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El advenimiento

El advenimiento

Veo un recuerdo
que emerge en fragmentos,
tiene trescientos filamentos
y se envuelve como un poliedro;
pero me comunica un pensamiento
de que no hay ello ni aquello;
quizás todo es un sueño
donde no hay regla ni dueño
solo un aliento pequeño
que vino del fuego.
¿Ya estoy muerto?
¿Y si no tengo cuerpo?

Oigo un redoble en el subsuelo
que despierta a los lugareños,
es la antesala de los abuelos,
la línea del comienzo
que resuena como resuello
en alternancia con el cielo.
¡Pero si no es invernal
ni su aliento si quiera es gélido
¿Por qué me siento desacompasado
y cuando miro al espejo
ya no me veo?
¿Qué es este concilio siniestro
que vuelve mis ojos negros?
¿Es la sinfonía de los enfermos
que hace palidecer cuando estás quieto?
¿A caso tengo miedo?

«Son los haces de los milenios»,
dice una voz con sonido ligero,
«son las diatrabas del concierto,
las divinidades que ya están viviendo
y crean un tumulto en el terreno;
el apagón de un trueno,
el soliloquio tras el tormento
y el plenilunio en el firmamento.

Es un quehacer longevo
que nada deja impertérrito
porque es el momento
de cambiar hacia lo nuevo:
nueva forma, nuevo misterio;
un nuevo ciclo
con todos en el medio.
No soy yo, no hay sujeto,
no hay predicado, ni adverbio;
es todo el verbo
en pleno movimiento.
Un cambio de mentalidad
por una nueva humanidad
que a todos va a afectar.

Recordemos la divinidad
y viviremos en vecindad,
un despliegue colosal
que quebranta lo mental,
abre ahora el umbral
por encima de lo crepuscular
donde todo tiende a significar
y es digno de vivificar.

Todos somos el mismo pueblo
que camina más ligero,
liberamos peso,
liberamos peso muerto
aligeramos el descontento
y superamos los bostezos;
somos un planeta despierto
llenos de astros
que alumbra el advenimiento.

Gracias a jameswheeler por la foto

El cuento del Califa

El cuento del Califa

I

Veo en la morada
de la campiña
dos sillas antiguas,
pertenecieron a un califa
experto en intrigas,
pero ahora desde la mirada
con el pasado
en perspectiva
todo adquiere
un aspecto intimista.

Allí en medio
de un jardín longevo,
tras tres o cuatro metros,
se oye la voz de un eco,
es un mensaje convexo
curvado hacia dentro
donde los sonidos
rebotan como truenos.

“Soy la sima
de todo lo que divisas;
soy las pistas
y todas las vistas,
porque justo en medio
de la realidad estricta
hay una capa de parafina.
No es nimia,
tampoco es infinita,
solo es la sombra del califa.
que recuerda sin alegría
aquellas penurias divididas;
cuando la mente era
su lugarteniente
y su mayor contendiente.
Todo lo tenía pendiente,
todo era exigente,
un reino penitente
del pensamiento siguiente;
una muralla ovalada
de estuco y piedra calcárea,
una pared abovedada
con barro apilada.»

Y allí en medio de la división,
en medio de la escisión,
el sumo censor
se enroscaba hacia el interior,
pero no escuchaba la voz,
solo el susurro y el candor
que ardía en Jericó.
Ciudad sitiada
por un conjunto de llamas,
sumida en una revolución,
una vieja prisión
perdida en un neurotransmisor.

“Califa, respira
es ley de vida.

Califa, lo que ahora miras
es un prisma,
una bella metonimia,
una proyección evasiva
que se junta en el enigma.
Toda la vida,
toda forma constitutiva
no es continúa,
tan siquiera sucesiva.»

Pero el califa
no comprendía,
solo se fiaba
de lo que veía,
de sus creencias
y mirada mezquina.

II

¿Y si la realidad se sostenía
a sí misma?

Quería continuar con su agonía,
reinando con supremacía
del Nilo a Alejandría.
Muchos hablaban de su pericia
y su penumbra mortecina.
Pero en aquel jardín,
en aquel palacio Magrebí,
tras el sendero de jazmín, 
todas sus penas se
juntaban hacia sí. 
Muerto estaba,
enlutado y de postín,
un cadáver cadavérico
que solo esperaba el fin.

Componía canciones
de los misterios sufís
era un creyente alterno,
el último muerto
en medio de aquel huerto,
quería rezar un padre nuestro
y recomponer su testamento;
había sido un cruel guerrero
que ahora pasaba por reverendo.
Convenía en el advenimiento
justo antes del destierro,
era un único cuerpo
que miraba su entierro.

