La leyenda del párroco

La leyenda del párroco

Y entré en un vórtice
que estaba lleno de pájaros
y todos cantaban al unísono
la leyenda de un párroco,
que había venido de muy lejos,
más allá del Atlántico
donde volaban los peces
y sonreían los náufragos.

Había venido por casualidad
por un hecho caústico,
tan vibrante y fértil
como elegiaco.

Y vio multitud de sirenas
que le rodearon con sus cánticos
con sus cuerpos espumosos
y sus redobles oceánicos.

Y allí en medio
del placer más catártico
supo que las mareas
podían contener el orgasmo.

No había saber pragmático
ni desdén diplomático,
no había obra ni fe,
ni orden tolemaico.

Solo un calor creciente
capaz de derretir el Ártico,
capaz de envolver las olas
con el goce más tántrico.

Y entonces salieron del vórtice
un par de albatros
para susurrar la leyenda
a todos los barcos.

Y los años pasaron
en las carnes del párroco,
ya tenía arrugas
cerca de los párpados.
Y allí estaba en los mares
rodeado de sus vástagos,
de toda su prole
que le envolvía de abrazos.

Gracias a Dominique Lelièvre por la foto

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