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Categoría: Clásicos Primitivos

Poemas clásicos y primitivos publicados en los últimos dos años.

Los gnomos del parque

Los gnomos del parque

Los gnomos del parque
están en todas partes:
en los alcornoques,
las bayas y los matorrales;
y cuando bajan al suelo
o se caen de los árboles,
corretean entre los niños
cerca de los toboganes.

Los gnomos del parque
temen al pie grande,
ese pie gigante
del que hay que huir
para que no te aplasté.
“Es la suela del hombre
y la pisada menguante.”

Los gnomos del parque
hablan de la leyenda
de un gran alce
que se ve entre los pinos
los martes por la tarde
y van en su búsqueda
entre palmas y cantes.

Y se encuentran un duende
con careta de ángel
que canta como un pájaro
un montón de disparates.

Y les muestra una esmeralda
de un verde brillante,
tan grande como una roca
oculta entre el follaje.

Y la tocan con sus dedos,
con sus pequeñas falanges,
para entrar en otra dimensión
más allá del verde cuadrante.

Y vuelan por los aires
e incluso hasta se deshacen,
uniéndose a ese verde corazón
que palpita en la gran madre.

Y cuando vuelven al parque
y salen del trance
tienen la cara pintada
como en una fiesta de disfraces.

Los duendes del parque,
pequeños gigantes
que están en todas partes.
Allí, entre las setas,
los matojos o los perales
y cuando cae la tarde
corretean entre los niños
con sus verdes trajes.

Gracias a diego_torres por la foto.

Vuela paloma Vuela

Vuela paloma Vuela

Vuela paloma vuela,
vuela alto
más allá de las azoteas,
más allá de los tejados,
donde están las nubes
vestidas de blanco,
hacia los mirlos
que ya están sentados.

Vuela Paloma, vuela,
vuela hacia el ocaso
más allá de las esferas
y del cielo olvidado,
más allá de la tierra,
más lejos de Urano,
donde están las galaxias
que son polvo estrellado.

Vuela Paloma, vuela,
vuela hacia al anciano,
ese montado en una garza
y sobre un péndulo dorado,
que contiene todas las almas
en la palma de su mano
y que hará una pirueta
justo antes del colapso.

Vuela paloma, vuela,
vuela y no pares,
tú sigue aleteando
que pronto no habrá nada
y todo el cielo será claro.


Gracias a MK817 por la foto.

El dilema de Angelito

El dilema de Angelito

PARTE I

Luchaba contra dragones
entre castillos y torreones,
y cerca de la montaña
contra los malditos espectros de Fara,
que me atacaban con sus aguijones
y con aquellos sanguinarios gorriones,
que tenían mucha mala baba
y feas pústulas en la cara…

Pero todo cambió en un traspiés,
con una desafortunada postura,
que me hizo caer de la cama
para magullarme el torso y la espalda.

Y allí frente al espejo
solo veía un brote bermejo
que emanaba de mi pecho.
Entonces fruncí el cejo
y dejé mis juegos por completo,
incluso fuí a pedir consejo
hasta al Bar del tío Anselmo;
un viejo funesto,
además de sabio y poseso,
hechizado por un poder colérico.

Y allí le expliqué mis desventuras
y otras muchas escaramuzas
contra gigantes y brujas.
Incluso le enseñé la herida,
a ver si me suministraba cura,
pero el se mantuvo impertérrito
ante mis relatos y mis cuentos.
Y no por mi falta de bravura,
sino por mi elocuencia y locura,
hasta casi dejarme tieso
con su pánfilo decreto:
“Angelito ese rasguño tan pequeño
no admite duda,
vete corriendo al colegio
o te castigo hasta que seas viejo”

¡Menuda birria de precepto!
¿Y esa era toda la ayuda…?
¿Volver a ese centro de tortura?
Si aún me quedan batallas y luchas;
visitar a las hadas en la laguna
o conversar con elfos en la espesura.

Ni muerto.
Ni preso de la locura
vuelvo yo entre maestros;
esos druidas de altura,
con sus libros de texto
y sus relatos siniestros,
llenos de ecuaciones y teoremas,
amigos de microscopios y bacterias.

No,
pienso volar sobre el firmamento
y escuchar a las aves en concierto,
para coleccionar todas sus notas,
y meterlas en una bolsa
como si fueran piedras preciosas,
que abriré en el parque
para que todo el mundo se levanté.


Gracias a Sipa por la foto.

PARTE II

Y una voz cercana…

“Angelito, Angelito,
guarda tu espada y tus conjuras,
pues del metal solo quedan balas,
que ahora se disparan entre la bruma,
muy lejos de las dunas.

Vuelve ya al colegio
y aprende a Pareto,
y las leyes de la estructura,
pues todos tus versos
y tus canciones de aleluya
suenan a otro tiempo.

Vuelve ya a las asignaturas,
no ves que todo está medido
y apenas hay holgura
para los relatos de héroes
y las batallas de los reyes.
No montes más en corceles,
sino quieres acabar entre bedeles,
o lavando platos
en el más oscuro anonimato.

Vuelve ya a la cordura
pues las aves ya no tienen plumas,
ni de la seda queda ya su ruta.
Aprende de economía y de aranceles,
y haz todos los días los deberes.
Asume que los colores han perdido su tono,
en los árboles ya no hay gnomos,
y apenas hay voces en el coro.
Es la piedra la que canta en solo
y la mano del hombre la que ha matado al ogro.”