Se encontraría con sus viejos
y los que antes eran pequeños,
en un mundo de sueños
que se curvaba como un amuleto.

Y allí los recuerdos
silbaban con los truenos.

Si su mano no hubiera
degollado por cientos,
si hubiera entendido
antes al cordero,
¿por qué justo
en este momento
que se encaminaba
al sendero?

Ya se producía el incendio
con sumo estruendo,
se desligaba de su cuerpo
y emitía el último aliento.

Y allí, a lo lejos vio
como se disgregaba su ejército
y la orden de mérito,
estaba arrepentido
desde el comienzo.
¿Visitaría el infierno
u otro paraje cruento?

III

Pero divisó un ángel,
llamado Seleno,
que le detuvo antes
de que pagara al barquero.

“Aún no estás muerto,
eres testigo de que
apenas has vivido,
estás en tu propio concilio
donde nada está dividido,
donde no hay nada finito;
¿Oyes el ruido
del fuego consumido,
y todo el hastío
al que te has sometido?

Antes de caer en el olvido,
antes de darte por perdido,
antes de que revivas
en otro siglo,
tienes derecho
a manifestar tus designios.

—He sido cruel y maligno,
furtivo asesino,
un hijo putativo,
un monarca abusivo;
ahora lo percibo
(en medio de este juicio
que marca mi nuevo destino.
He promovido el infortunio
y no he sido compasivo;
ahora que lo miro
no encuentro alivio.

Si hubiera sido capellán,
si hubiera rezado a Abderramán,
pero ahora estoy en el estertor
en el último lugar.

Ya no hay ademán,
no hay nada que perdonar,
solo pagar
todos los males que tuve
a bien procurar.

—Pero pareces arrepentido
—Si quiera lo distingo.
—La duda es el primer
paso del adivino.
La duda acerca
los pasos a Cristo.
—Pero estoy consumido,
ya en el último soplido,
derretido por las llamas
del último hijo.
—Realmente no hay castigo
es solo un esfuerzo de equilibrio.
—Entonces me dedicaré a rezar
por las vidas que no puede evitar.
—Parte entonces
hacia el último mar,
tú que fuiste hijo de Alá.

Con buenos ojos
no te recordarán,
y tú memoria
algunos pisotearán.
Pero renacerás
para recompensar
todas las inmundicias
de tu fiera codicia,
la espada que mutila
y cuchillo que afila.
Como el consorcio decía:
renacerás en una misa
sin madre ni nodriza,
de otros serás curandero
para evitar su sufrimiento,
recuerda que eres bello
y que esto es solo un juego.
Te nublaste de apego
y te creíste sediento,
pero no estabas
en el desierto,
tan siquiera
estabas muerto.
Vivirás muchas vidas
hasta conocer
la verdadera alquimia
en la que la pupila
no estará dividida
para ver a la vez
toda la película.
No hay otro destino
que volver de donde
has partido.
Adiós, hijo mío.

Y así el califa emitió
su último suspiro.
Y en el jardín del olvido
aún se pueden
oír sus quejidos,
pero todavía hay un latido
de lo que puedo haber sido,
unos pequeños lirios
marcan el nuevo destino
de aquel sultán perdido.

Gracias a Levi Meir Clancy por la foto

A través del espejo

A través del espejo

ACTO I

A través del espejo
vi todo el universo,
en cada partícula
y en cada reflejo.

Dos luces se polarizaron
en pleno movimiento,
eran como un destello
y un estrépito
por fuera y por dentro.

Volaban por el cosmos
desde el comienzo,
dos haces y dos espectros
en buscas de respuestas
y de consuelo.
Eran Gamma y Reflejo:

Gamma: No entiendo.
No entiendo
lo que veo.

Reflejo: Porque es todo un sueño.

Gamma: ¿Cómo que un sueño?

Reflejo: Ya nada es nuevo,
Gamma.

Gamma: Pero si nos conocemos
desde el primer apogeo,
desde el rugir del trueno,
cuando todo era amarillo
como un incendio.

Reflejo: Y aún así es un misterio.
Apenas ha pasado el tiempo,
seguimos vagando
y flotando lento.

Gamma: ¿Lento dices?
Pero si parece un concierto,
un baile techno.
¿A caso no recuerdas
las tormentas de helio,
cuando no había planetas
y solo un fulgor eterno?

Reflejo: Aquello era sosiego
todo el mundo nuestro,
no había sombras
ni espectros.

Gamma: ¡Reflejo! ¡Reflejo!
siempre todo tan incierto,
tan oscuro y negro.

