Navegando por
Etiqueta: ahora

La línea y la esfinge

La línea y la esfinge

Andaba por una línea fina
cargada de serotonina
cuando vi un paraje
que me llevó a observarte.

Estabas suspendida en el cielo
en medio del deshielo,
cerca de una ladera
con forma de esfera,
con muchas herramientas
y otras tuercas
que alimentaban la materia.

Y grité a tu sombra:
¿Por qué tanta zozobra?
¿Por qué justo ahora;
hay algo que sobra
en la inmensidad de tu obra?

“Tus lágrimas son tristes
como pensamientos grises,
un tanto indivisibles
como las líneas de Euclides.

Quizás, todavía te resistes.
Nada es tan terrible.
Suéltate a lo que existe.“

Y se convirtió en una esfinge
tan bella como Nefertiti;
veía a través del tiempo
en medio del invierno;
no había tristeza,
ni tampoco desasosiego;
solo un suspiro eterno
que abracé como un destello.

Gracias a sciencefreak por la foto

Me encontré con Madre Tierra

Me encontré con Madre Tierra

Y vi a Madre Tierra
a través de la pradera,
entre toda la maleza
y en medio de la selva.

Y era tan bella,
con sus rasgos de piedra
y sus surcos de madera
y todos esos encajes
que estaban hechos de hierba.

Y llegué hasta sus caderas
que habían alumbrado el mundo
con un gemido agudo
y ahora desataban los nudos.

Y me extendió una mano
en forma de lago
que olía un poco a barro.

“Has venido, por fin.
Te he estado esperando
durante un par de años.
Ahora que ya nos vemos
deberías estar contento,
has roto tu credo
y aceptado lo concreto,
todo lo que tiene forma
y lo que se da ahora.»

“Pero tengo miedo
a lo incierto,
a lo que inicia el movimiento
y sale de dentro.”

Y me susurró al oído
un canto primitivo
de poder amarillo
para andar el camino
y abrazar mi destino.

“Yo en ti, confío.
Me eres tan querido
como todos mis hijos.
Por eso os cuido
y os doy abrigo.”

Y abrió sus entrañas
y me mostró su corazón olivo
de un verde calipso.
¡Tenía tanto cariño!
Un gran río compasivo
que te llenaba de estío,
de brío y mucho poderío.

Gracias a Quingbao Meng por la foto

¡Gracias Madre Tierra!

Salida del desierto

Salida del desierto

En la puerta del desierto
vi un beduino que miraba al cielo
y con un poco de recelo
le pregunté por los engranajes
de la rueda del tiempo.

Y el me dijo: “Ahora no,
ahora no quiero, quizás luego.
Tienes que andar por la arena
hasta llegar al desfiladero
cerca de un embalse
donde las orcas y odontocetos.
Allí verás un camino de piedras
por el que han subido
todos los poetas
incluido Homero.

La llaman la escalera del arte
y también del apogeo
porque todo lo que rimas
se proyecta al mundo entero;
es como un gran espejo
donde las palabras se juntan
hasta formar un soneto,
que esta lleno de significado
y contiene todo el alfabeto,
y otros miles de símbolos
que silbaban los griegos.

¿Y tú tienes alma de poeta?
¿Alma de escritor etéreo?
¿Alma del que canta
cuando no está despierto?
Pues besa la piedra que pisas
que el suelo no es hueco,
está lleno de tesoros
de relucientes destellos.
Solo tienes que meter la mano
en la tierra, muy adentro,
para sacar las monedas de oro
que te negaste hace tiempo.
No hay razón para más dislate
y menos para tanto contratiempo.
Justo en la sombra que pisas
hay un campo de pomelos.

Mira como brillan,
como brillan desde lejos.
Ya no hay desierto
y nada es incierto.
Todo lo que temes
se lo llevó el viento.

Así que asómate
a la puerta del cielo
donde están los delfines
y los jinetes polinesios;
donde apenas hay sombras
pues se habla en proverbio,
donde se oye el eco
de una caracola
y de trescientos mil talentos.
Porque Todo es de oro,
Todo es por setecientos,
como un desfile de figuras
que nutren el cielo abierto.
Ya lo ves, ya puedes cogerlo,
el futuro que tanto has esperado
se da en este momento.

Resultados de cuarentena

Gracias a Giorgio Parravicini por la foto

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies