forjado,
con tantas caras
y tantos lados
como seres creados.

Es una corriente
de agua bendita
que no necesita
ser bendecida,
porque resucita
y regurgita
un montón de maravillas.

Porque nunca se hizo trizas
pase lo que pase en la mirilla, 
y por mil veces que lo dividas:
¿Qué es una ecuación
sin solución?
¿Qué es un teorema
que se enreda?

Quítate los ropajes
de la mente
y sumérgete en detergente,
porque allá abajo
en las caricias del sustrato
no hay dolencias
ni eccemas
ni nada que duela.

Hay una selva
de quietud y presencia
sin indirectas,
los cultivos de la siembra,
el fin de la niebla
y lo que requiebra.

Una puerta
que es puro ecosistema.
Jardín de luces y sutilezas
que habla la lengua 
de la conciencia.
Es abierta y multicierta,
por sus manchas de colores
y polifacéticos olores.
Porque trasciende lo informe
y se presenta al ojo miope.

Una mirada de arlequín
para captar el sinfín,
un palanquín danzarín
que se sustenta en el devenir.

No juzgues,
no quebrantes
en miles de partes
y millones de cristales
Harán que te alces
y estés distante,
un verdadero dislate
para ser alguien,
ya seas rey o paje
estarás al margen.

La realidad es cauce
del mismo instante,
universo totalitario
que se expande.
Pero no serás consciente
sumido en tu traje,
libérate del tonelaje
mira al centro de la imagen,
al ser constante
que ahora se reparte.

No juzgues,
No juzgues más, diantres.
Rompe el embalaje
y sumérgete en este lance;
no hay más tarde
ni tampoco antes.

Gracias por la foto jplenio

Los jueces de la mesa

Los jueces de la mesa

Los jueces de la mesa
siempre iban de pesca,
pues mandaban a la gleba
armados con leyes secas
y sentencias espesas.

Estaba Faisán,
todo un truhán
que mandaba con afán,
cuidaba del ajuar
y de lo que estuviera mal.

Y también Adelaida,
recta como una escalinata,
la mano del templo
que mandaba desde dentro;
solo una voz
que sonaba como un procurador,
pero con aroma de terciopelo
por la ligereza de sus textos.

Y como no, Longevo Fetro,
todo un experto
en detectar el veneno;
que no conoce los peros
ni los desasosiegos,
pero impone con mano hierro
cualquier mandamiento.

Y se reunieron ante la mesa,
sin ninguna reserva
a revisar la jurisprudencia.

Y entonces habló el juez supremo,
que era de origen hebreo,
no era magistrado
ni siquiera juez o prelado,
sino un antiguo mago
que hablaba por los cuatro costados:

“Dejad de hacer leyes
y absurdas efemérides

Las leyes son un reflejo
de un gran sentimiento
en contra del sometimiento
que se encuentra desde dentro.

No hay ley en el Kaos
ni hombre malvado.

No necesitáis abogados,
ni siquiera juzgados,
pues sois todos bardos
y espíritus claros.

Seguid una luz,
un rayo raro
que invade nuestra mente
como al durmiente,
o al ser consciente.

En ella está la acción,
y el origen de la sensación,
da luz y acto
a todo lo pagano.
No hay bien ni mal
en lo no separado,
en el amor que nutre
lo que se está realizando.

Y los jueces pararon
y dejaron sus hábitos,
ya no eran magistrados
sino faros
encima de su propio teatro;
salieron a la vida
para no seguir juzgando.

Gracias a Succo por la foto