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Etiqueta: oro

El reflejo del ego

El reflejo del ego

Veo una ventana llena de folclore,
es como un centro, repleto,
lleno de tres soles
que completan el orbe
mientras buscan el orden
en un estruendo inmisericorde.

Una multitud de redobles
en punga del insigne renombre,
un pronombre
que acaece a todos los hombres.

“Este es un viaje
a lo que se rompe,
a lo que no tiene molde,
hacia el límite
y hacia el borde,
un conjunto de creencias
que se caen de una alta torre,
hacia el foso,
un lago sinuoso,
para muchos monstruoso,
un espacio nebuloso
que brilla como el oro,
pero es nuboso,
por veces delicioso
y se cae a trozos.”

Perdía el antebrazo
y otros tantos pedazos
resquebrajados de cuajo
más con aire renovado;
yo no lo sabía,
era el fuego de la pira,
todo ardía
en una realidad sucinta
que se mostraba contigua.

Y vi mi reflejo
ante un lago de queroseno,
era verdoso y animoso
como de ensueño;
estaba vacío por completo.
Y me habló una voz
que venía de muy dentro:

“No estas muerto,
solo es el destello del reflejo,
parapeto del entierro;
no hay atrezzo
ni devaneo,
todo parece un esperpento,
el rezo de un convento
y un pozo seco.
El sueño eterno;
un ya no puedo
pero son solo
las briznas del espejo;
un sello,
clarividencia en lo incierto,
no te miento,
la verdad es que te
estás deshaciendo.”

Y me zambullí
en una realidad lejana
siempre divisada,
no había lamento
ni tampoco fuego,
solo era un juego
que emitía mi reflejo.

Cuanto más me deshacía,
más me conmovía,
quizás tuviera miedo,
quizás lo viera todo negro
pero en ese mundo de deshielo,
en ese cataclismo ingenuo,
notaba como el ego
se estaba muriendo.

 

Gracias a  jplenio por la foto

Creencias limitantes (Los diminutos amarillos)

Creencias limitantes (Los diminutos amarillos)

Y me levanté una mañana
y todo lo vi claroscuro
como si un rayo se abriera
paso contra un muro,
hecho de creencias
y de otros tantos bulos.

Era amarillo, resplandeciente
y contenía las notas de mi futuro.
El elixir de una estrella
que ha venido a nuestro mundo
con unos pequeños individuos
que había recogido en Saturno.

Y pululaban y hablaban
de lo que pudo ser y no hubo,
pues estaban todo escondidos
en los rayos de oro puro;
haciendo teatros de marionetas,
jugando al pilla-pilla o la quema,
todos vestidos con careta
corriendo por la probeta
del deseo y la silueta.

Y llegaron a la tierra:

Y miraron de frente
y vieron el conjuro,
ese que estaba enredado
en mi cuello en forma de yugo;
desde antes de ser un niño,
desde hace mucho,
cuando levantaba
los brazos a lo absoluto.

“Libérate ya de esas creencias
que no te llevan a sitio alguno,
de que solo hay trabajo duro,
y pequeños mendrugos.
Pues todo ello es absurdo
y no da usufructo.
¿No ves que tapa la riqueza
que se reparte por la tierra?
¿No ves que mires donde mires
hay verde en la naturaleza?

Nosotros ya estamos en la tierra
y nos quitamos la careta
para darte las monedas
de tu milagrosa receta.

Esa que brilla desde dentro,
esa en la que creen los ascetas
cuando suben a la montaña
de lo que ruge hacia fuera.

El mundo está en cambio,
se caen las estratagemas
y cambian todas las reglas.
No sirve lo de antes,
solo trajes y tallas nuevas.
Brillantes chalecos
y novedosas piezas.
La tienda del oro
por fin esta abierta.
No hay dos por uno,
ni tampoco ofertas.
Solo el traje vibrante
de lo que anhelas.

Así que póntelo
y haz de él tu emblema”

Y los seres diminutos
crecieron hasta las esferas,
dorados como el universo,
sujetos por sus piernas.
Y tocaron todos los astros
y todos los planetas,
hasta la visión primigenia
de la que hablaban los poetas.

Gracias a Kenny luo por la foto

Y cambió el mundo

Y cambió el mundo

Y despertó de un sueño
largo y profundo
que había durado toda la noche
o tan solo un minuto.

Y cambió el mundo;
tal y como lo conocíamos,
se había vestido de luto.
Sin previo aviso;
sin un último saludo.
No más excusas,
no más bulos.
Este es el momento
o no habría ninguno.

Se había vuelto frío,
se había vuelto duro.
Y todas las almas se agolpaban
frente a un muro
que rodeaba una cadena
hecha de oro puro;
tan reluciente e intensa
como el telurio.

Y se abrió una compuerta
que bajaba al inframundo
con una pared llena de moscas
que estaba hecha de estuco.

Y allí bajaron muchos
en busca de un susurro
para salir de dudas
y poner luz en lo oscuro.

“Exigimos una explicación”
gritó de pronto el vulgo.
“Esto no hay quien lo aguante
¿Por qué nos trata como vagabundos?”

“Si estábamos muy tranquilos,
estábamos cada uno en lo suyo.
Sin molestar a nadie
todos aquí muy pulcros.”

“Y ahora vienes hablarnos
del saber profundo,
de miradas inertes
y otros falsos conjuros.”

“¿Para qué tanto lío,
para qué este negro humo,
ahora quieres cambiarlo todo
justo antes del crepúsculo?

“No hay otra forma,
es hora de deshacer el nudo,
de acabar con la maquinaciones
de este falso culto,
de deshacer las mentiras
que engordan el orgullo.
Es hora para dar el salto,
es hora para estar todos juntos
y mirar de lleno
muy adentro del muro.
Y nos daremos las manos
y seremos más justos,
y miraremos a la tierra
como si solo fuéramos uno.
Y el verde repoblará,
se acabará el ayuno,
estaremos todos saltando
sin ser unos reclusos.
Y las flores renacerán
al igual que los arbustos
y los pájaros volaran
dejando pequeños surcos.
Ya nada nos detendrá
en este nuevo impulso,
en este brote de aire fresco
que oxigenará el mundo.”

Poemas y emociones de cuarentena III

Gracias a WikiImages por la foto