Angelito, escuchaba perplejo
el discurso de su vecino Demetrio,
lleno de sortilegios y tonterías,
pues ya no miraba con catalejo,
tan solo como un necio.
Escapado lejos de la infancia
y de los tiempos de la magia,
de todos los duendes y los arpegios,
los hechiceros y los sueños.

“Miras la vida como un ciego,
y gruñes como un tuerto.
No hay mundo sin pares,
ni países sin dos ciudades.
No magia sin forma,
ni pinceles sin acuarelas;
no hay dragones sin princesas,
ni ingenieros sin presas.
¿Es el juego contrario al esfuerzo?
¿Y el movimiento enemigo de lo quieto?

Ponte mallas de nuevo Demetrio;
y enfúndate tu lira.
Entona esas sonatas divinas,
a tus clientes y carabinas,
que hace tiempo que olvidaste.
Ya guarda en el armario tu traje
y toca de nuevo al abordaje,
como cuando eras un pirata
o un corsario de los mares.
Vístete de guerrero de una antigua orden
y enfréntate de nuevo a dragones…

…que yo volveré al colegio,
con mi sabana de caballero,
para estudiar con esmero
las leyes de la magia y el intelecto,
con una calculadora en una mano
y una espada en la otra.”


Gracias a AlbersHeinemann por la foto.

FIN

Conversaciones con el tiempo

Conversaciones con el tiempo

Me levanté tras mucho vino
con la boca llena de larvas,
todo el traje roído
y sin poder usar el habla.
Estaba entre las matas y los pinos,
bien pasado el alba,
con barro en los tobillos
y arena en las mangas;
me salían murciélagos del ombligo
y piedras de la cara,
ya apenas escuchaba sonido
y tampoco ninguna palabra.

En medio del vacío…

Todo eran sombras sin sentido
que reptaban en nirvana,
amigos del delirio
y transeúntes del Karma.

Y extendí un dedo corrosivo
en medio de esta charada,
una especie de ruego anfibio
que iba más allá del dharma.
Y encontré al tiempo altivo,
vestido con sus mejores galas,
como una antiguo capitán de navío
que nunca suelta amarras,
ese que dominaba el destino
y los ritmos de la espada.

Y le pregunté,
Ay, tiempo, amigo mío
¿Por qué el agua me sabe amarga?
¿Es este el libre albedrío,
que está lleno de cataratas
o son las mentiras del Calvino
que se confunden con la mar salada?
Pues solo veo un ovillo
enredado como un mantra,
donde es imposible encontrar hilo
y mucho menos la calma.
¿Serán tus mareas un silbido
escondido entre tus baladas,
una especie de pez martillo
que grita por las mañanas
y que solo puede ser oído
tras el desembarco de las fragatas?

… Pero un silencio salino…
ya se escucha en las playas…

Y por fin llegué a Paramaribo,
donde la arena era naranja,
con los costados amarillos
y la respiración prana.

Y el tiempo se ha había escondido
de las escuchas y las miradas,
pues solo era un mito
que se reflejaba en el agua clara;
un cuento para los vivos
que resuena con la marejada.

(No hacia falta ni silencio, ni grito,
ni ademanes, ni palabras;
solo un tranquilo respiro
lleno de cantatas)

Gracias 851878 de Pixabay por la foto.

La historia del mono Tolingo

La historia del mono Tolingo

La historia del mono Tolingo
que tira piedras desde su tresillo,
de tarde en tarde juega al bingo
y si no se va juerga con sus amigos.

Desde su árbol juzga el mundo,
escondido como un chiquillo,
con sus aires de vagabundo
y sus orejas de soplillo.

Si le cuentas un chiste,
te dirá “mira no lo pillo”,
pero si le ensañas alpiste,
al momento, te sacará el colmillo.

Y es que dicen que este mono tiene malas pulgas,
que en otra vida fue una bandido
pues siempre anda perdido en mil diabluras
de alcoholes y cigarrillos.

Parece que una vez habló a la Luna,
después de atusarse el flequillo,
para preguntarle ya pasada la una
si le gustaba el pepinillo.

Y la luna quedó ofendida, claro
y le negó por siempre su brillo,
quedando de noche sin faro
por tan estúpido chascarrillo.

Y desde entonces protesta a lo oscuro
y se repite tanto como un grillo,
“Lunita, Lunita te lo juro, te lo juro,
perdóname que solo fue un descuido».

Pero ella sigue sin contestarle,
muda y velada como un armadillo,
pues no se fía de este primate
que sin duda se cree el más pillo.

“Pues a mí que me importa”,
grita con cara de pocos amigos
y parece que se le va salir la aorta
ante semejantes graznidos.

Y en la jungla ya no duerme ninguno:
ni las aves, ni los leones, ni los cocodrilos.
Y todos piensan, este mono tan capullo
debería haberse llamado Narciso.

Y ahora todos le imploran a la Luna
“Por fa, readmite a este mono pardillo,
así dejará de dar la turra
y todos volveremos al paraíso”

Y mientras ella se lo piensa
justo antes del rocío,
el vuelve a la gresca,
embriagado por ese aroma albino,
armado con su caña de pesca,
a ver si una mona le da cariño.

Y es que así es el mono Tolingo,
un primate ojeroso y barbilampiño,
que de tarde en tarde juega al bingo
y siempre que puede se va de vinos.

Gracias a WikiImages por la foto