Reflejo: Es que soy un muermo.
Uno de esos rayos
que no tiene cuerpo.

Gamma: Se me ocurre una idea. Una idea.
Vamos al centro
donde están todos los reflejos,
donde aún es día
porque no existe el tiempo.

Reflejo: ¿A dónde es eso?

Gamma: A la Cabeza del Ciervo,
una galaxia
donde no hay invierno,
donde los haces cantan
sonidos de fuego.

Reflejo: ¡Yo quiero!
¡Yo quiero!

Gamma: ¡Pero si está contento!

Reflejo: No iba a estarlo, como si me leyera el pensamiento.

Gamma: Pues vamos, vamos
en este mismo momento.

Reflejo: ¿Pero y cómo lo hacemos?

Gamma: Una vez tuve un sueño
consistía en darse las manos
y apretar los dedos;
y gritar con todos los presentes:
¡Allá vamos! ¡Allá vamos
Cabeza de Ciervo!

ACTO II

Y una luz apareció
entre ellos
una puerta secreta
hacia el origen del universo.
Y ellos la cruzaron
hasta llegar al portero.

Gamma: ¿Y tú quién eres?

Portero: El portero

Reflejo: ¿El portero?

Portero: Sí, el portero de Cabeza de Ciervo…
Aquí solo tienen acceso
los rayos primeros,
los que fueron creados
cuando todo era un caldero.

Reflejo y Gamma lo miraron boquiabiertos.

Reflejo: ¿Y eso cómo lo demuestro?

Gamma: Sí, eso.

Portero: Pues por el acento.
Esos rayos hablan
en estruendo,
el idioma del magma
y del extranjero.

Reflejo: ¡No entiendo! ¡No entiendo!
Nos estás tomando el pelo.

Portero: Es un idioma pionero
de los haces que
vertebran el universo.

Gamma: ¿Y si no hablamos ese dialecto?

Portero: ¿Cómo que dialecto?

Gamma: Quiero decir el idioma ese del vertebro.

Portero: Pues entonces tendréis que decirme
la contraseña que da sentido a todo esto.

Reflejo: Eso es fácil
La sabe cualquier bombero
que haya nacido con el estruendo.
Es yo sueño… Yo sueño

Portero: Podéis pasar rayos primeros.

ACTO III

Y así lo hicieron
como en un festejo
y en un pasadizo de fuego;
habían llegado al centro
del orden y del misterio
donde todo eran llamas
en la Cabeza de Ciervo.
La velocidad subía,
centelleaban los decibelios,
mitad sonoros, mitad silencio.
Y vieron una supernova
y el cosmos entero
hasta llegar a una luz
que iluminaba el comienzo.

Gamma: ¿Así que es esto?

Reflejo: Todo es nuevo

Gamma: ¿Y si la tocamos, estaremos muertos?

Reflejo: Se oye un susurro
que viene de dentro.

Gamma: ¿Y qué dice?

Reflejo: Habla el idioma primero.

Gamma: Al fin lo conocemos.

Y tocaron la luz
y se fundieron
para ser de nuevo el todo
por un momento.
Todo tenía sentido
ya no había pensamiento
ni tampoco reflejo;
solo un estruendo
que destruía el tiempo.

Y allí estaban Gamma
y Reflejo
siendo solo uno
con todo el universo.

A través del espejo. Imagen de Aldebaran S

Gracias a Aldebaran S por la foto.

*De esta obra de teatro se ha omitido el texto referente a la presentación de los personajes, emociones, entonación y estado de ánimo para que sea más sencilla su lectura.

La pira

La pira

Y vi un amuleto
que contenía un secreto,
un gran trueno
y tres destellos.

Los hechizos de los hombres
que se deshacían en cobre
y al fondo una gran pira
que era hija de la desdicha.

“Soy Julerma,
hija de la quema,
la que siempre parpadea
en la llama eterna.”

Dicen que soy como el alambre
pues siempre tengo hambre
y hago caer en trance.”

Y escuché una voz aguda
llena de ternura
que disipaba las dudas.

“No juzgues con premura,
ni hagas falsas conjeturas
solo por miedo al desenlace.

No hay miedo en lo que arde;
no puede propagarse,
es solo el fuego
que tenemos dentro.
¿Qué hay de malo en ello?
¿Es malo el deseo
por llevar al apego?

Y miré a la pira
que de nuevo sonreía,
ardía y ardía
con arrojo y valentía.

No había mentira,
ni escrupulosa vida.
Solo verdades de incendio
que rodeaban el amuleto.

Gracias a Griselda Servin por la foto